El tipo se dio media vuelta y les dijo algo al resto que no entendí. Después se me acercó y me abrazó. Un abrazo real, humano, sincero. Lloré por segunda vez en esa noche infinita. No de miedo, ni de furia, lloré de desconcierto, de alivio, de esa mezcla de ternura y culpa que te parte al medio cuando el enemigo te da un abrazo
completa toda los campos para contáctarnos