China lidera la producción mundial de baterías de litio. Si nos ceñimos a los coches eléctricos este país asiático fabrica el 80% de las baterías que utilizan estos vehículos. CATL y BYD son los mayores fabricantes de baterías de litio del planeta con una cuota de mercado en febrero de 2026 del 42,1% y el 13,4% respectivamente, según la consultora SNE Research. Su posición de liderazgo es el resultado de varios factores. Por un lado China es el mayor productor del mundo de litio y tierras raras, que son las principales materias primas empleadas en la fabricación de las baterías.
Además, controla el procesado de estos materiales y es capaz de producir baterías a gran escala y con un precio muy competitivo. No obstante, en esta receta hay un ingrediente más que no podemos pasar por alto: BYD y CATL lideran la industria de las baterías global gracias a su capacidad de innovación y adaptación. Ambas compañías lo demostraron apostando antes que sus competidores por las baterías de fosfato de hierro y litio (conocidas como LFP por su denominación en inglés). Sin embargo, tienen un punto débil: dependen profundamente de los combustibles fósiles.
Los fabricantes chinos de baterías, y especialmente CATL y BYD, se enfrentan a una encrucijada: sus plantas dependen del gas natural para llevar a buen puerto los procesos térmicos, lo que las hace vulnerables a la inestabilidad geopolítica, como la desencadenada por la guerra de Irán. En la producción de una batería están implicados varios procesos térmicos que requieren sostener una temperatura constante y alta. Uno de ellos es el recubrimiento de los electrodos con una mezcla líquida de materiales activos. Y otro conlleva la evaporación de los solventes dentro de unos hornos gigantescos.
Las fábricas de baterías han sido diseñadas alrededor de sistemas de tuberías y calderas de gas
Esta última fase consume una enorme cantidad de energía térmica, y actualmente las calderas de gas constituyen la forma más eficiente y económica de producir el vapor y el calor que son necesarios para que estos túneles de secado cumplan su función. CATL ha incrementado el uso de energía eólica y solar drásticamente, pero el problema con el que ha tropezado es que la electricidad aún no ha conseguido reemplazar con eficacia al gas natural en los procesos en los que está implicada la producción de calor a gran escala.
Y es que este gas entrega una cantidad de calor que es difícil igualar utilizando resistencias eléctricas a escala industrial. Además, las fábricas actuales han sido diseñadas alrededor de sistemas de tuberías y calderas de gas, de modo que cambiar toda la infraestructura de producción a una alternativa que prescinda del gas natural y apueste por la electricidad requiere una enorme inversión que obligaría a los fabricantes a incrementar el precio de las baterías. En este escenario su competitividad se resentiría.
Como he mencionado unas líneas más arriba, la profunda dependencia que CATL y BYD tienen del gas natural las expone a la inestabilidad del mercado global de la energía. De hecho, el incremento del precio del gas como consecuencia de la guerra de Irán está teniendo un impacto directo en el coste de producción del kWh. CATL ya está trabajando en una solución a este problema. Actualmente parece que la mejor alternativa a las calderas de gas es el secado mediante radiación infrarroja dirigida, aunque el gas continúa proporcionando hoy mucha más energía que todas las plantas renovables e hidroeléctricas juntas en el ecosistema de fabricación chino.
Imagen | BYD
Más información | Volt Insight
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La noticia
China ya acapara el 80% de las baterías para coches eléctricos, aunque tiene un gran problema: depende profundamente del gas natural
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Laura López
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