El pasado 9 de junio, el cohete chino Zhuque-2E liberó en órbita terrestre baja dos satélites sin ningún tipo de incidencia. Con esto, la etapa superior del cohete ya había finalizado su misión. China no reutiliza los cohetes, como hace SpaceX, por ejemplo. Sin embargo, como cualquier otra compañía espacial, da igual si es privada o pública, tiene la obligación de intentar que sus cohetes desechados no supongan un riesgo para su vecindario espacial o para la misma Tierra.
Desgraciadamente, el país asiático no es muy eficiente evitando que esto ocurra. Por eso, no es del todo sorprendente que la etapa superior de Zhuque-2E acabase explotando, expulsando violentamente más de 100 piezas a una peligrosa distancia de la Estación Internacional Espacial y buena parte de los satélites de Starlink.
Por los pelos. Una Fuerza Espacial de Estados Unidos dedicada a inspeccionar el espacio en busca de posibles actividades peligrosas fue la que dio la voz de alarma sobre este suceso. No se dieron muchos detalles, más allá de que el responsable de la explosión había sido el cohete Zhuque-2E, con una etapa superior de 8 metros de longitud y 3,35 metros de diámetro. Sin embargo, Darren McKnight, investigador técnico senior de la empresa de inteligencia orbital LeoLabs, sí que se aventuró a calcular en declaraciones a Ars Technica que, posiblemente, la explosión habría liberado entre 100 y 150 escombros en la órbita terrestre baja.
La parte más alta de la órbita en la que ha sucedido todo se cruza con la órbita de la Estación Espacial Internacional. Sin embargo, la resistencia atmosférica residual estaría empujando los escombros por debajo de ésta, de manera que no supondría un peligro para ella. No se puede decir lo mismo de los satélites Starlink, muchos de los cuáles sí que siguen bastante cerca de algunos de los fragmentos de la explosión. Por suerte, también a causa de la resistencia atmosférica residual, estos escombros seguirán bajando, de modo que en unos pocos meses deberían reentrar en la atmósfera terrestre y quemarse en fragmentos mucho más pequeños que ya no supondrían un riesgo.
Muchos temen a China. Los expertos llevan años alertando sobre el papel de China en la generación de basura espacial. Actualmente, Rusia y la antigua Unión Soviética lideran la lista de restos relacionados con el lanzamiento en órbitas de larga duración. Les siguen China y Estados Unidos. No obstante, mientras que Rusia y Estados Unidos están disminuyendo estas cifras cada vez más, la cantidad de este tipo de fragmentos asociados a la carrera espacial china ha aumentado en un 150% en los últimos 5 años.
3 de 4 eventos peligrosos. Un buen ejemplo del riesgo que supone China en este aspecto es que es responsable de 3 de los 4 mayores eventos de liberación explosiva de escombros en la órbita terrestre baja durante el siglo XXI. El primero de ellos tuvo lugar en 2007, con Fengyun-1C.
Se trataba de una prueba antisatélite, por lo que se usó un vehículo de destrucción cinética para impactar deliberadamente sobre un satélite chino de observación meteorológica. Se liberaron 3.500 escombros. Por otro lado, en 2022 y 2024 hubo explosiones en la etapa superior de un cohete Long March 6A. Fue algo parecido a lo que ha ocurrido ahora, aunque se formaron más fragmentos. 500 en 2022 y entre 700 y 900 en 2024.
El único caso que no es chino. El cuarto de estos eventos peligrosos fue otro ensayo antisatélite, pero esta vez llevado a cabo por Rusia. Así fue como el satélite Cosmos 1408 fue destruido, con la liberación posterior de 1.800 fragmentos.
La basura espacial es un problema cada vez más serio
Las soluciones. Todas las empresas que liberen vehículos inactivos en la órbita terrestre baja o en órbita geoestacionaria deberían hacer lo posible para que no se conviertan en fragmentos peligrosos. Por un lado, se puede intentar realizar una desorbitación controlada para que los objetos vuelvan a la Tierra, sin perder el control sobre ellos. También se puede realizar una pasivación, en la que los tanques se vacían de combustible para evitar que se produzcan explosiones por presurización. Posiblemente, lo que ha pasado en China se deba a que ha quedado algo de combustible residual.
También se pueden enviar los cohetes o satélites de órbita geoestacionaria a una órbita cementerio. Esta es una órbita más alta, lejos de cualquier órbita operativa en la que haya satélites, naves o instalaciones de cualquier tipo que estén en funcionamiento y puedan sufrir un impacto. Finalmente, si el objeto en cuestión está en una órbita muy baja, se puede controlar hasta que se desorbite naturalmente. Todo esto podría hacerlo China, pero no parece estar invirtiendo lo suficiente en optimizar los resultados.
Cuidado con el efecto dominó. Este tipo de sucesos podrían ser peligrosos si se produce algo conocido como síndrome de Kessler. Es un fenómeno que comienza cuando un fragmento de basura espacial choca con otro o con un objeto activo, como un satélite, rompiéndolo y generando más fragmentos que a su vez siguen chocando. Sería una especie de efecto dominó que podría causar graves daños a toda la infraestructura espacial que hemos ido desplegando poco a poco.
Por todo esto, lo sucedido con este último cohete chino es una llamada de atención a lo que podría pasar en un futuro. No es un caso grave, en comparación con otros, pero sigue sucediendo. Si este país no toma medidas, las consecuencias serán cada vez más peligrosas.
Imagen | 中国新闻社 | NASA
-
La noticia
China es responsable de 3 de los 4 peores episodios de basura espacial del siglo XXI y un último suceso demuestra que no mejora
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Azucena Martín
.
completa toda los campos para contáctarnos