La tortilla de patatas es casi con toda seguridad el plato más 'casero' del recetario español. De hecho, más que un 'plato' es un 'símbolo' de la cocina tradicional, de toda la vida. Y sí, es cierto: siempre ha estado disponible en bares, cafeterías y restaurantes; pero la reina de las tortillas era (orgullosamente) algo que se hacía en casa.
Pero ya no. Cuando uno se planta frente a la fábrica navarra de Elaborados Naturales (el fabricante de los 60 millones de tortillas que Mercadona vende cada año) es inevitable pensar que ese tren ya pasó. Como cuentan en DAP, el proceso industrial es fascinante (¡se fríe cada tortilla a una temperatura distinta!) y, a la vez, es una pieza clara de cómo la industria lo está apostando todo para conseguir que la visión de Juan Roig se haga realidad: que dejemos de cocinar.
Y la tortilla es el campo de batalla. Volveremos a la tortilla de Mercadona, pero no es el único actor en juego. La Martinuca nació justo después de la pandemia y, con el impulso de María Pombo, ha conseguido que sus tortillas premium a domicilio facturen más de siete millones de euros solo en 2025 - más del doble que el año anterior. Y eso solo con cuatro locales en Madrid y Barcelona.
Su objetivo es bastante claro: "elevar la tortilla española a un icono mundial, como hicieron los italianos con la pizza". Y es interesante la referencia porque, de facto, la tortilla está siguiendo un 'patrón' parecido al que siguió la pizza hace 20 ó 30 años: el sector crece en el producto industrial hipermasivo y en el premium (con un paso enorme del delivery).
¿Y por qué ahora y no hace 20 años? En primer lugar, por un tema técnico. Como explica nuestro compañero Miguel Ayuso, hablamos de las primeras tortillas frescas que llegaron a los lineales. "Hasta entonces solo había tortillas que se pasteurizaban dentro de su propio envase y la jugosidad se comprometía bastante", contaba Sergio Beni en DAP.
Desde que Palacios/Fuentetaja empezó a hacer crecer el mercado hace una década, hasta que Elaborados Naturales ha conseguido convertirse en el primer actor a nivel nacional, la revolución técnica, logística y de distribución ha sido enorme. Pero "poder hacerlo" ha sido solo parte del proceso.
La otra es que hemos dejado de cocinar. Lo estamos haciendo, de hecho. Según el informe "Conveniencia, el súper poder que lo cambia todo" que acaba de publicarse, el tiempo medio diario dedicado a cocinar ha caído a 24,5 minutos, el 41% de los consumidores come habitualmente con prisas y los platos listos para comer crecieron un 55% entre 2022 y 2025. Mercadona se lleva un tercio de ese pastel.
Lo que es interesante es que, por primera vez, los encuestados dicen que acuden a estos productos por precio. No está claro que sea cierto porque los precios son altos comparados con la comida preparada en casa; pero aunque fuera una simple racionalización, es interesante. No en vano la mayoría de españoles siguen diciendo que les gusta cocinar.
¿Pero no estábamos deseando dejar de cocinar? En DAP, Beni explicaba que "la gente ya no quiere cocinar en casa. Quiere cocinar por hobby, pero ese tiempo que utilizas para cocinar lo quieres para tus cosas, para jugar al pádel, para irte al gimnasio, para leer un libro, para estudiar o para hacer tu vida. No quieres gastar ese tiempo en cocinar. Antes nuestras madres estaban dos horas cocinando y ya no queremos eso, queremos gastar ese tiempo en otras cosas y productos que sean buenos y que estén buenos".
Sin embargo, aunque hay muchos datos que les van dando la razón, esto no deja de ser un relato empresarial.
"Cocinar" se está convirtiendo en "emplatar con cosas". Es verdad que el siglo XX ha sido un siglo en el que cada vez más fases de procesado alimentario se han sacado fuera de las cocinas domésticas. A día de hoy, nuestro país sólo el 28% de los españoles cocina a partir de alimentos frescos.
De hecho, si nos vamos a los datos, podemos ver que, los millenials comen un 30% más a menudo en restaurantes que cualquier otra generación; cuando cocinan, dedican menos tiempo (una hora menos a la semana que la generación X y bajando) y, cuando compran, se decantan más por comidas preparadas, pastas y dulces que el resto. Son datos estadounidenses, pero podemos encontrar un proceso similar en todos los países occidentales.
Es decir, el discurso de que las cocinas van a desaparecer es el framework del siguiente paso de integración entre la industria agroalimentaria y las cocinas domésticas. Un ideal regulativo, un escenario que ayude a normalizar lo que ya hacemos (pero sin sentirnos mal por ello). ¿Tendrán éxito? Nadie lo sabe, pero sí que está claro que lo van a intentar con fuerza.
La tortilla española es el mejor ejemplo.
Imagen | Instagram / Miguel Ayuso
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La noticia
De María Pombo al Mercadona: hay un montón de gente que quiere convertir la tortilla de patatas en la "nueva pizza"
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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