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Cuando la Iglesia habla más claro que la izquierda

El Ciudadano

Sobre la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV

Por Daniel Jadue

El 25 de mayo de 2026, el Papa León XIV presentó personalmente su primera encíclica ante el mundo. Se llama Magnifica Humanitas, tiene 235 páginas y está dedicada íntegramente a la inteligencia artificial. El documento fue firmado el 15 de mayo, el mismo día en que hace 135 años León XIII publicó la Rerum Novarum, la encíclica que por primera vez puso la doctrina social de la Iglesia del lado de los trabajadores frente al capitalismo industrial. La fecha, por supuesto, es también una declaración de intenciones.

Y la primera pregunta que surge, al menos para un marxista que se precie de tal, es sumamente incómoda: ¿por qué el análisis más radical del capitalismo tecnológico disponible hoy en cualquier idioma lo acaba de escribir el obispo de Roma, y no la izquierda latinoamericana?

La pregunta merece intentar una respuesta honesta antes de analizar el documento.

I. Lo que la encíclica realmente dice

Magnifica Humanitas es un análisis político-económico del capitalismo tecnológico en su forma actual, escrito con la claridad de alguien que leyó la historia del colonialismo y la tiene presente. León XIV, primer papa estadounidense de la historia y, no casualmente, licenciado en matemáticas, sabe de lo que habla.

El diagnóstico central es que la inteligencia artificial no es una herramienta neutral. Lleva impregnados los sesgos, los intereses comerciales y los valores de quienes la programan y financian. Eso no es una opinión de izquierda: es una descripción materialmente precisa de cómo se produce la tecnología. Los algoritmos no caen del cielo; los escriben ingenieros que trabajan para corporaciones con accionistas, y esos accionistas tienen intereses que no coinciden necesariamente con los de la humanidad en general y mucho menos con los de la clase trabajadora.

Pero lo que hace a Magnifica Humanitas un documento políticamente extraordinario son sus conclusiones específicas. El Papa exige un tratado internacional que prohíba los Sistemas de Armas Autónomas Letales: máquinas que deciden a quién matar sin intervención humana. “Ningún algoritmo puede hacer que la guerra sea moralmente aceptable”, escribe, y el ‘ningún’ es una prohibición absoluta, proveniente del máximo exponente de lo que algunos llaman la cultura occidental, que ninguno de los gobiernos del G7 está dispuesto a formular.

Denuncia lo que llama el colonialismo de datos: el modelo mediante el cual los países en desarrollo aportan mano de obra barata para entrenar y moderar contenido en las plataformas de IA, mientras los beneficios y el control se concentran en los monopolios del Norte Global. Propone que las patentes de IA con alto impacto social, en medicina, en educación, en alimentación, sean tratadas como patrimonio de la humanidad, con acceso universal garantizado. Y advierte que la automatización no puede ser una excusa para desechar trabajadores: “el derecho al trabajo con sentido” no es negociable.

Es, en suma, el documento que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo lleva años intentando producir sin éxito, y que ningún gobierno de los países que controlan la IA ha querido firmar.

II. El paralelo que la Iglesia no teme establecer

La elección del nombre León XIV no fue casual, como el propio pontífice explicó a los cardenales que lo eligieron: “Elegí el nombre de León principalmente porque el Papa León XIII, en su histórica encíclica Rerum Novarum, abordó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial.” La analogía que el Papa establece merece tomarse en serio, pero también analizarse con cuidado.

La Rerum Novarum de 1891 fue el primer documento de alcance global que reconoció que la cuestión obrera no era un problema de orden público sino una cuestión de justicia. Leo XIII no era marxista ni socialista: rechazaba la lucha de clases y defendía la propiedad privada. Pero reconoció que el capitalismo industrial estaba produciendo condiciones de explotación que la doctrina moral no podía ignorar. La Rerum Novarum fue, en términos gramscianos, un instrumento de estabilización del capitalismo en crisis: ofrecía concesiones al trabajo para evitar que el socialismo se convirtiera en la única respuesta disponible.

León XIV hace el mismo movimiento un siglo y medio después. Magnifica Humanitas no impugna la propiedad privada de los medios de producción tecnológicos. No pregunta quién debe ser dueño de los datos que las inteligencias artificiales producen ni de las infraestructuras que las sostienen. No propone la socialización de las plataformas. Se queda en la regulación, en la ‘algor-ética’, en los principios de transparencia y equidad que deben guiar el desarrollo tecnológico. Es, también en este caso, una propuesta de capitalismo regulado, no de superación del capitalismo.

Nombrar ese límite no es disminuir el documento. Es entenderlo en su justo alcance.

III. La pregunta que el documento no responde

La encíclica propone que los algoritmos se diseñen bajo criterios de transparencia, inclusión, responsabilidad y equidad. Es una demanda razonable y necesaria. Pero la pregunta que esa demanda no responde es la más importante: ¿quién tiene el poder de imponerla?

OpenAI, Google DeepMind, Meta AI y Anthropic controlan colectivamente más del 80% de la infraestructura de inteligencia artificial generativa disponible en el mundo. Sus valuaciones combinadas superan los cuatro billones de dólares. Sus fundadores y accionistas principales son exactamente la misma constelación que opera como el ala tecnológica del proyecto neorreaccionario: Peter Thiel, Marc Andreessen, Elon Musk y sus redes. Cuando el Papa les pide que adopten principios de ‘algor-ética’, está pidiéndole a la misma fracción del capital que decidió que la democracia y la libertad son incompatibles que voluntariamente limite su poder.

La historia del capitalismo, desde la Rerum Novarum hasta el Acuerdo de París, enseña que las corporaciones no limitan voluntariamente su poder. Lo hacen cuando el costo de no hacerlo supera el costo de la regulación, y ese cálculo lo determinan las relaciones de fuerza políticas, no los principios morales. La Laudato Si’ de Francisco en 2015 fue, como se espera que sea Magnifica Humanitas, un documento de alcance comparable a la Rerum Novarum. Sus principios sobre la ecología integral son impecables. Las emisiones de CO² siguieron subiendo año tras año.

La distancia entre el diagnóstico moral correcto y la transformación estructural efectiva no se recorre con principios éticos. Se recorre con poder organizado.

IV. Por qué esto importa para la izquierda latinoamericana

Vuelvo a la pregunta inicial: ¿por qué el análisis más radical del capitalismo tecnológico lo acaba de escribir el Papa?

Una parte de la respuesta es coyuntural. León XIV es un pontífice poco convencional: el primer estadounidense en la historia del papado, formado en matemáticas, que ha multiplicado las advertencias sobre la IA desde el mismo día de su elección y que la revista Time incluyó en su lista de las personas más influyentes en inteligencia artificial de 2025. No es un papa de transición; es un papa con un proyecto intelectual propio.

Pero la otra parte de la respuesta es más incómoda: la izquierda latinoamericana no ha producido un análisis comparable del capitalismo tecnológico porque ha estado demasiado ocupada administrando sus consecuencias dentro de los marcos institucionales que ese capitalismo diseñó. Hemos debatido cómo regular las plataformas digitales en los márgenes, cómo proteger los datos personales dentro del derecho comercial existente, cómo garantizar el ‘acceso digital’ como si el problema fuera la conectividad y no la propiedad. No hemos preguntado quién debe ser dueño de los datos que los trabajadores latinoamericanos generan cada día con sus búsquedas, sus compras, sus conversaciones y su trabajo en las plataformas que el Norte Global construyó para extraerlos.

En Chile, el gobierno de Kast firma la invariabilidad tributaria por 25 años para atraer inversión tecnológica mientras desregula el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental para acelerar la extracción del litio que las baterías de IA necesitan. Es el colonialismo de datos que León XIV denuncia, aplicado al territorio y a los minerales: Chile aporta la materia prima, el Norte Global retiene el valor. Y lo más notable, lo impulsa, sin duda, el presidente más religioso y conservador de la historia de Chile.

V. Cómo usar este documento

La izquierda latinoamericana no necesita hacerse católica para usar Magnifica Humanitas. Lo que necesita es entender que la encíclica produce un recurso político de primer orden: el lenguaje de los derechos humanos universales y la autoridad moral de la institución religiosa más antigua de Occidente aplicados a una crítica del capitalismo tecnológico que el neoliberalismo latinoamericano no tiene cómo rebatir sin exponerse.

Cuando Kast o Milei intenten instalar servidores de datos en zonas francas sin regulación, cuando vendan el litio boliviano o chileno a las corporaciones que entrenan sus modelos con él, cuando justifiquen la automatización laboral como eficiencia sin provisión alternativa de ingresos, Magnifica Humanitas provee el marco moral para la crítica. No es un marco marxista. Pero en política, los aliados se eligen por lo que hacen, no por sus razones para hacerlo.

La tarea de la izquierda es ir más lejos que la encíclica. Donde el Papa pide algor-ética, nosotros debemos pedir propiedad colectiva de los datos. Donde el Papa pide transparencia algorítmica, nosotros debemos pedir control democrático de las plataformas. Donde el Papa pide derecho al trabajo con sentido, nosotros debemos pedir que la riqueza que la automatización produce sea distribuida entre quienes produjeron el conocimiento del que la máquina aprende. La encíclica fija el piso; nuestra obligación es construir el edificio.

León XIV firmó su encíclica el 15 de mayo, en el aniversario de la Rerum Novarum. Marx publicó el primer volumen de El Capital en 1867, veinticuatro años antes. Los dos leyeron la misma Revolución Industrial y llegaron a conclusiones distintas sobre qué había que hacer con ella. Nosotros leímos la misma historia. Sabemos cuál de las dos tradiciones llegó más lejos en la transformación de las relaciones de propiedad. La cuestión es si tenemos la honestidad de decirlo con claridad, y la organización para hacerlo con eficacia.

Daniel Jadue

Arquitecto, sociólogo y político chileno. Alcalde de Recoleta (2012–2024).

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Mayo 25, 2026 • 1 hora atrás por: ElCiudadano.cl 26 visitas 2131668

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