Las llamadas spam llevan años en el punto de mira de la legislación, y el cerco no ha dejado de estrecharse: primero se prohibió hacer llamadas comerciales desde números móviles, después llegó la Ley de Servicios de Atención a la Clientela (SAC) y ahora está en camino el prefijo 400. Todo esto debería haber reducido el volumen de estas comunicaciones. Sobre el papel, lo hace, el problema es que las empresas pueden seguir llamándonos si previamente dimos nuestro consentimiento.
Que suene el teléfono, descolgar y que una voz robótica diga algo como "soy del departamento de recursos humanos, escríbeme por WhatsApp para una oferta" es demasiado habitual. En mi caso, suelo recibir alguna llamada de este estilo cada semana, a veces varias en un mismo día. Y eso que estoy apuntado a la Lista Robinson, tengo activos los filtros de spam del móvil y no suelo descolgar si el número es extraño. ¿Cesarán algún día?
Las condiciones de privacidad, que son obligatorias, implican el consentimiento previo para llamadas comerciales
A pesar de que son molestas, y de que la mayoría encajan en lo de "no deseadas", una buena parte de estas comunicaciones las hemos autorizado nosotros. Y es porque en los contratos, en los registros de cuenta y en los formularios de inscripción las empresas incluyen cláusulas que aceptamos, muchas veces sin ser conscientes, al dejar nuestros datos.
Según la Ley general de las telecomunicaciones vigente en España, existen dos flecos por los que las empresas pueden colarse para llamarnos sin que, en principio, lo deseemos:
Los dos supuestos tienen validez sobre el papel, pero en la práctica suelen utilizarse de forma abusiva. Y es un problema que la legislación aún no ha resuelto: si una empresa tenía nuestro consentimiento antes de la entrada en vigor de cada nueva fase, lo sigue conservando después, aunque ahora con caducidad.
El gran salto llegó con la Ley SAC, publicada en el BOE en febrero de 2026. Con ella, el Gobierno pone varios parches a las fugas que facilitaban las llamadas comerciales:
El siguiente movimiento es el prefijo 400, que a partir de octubre de 2026 obligará a todas las empresas a identificar sus llamadas comerciales con ese código. Si no lo usan, la llamada se bloqueará y la empresa se expone a sanciones.
Con tantas capas legales, cabría esperar un desierto de silencio. La realidad es otra. Un año después de la prohibición, las llamadas siguen llegando: según FACUA, 4 de cada 10 consumidores recibe aún más llamadas que antes. Las empresas encuentran vías de escape, desde desviar sus centralitas al extranjero hasta las falsas ofertas de trabajo que operan al margen de la ley.
Yo soy la prueba. Las llamadas de Infojobs, Indeed y varios operadores siguen siendo el pan de cada día, pese a la Lista Robinson y a los filtros. Y mientras las medidas se despliegan, siempre habrá quienes se salten la normativa y sigan llamando, incluso a través de aplicaciones como WhatsApp.
La conclusión, por ahora, es agridulce. El Gobierno ha ido reduciendo la brecha que habilitaba buena parte de las llamadas comerciales: nuestra propia aceptación. Poner caducidad al consentimiento y obligar al prefijo 400 son pasos en la buena dirección. Pero, hasta que ese cerco sea completo y efectivo, lo mejor sigue siendo bloquear directamente estas comunicaciones y, en la medida de lo posible, denunciarlas.
Imagen de portada | Iván Linares editada con ChatGPT
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La noticia
Creía que evitaba las llamadas Spam y resulta que las estaba favoreciendo. La nueva normativa no va a arreglarlo
fue publicada originalmente en
Xataka Móvil
por
Iván Linares
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