De niño se fascinaba con los buques, a tal punto que estando en el colegio, decidió ingresar a la Escuela Naval. Pero regresó al colegio. Y de ahí al mundo universitario, e hizo una exitosa carrera laboral en el banco Santander, donde llegó a ser presidente. De adulto se le dio la oportunidad de hacer el curso de Oficial de Reserva de la Armada. Imbuido del “ethos naval”, salió con la primera antigüedad y se quedó como instructor. Esta es la historia menos pública de Claudio Melandri, quien partió su vida en Recoleta. “Soy fruto de la meritocracia. Yo no vengo de los mejores colegios, ni tampoco de una familia acaudalada. Por el contrario, de inmigrantes de mucho esfuerzo”, dice.
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