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Creíamos que bolsas y pajitas eran el culpable de la contaminación oceánica. Pero lo que llena el gran vertedero del Pacífico es muy diferente

Creíamos que bolsas y pajitas eran el culpable de la contaminación oceánica. Pero lo que llena el gran vertedero del Pacífico es muy diferente

La imagen popular de la contaminación oceánica lleva décadas construida alrededor de bolsas de supermercado, botellas, vasos de plástico y pajitas que abandonamos en tierra y terminan llegando al mar. A escala global esa imagen tiene bastante de cierto: los ríos y las zonas costeras siguen siendo grandes vías de entrada de plástico al océano. El problema es que cuando los investigadores fueron a buscar esos residuos a una de las mayores acumulaciones de basura marina del planeta encontraron una fotografía muy distinta. 

La trampa oceánica. La Gran Mancha de Basura del Pacífico no es la gigantesca isla sólida de plástico que su nombre invita a imaginar. En realidad, está formada por enormes cantidades de microplásticos mezclados con objetos mayores que se distribuyen por las aguas del Pacífico Norte, entre Norteamérica y Japón. 

Cuatro grandes corrientes forman allí el giro subtropical del Pacífico Norte, un sistema de circulación de unos 20 millones de km² que va empujando los residuos flotantes hacia regiones relativamente estables donde pueden permanecer atrapados durante años. Un objeto que entra en este circuito puede atravesar buena parte del océano mientras el sol lo fragmenta progresivamente, pero no lo hace desaparecer.

6.000 objetos. The Ocean Cleanup y científicos de la Universidad de Wageningen aprovecharon una expedición de 2019 para recoger más de 6.000 objetos de plástico duro mayores de cinco centímetros y someterlos a una especie de investigación forense. Buscaron logotipos, inscripciones, idiomas, símbolos, fechas de fabricación y cualquier pista que permitiera reconstruir qué era cada objeto y de dónde podía proceder. 

De 232 piezas cuyo país de origen pudo determinarse, el 33,6% procedía de Japón y el 32,3% de China, y después aparecían Corea del Sur con el 9,9%, Estados Unidos con el 6,5%, Taiwán con el 5,6% y Canadá con el 4,7%. Entre esos seis países concentraban más del 92% de los objetos a los que pudo asignarse un origen nacional, y compartían una característica importante: todos tienen una intensa actividad pesquera en el Pacífico Norte.

Beach Trash 30870156434 Restos de la Gran Mancha de Basura del Pacífico, arrastrados a la costa de Hawái

Cambia la foto. El estudio publicado en 2022 en Scientific Reports llegó a una conclusión mucho más contundente que la simple identificación de unas cuantas boyas. Combinando las muestras con modelos sobre el transporte de residuos, los investigadores estimaron que entre el 75% y el 86% de la masa de los plásticos flotantes de más de cinco centímetros acumulados en la Gran Mancha podía proceder de actividades pesqueras y acuícolas en alta mar. 

Las redes ya habían dado una pista enorme: un estudio anterior estimó que representaban cerca del 46% de la masa de plástico de la zona. Incluso objetos aparentemente minoritarios resultaban enormes cuando se pesaban: las boyas y flotadores suponían alrededor del 3% de las piezas analizadas, pero aproximadamente el 21% de su masa.

Currents Svg La Gran Mancha de Basura del Pacífico Norte en un mapa oceánico continuo

Qué hace tanta pesca ahí. La explicación no es simplemente que los pescadores produzcan más basura que millones de personas en tierra firme. El lugar donde se abandona el plástico importa y mucho. Los modelos utilizados por los investigadores mostraron que, dependiendo de las hipótesis sobre cuánto tiempo permanece flotando antes de quedar varado, un residuo procedente de actividades pesqueras puede tener más de diez veces más probabilidades de alcanzar el giro subtropical que uno introducido en el océano desde un río. 

Gran parte del plástico terrestre termina en playas, fondos marinos o regiones cercanas a las costas, y una red, una boya o una trampa perdida en alta mar parte con ventaja para incorporarse directamente a las corrientes que alimentan la gran acumulación del Pacífico.

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El problema de una red. Esos residuos tienen además una diferencia fundamental respecto a una botella o una pajita: fueron diseñados precisamente para capturar animales. Las redes, sedales, cabos, trampas y nasas abandonados forman el llamado ghost gear y pueden continuar atrapando fauna durante años después de haberse perdido. 

De hecho, una estimación basada en pescadores de siete grandes países calculó que alrededor del 2% de los aparejos utilizados globalmente termina cada año en el océano. Traducido a la escala de la industria, supone unos 3.000 km² de redes de enmalle, 740.000 kilómetros de líneas principales de palangre y 25 millones de nasas y trampas. WWF ha llegado a describir estos aparejos como la forma más letal de contaminación plástica marina, porque los animales atrapados pueden morir ahogados, asfixiados o de hambre.

Una playa para ver dónde termina todo. Las consecuencias aparecen en lugares donde prácticamente no vive nadie. En una expedición por Papahānaumokuākea, el enorme monumento marino de las islas noroccidentales de Hawái, un equipo retiró en apenas 24 días más de 94.000 libras, unas 43 toneladas, de residuos de solo 25 km de costa

Cerca de 36 toneladas eran redes fantasma y otros aparejos, y el primer día encontraron una foca monje hawaiana de cuatro años con una red fuertemente enrollada alrededor del cuello. Desde 1996 se han retirado de este remoto espacio protegido más de 900 toneladas de basura marina, transportada hasta allí por las mismas corrientes que concentran los residuos del Pacífico Norte.

Dos problemas distintos. Qué duda cabe, la conclusión más tentadora sería afirmar que llevamos décadas culpando injustamente al plástico doméstico, pero los propios investigadores advierten de que eso sería incorrecto. A escala planetaria, enormes cantidades de residuos terrestres siguen entrando en los océanos y los ríos continúan siendo una vía fundamental, y la Gran Mancha representa solo una fracción del plástico liberado al medio marino. 

Lo que cambia es la respuesta cuando preguntamos qué consigue viajar hasta el corazón del Pacífico y permanecer flotando allí. En uno de los lugares que se convirtió en símbolo mundial de nuestra dependencia de bolsas, botellas y pajitas, los científicos siguieron las pistas impresas sobre miles de pedazos de plástico... y acabaron encontrando algo diferente: las huellas de las grandes flotas pesqueras industriales.

Imagen | SC, Justin Dolske

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La noticia Creíamos que bolsas y pajitas eran el culpable de la contaminación oceánica. Pero lo que llena el gran vertedero del Pacífico es muy diferente fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .

Agosto 26, 2026 • 39 min atrás por: Xataka.com 25 visitas 2416688

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