China acaba de convertir Hainan en una isla con reglas propias: impuestos más bajos, compras sin arancel y la idea de que quien entre ahí pueda, con suerte, tocar el mercado más grande del mundo. Playas, resorts y un duty free del tamaño de un aeropuerto.
Y en esa puerta han aparecido nada menos que Carmona, Joan Gaspart y Zapatero.
Qué ha ocurrido. Desde el 18 de diciembre de 2025, Hainan funciona como si fuera un país dentro del país. Lo que llega del exterior entra mucho más barato. Lo que quiere saltar al resto de China, no: o se queda en la isla, o se transforma ahí.
El gobierno chino lo ha comparado con Hong Kong, Singapur o Dubái. La pregunta de fondo es la de siempre: ¿cuánto se puede abrir sin perder el control?
El contexto. El precedente se llama Shenzhen. Hace cuatro décadas, Shenzhen era un pueblo fronterizo. Hoy sale de ahí ahí buena parte del hardware de todo el mundo. Pero Hainan no aspira a ser otra fábrica de móviles, sino a otra cosa: a que el dinero extranjero entre, que el turismo chino no se escape a Tailandia o a Europa, y que las reglas nuevas se prueben en un recinto del tamaño de Bélgica.
Como un sandbox. Solo que mide 35.000 kilómetros cuadrados y está lleno de palmeras. El Foro de Boao, el Davos asiático, se celebra en esa misma isla. En 2025 Zapatero volvió a ser cara habitual.
En cifras. En cinco meses y medio, las importaciones sin arancel se han más que duplicado, hasta unos 2.650 millones de yuanes (unos 339 millones de euros). El duty free de la isla mueve ya más de 20.000 millones. A las empresas de los sectores que China quiere atraer les cobra un 15% de sociedades, no el 25% del continente.
Son datos oficiales de arranque que en cualquier caso no demuestran que Hainan vaya a ser Shenzhen. "Solo" demuestran que el grifo se ha abierto y que ya corre dinero por él.
El rastro del dinero. Quien ha llegado primero no es un ministerio como cabría esperar, sino una red.
En El Mundo, Carmona habla de 32 empresas y de que lo que más piden es turismo.
Sí, pero. Entrar en Hainan no es entrar en Shanghái. La mercancía que quiere el mercado continental sigue topándose con otra aduana. La oficina vende un atajo, pero las reglas siguen decidiendo. Y el relato de "España, primer país" es de la asociación, pero no un acto de Estado. Las implicaciones llegan hasta donde llegan.
China gana de todas formas, porque muestra (y presume de) apertura mientras la inversión extranjera lleva años escamada. Y si el ensayo falla, falla en una isla.
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La noticia
China está convirtiendo a Hainan en un laboratorio económico. Y hay españoles en la puerta
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Lacort
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