SEÑOR DIRECTOR:
Si el cierre de una librería -la Librería Francesa- no ha dejado indiferente a la opinión pública, y, por el contrario, ésta da cuenta de sentimientos de pérdida, tristeza, y nostalgia de tiempos pasados, es una muy buena señal.
Para muchos, los buenos libros y los lugares en donde se propicia la exploración intelectual, el debate, la concentración, la lectura y el traspaso a los más chicos del hambre por conocer -todos valores que están en la base de las acciones que empujaron a la humanidad hacia el desarrollo y bienestar del que hoy gozamos-, continúan siendo muy necesarios en medio del torbellino digital y su superficial y agobiante inmediatez, y con buena probabilidad -contrario a lo que muchos creen- serán la base del futuro desarrollo humano.
Juan Luis Hernández Viera
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