SEÑOR DIRECTOR:
Codelco no está perdida, pero tampoco puede seguir funcionando como si su historia bastara para sostener su futuro. Durante décadas ha sido mucho más que una empresa minera. Ha financiado al Estado, ha empujado políticas públicas y ha encarnado la posibilidad de transformar riqueza natural en progreso para el país. Ese valor histórico, sin embargo, hoy exige adecuarla a las demandas de la minería actual y futura. Si administra patrimonio de todos, debe operar con estándares incluso más altos que una minera privada. Menos excusas, mayor productividad, más transparencia y disciplina financiera real.
Parte del problema está en una cultura que toleró demasiadas ineficiencias. Codelco debe mirar sin prejuicios algunas prácticas del mundo privado. Eliminar cargos repetidos, ordenar estructuras, medir bien el desempeño y tomar decisiones cuando hay bajo compromiso o bajo rendimiento sostenido. También necesita una relación laboral más adulta. Los sindicatos cumplen un rol legítimo, pero no pueden transformarse en un poder capaz de frenar cada decisión técnica. Si la empresa produce menos y se endeuda más, pierden todos. Trabajadores, Estado y país.
La salida no está en privatizarla como receta rápida ni en defenderla como si fuera intocable. El camino razonable es una Codelco estatal, pero moderna, capitalizada con condiciones, metas verificables y alianzas privadas cuando aporten tecnología, inversión o eficiencia. Chile debe permitirle invertir, pero también exigirle resultados. Aún tiene reservas potentes, talento, escala y legitimidad para levantarse. La empresa pública debe competir, y cuando se administra riqueza de todos, la conclusión es inevitable: la mediocridad no puede ser una opción.
Cristián Sánchez López
Director Ingeniería Civil en Minas U. Central
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