El 8 de agosto de 2003, la policía de Raymond, Washington, detuvo a Shelly Knotek y a su marido, David, por una serie de asesinatos perpetrados a la largo de una década. Nunca los habrían descubierto si sus tres hijas, ya adultas, no se hubiesen atrevido a delatarlos. También contaron las torturas y maltratos a los que fueron sometidas durante su infancia
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