Ciencia en Chile: priorizar áreas no es el problema, jerarquizar conocimientos, sí lo es

El debate sobre los cambios que el MINCIENCIA introdujo a las bases del Fondecyt Postdoctorado 2027 ha generado una rica reflexión en el ecosistema científico y universitario, sin embargo, la interpretación de la autoridad ha derivado hacia una visión reduccionista referida a la atribución de intereses económicos de las universidades. Esa lectura desplaza el foco: no se trata de cómo se reparten los recursos entre instituciones, sino con qué criterios el país define qué conocimiento merece producirse.

Las bases aludidas no excluyen formalmente a las Humanidades, Artes y Ciencias Sociales (HACS), pero las ponen en un lugar secundario: hasta un 70% de las adjudicaciones podrá destinarse a diez áreas definidas como prioritarias, y el resto de las disciplinas competirá por el 30% restante. Se instala así una desventaja estructural fijada a priori.

Esta medida, primero, distorsiona un sistema que descansa en la excelencia, la autonomía científica y la evaluación de pares, al fijar de antemano una valoración dispar entre las áreas del conocimiento. El mecanismo lo agrava: los grupos de evaluación califican los proyectos según su calidad, pero es la ANID la que aplica sobre ese resultado el criterio de pertinencia temática, de modo que un proyecto mejor evaluado por sus pares puede quedar sin financiamiento por vía administrativa.

Segundo, promueve un desequilibrio en el tipo de conocimiento que se genera, en desmedro de las HACS y en beneficio de saberes instrumentales, lo que limita el pluralismo y la interdisciplina: al declarar algunos conocimientos prioritarios se relegan saberes que debieran reconocerse como equivalentes.

Tercero, minusvalorar a las HACS perjudica al sistema científico y al país, pues reduce las posibilidades de que surjan interrogantes que abran horizontes de sentido. ¿Qué espacio queda para el pensamiento crítico y para la reflexión sobre el futuro por construir, si los fines ya vienen dados y solo importa hallar los medios más eficientes? ¿Qué tipo de instituciones, comunidades y condiciones de bienestar individual y colectivo tendremos si no nos interrogamos sobre ellas?

Las transformaciones sociales y económicas requieren tanto capacidades técnicas como comprensión de sus dimensiones sociohistóricas, culturales, institucionales y éticas. El desarrollo tecnológico por sí mismo no da luces sobre su sentido ni sobre sus consecuencias en las personas: mientras mayor el avance, más necesaria es la reflexión que ilumine sus dimensiones sociales y humanas, eso es lo que está en juego.

Dado que la autoridad ha señalado que las áreas prioritarias son revisables, cabe plantear dos consideraciones. La primera es que la focalización se canalice por los instrumentos creados para ese fin —el país cuenta con FONDAP y FONDEF—, preservando en FONDECYT la lógica de investigación iniciada por los propios investigadores e investigadoras, que ha dado a este concurso su prestigio. La segunda es que, cuando deban definirse prioridades, estas se construyan con participación de la comunidad científica y se sometan a revisión con periodicidad conocida, y no por vía administrativa concurso a concurso.

En un momento en que la aceleración tecnológica alcanza niveles inéditos y las crisis ambientales y sociales se repiten con gran profundidad, relegar a un segundo plano el entendimiento reflexivo y la humanización de los procesos es un camino indeseado, por ello es tan importante expresar preocupación y promover un conocimiento que no pierda de vista la dignidad humana y el bien común.

*Juan Fernández Labbé, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad Católica Silva Henríquez.

Agosto 26, 2026 • 48 min atrás por: LaTercera.com 44 visitas 2416370

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