Cumbre contra el “terrorismo” y otros apuntes del show

Estados Unidos intenta convencer al mundo de que su nueva campaña para criminalizar la izquierda no es un “sueño febril” ni una “conspiración fascista”. Y el secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió que “ya no se puede negar ni ignorar, porque es hora de erradicar este mal para siempre”, refiriéndose a grupos comunistas, antiimperialistas, antifascistas y anarquistas.

Mario Ernesto Almeida Bacallao. Periodista. “Granma”. La Habana. 17/7/2026. Después de varias semanas de ser anunciada, este 16 de julio se ha concretado en Washington la para nada impredecible Reunión Ministerial sobre el “resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda”, dizque amenaza transnacional, con el secretario de Estado, Marco Rubio, como estrella, literalmente hablando, del show.

El espacio ha servido para criminalizar a todo lo que huela a alternativa ante el MAGA way of life, tanto dentro como fuera del territorio estadounidense, y se presta para fortalecer los marcos de justificación de cara a las próximas acciones violentas que tenga a bien desatar la Casa Blanca. ¿Contra quién exactamente?

Para esta nueva secuela de una ya fatigosa y larga saga, no es menester siquiera leer entre líneas, pues Rubio ha resultado, cuanto menos, claro:

“La izquierda radical puede adoptar diversos lemas e ideologías, puede llamarse a sí misma anticapitalista, antimperialista, comunista, anarquista o marxista; pero su naturaleza fundamental es un resentimiento disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”, dijo e incluyó en su lista de peligros para la “libertad” -a saber, de quién- a las personas transgénero.

El señor secretario ha insistido en que “sabemos lo que debemos hacer, y ahora debemos hacerlo”, una frase que nos remite de forma expedita a la que su presidente empleara el pasado miércoles para defender a los gendarmes de ice, poco después de que asesinaran a otra persona en condición de migrante en el Estado de Maine: “Los hombres y mujeres del ice están haciendo un gran trabajo, uno que hay que hacer”.

La “prensa convencional, la academia y las instituciones tradicionales” fueron señaladas como una suerte de cómplices del “punto ciego” de la doctrina antiterrorista de Estados Unidos (EEUU). Rubio sabe de lo que se le acusará y decidió adelantarse: “la mera idea de que el ‘terrorismo de extrema izquierda’ podría ser una amenaza seria se trata como un sueño febril de la derecha, o peor, como una peligrosa conspiración fascista”, reconoció preocupado.

Para mayores esclarecimientos, se encargó de establecer directamente conexiones con los tiempos de la Guerra Fría y la política macartista: nada de lo que acabo de describir es nuevo, aseguró.

“Ya no se puede negar ni ignorar, porque es hora de erradicar este mal para siempre”, espetó a los representantes de más 60 países presentes en sala.

Además, recalcó que la primera responsabilidad de cualquier gobierno, sea cual sea su naturaleza, es la protección de su pueblo, la protección de su país. “Esta es una obligación sagrada que debe trascender todas las divisiones políticas e ideológicas”, explicó, como quien llama a incendiar un bosque para salvar la biodiversidad y, mientras dice “biodiversidad”, señala a las tres ratas, los dos asnos, el perro y la hiedra que tiene en su patio.

También se dignó a hablar el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Stephen Miller, quien añadió un poco más de lo mismo, con calificaciones como cáncer para la civilización y amenaza mortal.

Estas personas no son diez locos dando gritos en una plaza; están a la cabeza de la mayor potencia militar del mundo. Y, por si alguien aún alberga dudas, no están jugando. No han jugado nunca. Son los mismos, casi los mismos, del Plan Cóndor en Sudamérica y del Napalm en Vietnam, de las bombas nucleares en Japón y de la tierra arrasada en Medio Oriente, los que apoyaron -y un poco más- al Apartheid en el cono sur africano y los que apoyan -y un poco más- al sionismo en el Levante.

La previa

Unas 24 horas antes de que se desarrollara el encuentro de marras, el medio de prensa estadounidense CBS News filtró que, en las últimas semanas, desde el Pentágono han sido examinadas una serie de presuntas opciones para una posible acción militar contra Cuba.

Las fuentes, en condición de anonimato, incluyeron la posibilidad de un “asalto aéreo, liderado por el Ejército, que involucraría a miles de soldados estadounidenses de la 101 División Aerotransportada, la única unidad con entrenamiento para la tarea”, presumieron.

No obstante, apuntaron los funcionarios citados por la plataforma, estas sesiones informativas no son una evidencia concreta de que el presidente o el ministro de Guerra hayan decidido llevar a cabo una “operación”.

El lunes, el Departamento de Estado anunció el lanzamiento de una campaña de gran envergadura contra la Corte Penal Internacional, a la cual acusa de amenaza intolerable para la soberanía de Estados Unidos, negando la jurisdicción de esta para investigar y juzgar a sus militares y agentes de inteligencia. Esto supone tres pasos adelante en el camino, ya avanzado, de la impunidad de ese país.

Cuba se pronuncia contra la “cumbre” y el ruido

Durante la jornada del jueves, el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, significó que esta clase de informaciones, lanzadas desde altas instancias de eeuu a través de los medios de comunicación, no solo son parte de la guerra sicológica.

“Con esas supuestas filtraciones, el gobierno de Estados Unidos busca medir la opinión pública de sus ciudadanos, frente a una aventura militar que provocaría un baño de sangre y que carece de justificación creíble”, comentó el Canciller.

Además, ratificó que Cuba no significa una amenaza para la mayor potencia militar y nuclear del mundo, algo que, especificó, saben las agencias de inteligencia estadounidenses.

El diplomático criticó cómo los medios de prensa del país vecino se suman a la campaña de amenazas de agresión a la Isla y aseguró que “la fabricación de mendaces pretextos contra Cuba desde el sur de la Florida es el negocio perfecto de un grupo de políticos desacreditados y corruptos, que continúan lucrando con el sufrimiento del pueblo cubano”.

La víspera, Rodríguez Parrilla también se detuvo sobre la reunión ministerial anunciada desde Washington, a la que acusó de buscar reinstaurar la persecución y la represión política hacia quienes denuncian, disienten y luchan contra las medidas neoliberales, imperialistas, fascistas y de extrema derecha que promueve el Gobierno estadounidense.

“No importan los medios para lograrlo ni las víctimas ni el doble rasero. Solo basta una nueva mentira de quien tiene récord en crearlas, y una buena maquinaria propagandística que ya controlan”, finalizó.

¿Distraer la atención?

Más allá de incrementar el margen de impunidad del Gobierno de EEUU y criminalizar a movimientos de izquierda, existe otra posible motivación para desarrollar esta reunión ministerial, y es que la incursión militar en Irán, iniciada el pasado 22 de febrero, ni ha finalizado ni ha dado los frutos que el presidente esperaba.

Por el contrario, ha influido en una crisis mundial de hidrocarburos, que apenas comienza, mientras que las bases militares yanquis, que durante los últimos 30 años han velado por la “seguridad nacional” estadounidense en el Golfo Pérsico, han quedado en ruinas tras la respuesta iraní.

¿Acaso se precisa desviar la atención a otra parte? Quizá. The Washington Post acaba de asegurar que los resultados de su última encuesta no favorecen en lo absoluto al mandatario del país.

Los estadounidenses dan al presidente Donald Trump revisiones ampliamente negativas por su manejo de temas clave, explica el rotativo. Dicen -prosigue- que están tensos por el costo de la vida y son pesimistas de cara a resultados concretos de las negociaciones con Irán y sus implicaciones para el precio del combustible o el presunto desarrollo de la tan llevada y traída arma nuclear.

A su vez, CBS News ha señalado que la guerra con Irán ha expuesto algunas fricciones entre el presidente y Pete Hegseth, su secretario de Guerra, pues el magnate ha expresado tras bambalinas su frustración con el progreso de la llamada Operación Furia Épica, cuya intransigencia reaccionaria, de la mano de las presiones de Israel, ha desechado oportunidades para salir rápido y no tan mal parado del conflicto.

Mientras tanto, Hegseth propone estudiar el nivel de testosterona de los soldados estadounidenses mayores de 30 años, para ver, desde sus estándares, si siguen a la altura. ¿De qué? De todo este gran show, que no pocas veces se cansa de ser solo palabras y los envía a matar y a morir, contra un enemigo que casi siempre, al menos como ellos lo entienden, no existe.

 

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Julio 17, 2026 • 1 hora atrás por: ElSiglo.cl 34 visitas 2299630

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