Para las primeras comunidades cristianas, influenciadas por la tradición judía de la que provenían muchos de sus miembros, el sábado seguía siendo el verdadero día de descanso. Fue el emperador Constantino I el Grande quien decretó que el llamado “día del Sol” debía ser observado como jornada de descanso civil obligatorio y, sin sospecharlo, acabó moldeando la organización del tiempo de buena parte de la humanidad
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