
Por Francisco Martorell, director de El Periodista
Hay una regla básica en la vida pública —y también en la privada— que suele pasar desapercibida: cuando alguien me enuncia algo y considero que es relevante, pregunto. Inquiero. Profundizo. Pido antecedentes. Si no lo hago, es porque no lo estimé importante o porque no entendí la magnitud del asunto.
La controversia entre el Presidente Gabriel Boric y el mandatario electo José Antonio Kast por el polémico cable submarino vinculado a China gira precisamente en torno a esa diferencia semántica que hoy se intenta instalar: ¿se “informó” o solo se “enunció”?
Kast ha señalado que el 18 de febrero recibió una llamada del Presidente, inicialmente para abordar temas de niñez, pero que en la conversación se tocaron otras materias: migración, la consulta en la Macrozona Sur y, finalmente, el cable submarino y la posición de Estados Unidos. Según su versión, el tema fue “esbozado”, apenas “enunciado”.
La pregunta es inevitable: si se trataba de una “situación compleja”, si involucraba la postura del gobierno de Estados Unidos y eventuales consecuencias geopolíticas, ¿por qué no preguntó más? ¿Por qué no pidió un informe formal? ¿Por qué no convocó de inmediato a sus equipos técnicos?
En política exterior —más aún en una crisis que derivó en sanciones a autoridades chilenas— no hay espacio para la ingenuidad ni para la indiferencia.
Lo ocurrido esta mañana en La Moneda no fue un simple desencuentro comunicacional. Fue un episodio que deja dudas sobre la estatura institucional del presidente electo.
Kast llegó acompañado de parte importante de su futuro gabinete —Hacienda, Cancillería, Justicia, Desarrollo Social y Transportes— lo que anticipaba una reunión extensa y sustantiva. Sin embargo, a los 23 minutos, el encuentro terminó abruptamente.
Según el Presidente Boric, el mandatario electo exigió que se retractara de sus dichos respecto de haberle informado previamente sobre el conflicto. Como esa retractación no ocurrió, decidió levantarse y cancelar las bilaterales posteriores. Incluso dio por «terminado» el traspaso de mando.
En términos políticos, la escena es preocupante.
Un presidente electo no está para exigir desmentidos como condición previa al diálogo. Está para resolver problemas de Estado. Si considera que la información fue insuficiente, la respuesta madura no es patear la mesa: es sentarse y pedir más antecedentes.
Aquí no estamos hablando de un matiz discursivo. Estamos hablando de geopolítica, de sanciones internacionales, de soberanía y de continuidad institucional.
El propio Boric relató que intentó comunicarse nuevamente cuando se conocieron las sanciones impuestas por Estados Unidos, sin éxito. Kast, por su parte, sostiene que lo que recibió fue apenas una mención superficial. ¿Por qué no respondió los llamados de La Moneda?
Pero volvemos al punto inicial: si el tema era serio —y claramente lo era— el deber de un futuro jefe de Estado es profundizar.
Cuando uno aspira a conducir el país, no puede alegar que algo tan delicado como la presión de una potencia extranjera fue solo “enunciado” y por eso no ameritó mayor atención.
La política no es un ejercicio de susceptibilidades personales. No es una disputa de egos. No es un juego de “me dijo” o “no me dijo”. No es poner una condición por delante de los temas país. Eso se ve desde el exterior y nos muestra divididos, vulnerables, alentando a otras naciones a utilizar estas fisuras y perjudicar a nuestro país. Hoy el mundo no es una taza de leche para darse gustitos personales.
La política exterior exige continuidad. Exige coordinación. Exige, sobre todo, responsabilidad.
La decisión de hacer fracasar una reunión en medio de una crisis diplomática, condicionando el diálogo a una retractación pública, no parece un gesto de fortaleza. Parece un gesto de fragilidad.
Y es legítimo preguntarse si estamos ante una estrategia comunicacional —marcar distancia del gobierno saliente y reforzar un relato ante su base— o ante una preocupante falta de comprensión de la gravedad del momento.
Chile enfrenta tensiones internacionales inéditas en las últimas décadas. El conflicto del cable submarino no es anecdótico: involucra relaciones con Estados Unidos, con China y con el equilibrio geopolítico global. No es una pataleta de EEUU, como afirmó el experto en políticas públicas del mundo digital, Iván Zilic.
En ese contexto, la madurez política no es opcional.
Si el presidente electo cree que fue mal informado, que lo demuestre con antecedentes. Si considera que hubo ocultamiento, que lo exponga con datos.
Pero levantarse de la mesa no resuelve nada.
Cuando a uno le enuncian algo relevante, se pregunta. Si no se pregunta, es porque no se entendió la magnitud del asunto. Y si no se entendió, eso es aún más inquietante.
Porque en pocos días más, quien hoy dice que solo le “enunciaron” una crisis internacional será el Presidente de la República.
La entrada Cuando se “enuncia” lo relevante, se pregunta: la inmadurez política de Kast ante una crisis de Estado se publicó primero en El Periodista.
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