La cinematografía contemporánea suele refugiarse en el artificio visual o en la violencia explícita para sacudir al espectador. Hace más de dos décadas, Clint Eastwood demostró en Mystic River que con un guion sólido se puede concebir una obra perfecta que revuelve el estómago sin necesidad d…
Artículo original publicado en SensaCine
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