Cuando solo era un adolescente, JRR Tolkien ya era un apasionado de los lenguajes inventados. Tanto, que construyó el suyo propio, conocido como Naffarin, que fue evolucionando con el tiempo. Al ser un experto calígrafo convirtió las letras en símbolos e inventó distintas reglas gramaticales…
Artículo original publicado en SensaCine
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