El Ciudadano
En el marco del Día Internacional de la Mujer Indígena, que se conmemora cada 5 de septiembre en homenaje a Bartolina Sisa —mujer aymara asesinada en 1782 por luchar contra la opresión colonial—, la contadora mapuche Isabel Cañet Caniulen, originaria del Lof Maiten en la comuna de Freire, publicó un artículo en el que advierte que el Presupuesto 2027 contempla la descontinuación del programa Küme Mognen Pu Zomo – Calidad de Vida y Autocuidado, el único programa de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) dirigido específicamente a mujeres indígenas rurales.
Cañet Caniulen señala que «el presupuesto del Estado no es solamente una planilla de ingresos y gastos. Aquello que el Estado decide financiar también determina, en la práctica, qué derechos y oportunidades tienen posibilidades reales de existir». La autora cuestiona que, «paradójicamente, mientras se conmemora el día de la mujer indígena, la ley de presupuestos avanza en su tramitación para quitar opciones a estas mismas mujeres». Advierte que «el mayor riesgo no sea solamente que desaparezca un programa. El mayor riesgo es que desaparezca sin que a nadie le importe, sin debate público».
La autora recuerda que, según el Censo 2024, en Chile el 11,5% de la población se considera perteneciente a algún pueblo originario (2.105.863 personas), de las cuales el 51,9% son mujeres. Sin embargo, pese a esta realidad, «en Temuco, capital de la región de la Araucanía, sigue siendo un ‘conflicto’ la presencia de la mujer mapuche en las calles céntricas», refiriéndose a las hortaliceras mapuche que «siguen peleando permanecer a vista de un Temuco que quiere lo indígena en su folclor, pero no acepta su reclamo por permanecer».
Ver a continuación el artículo completo:
El Día Internacional de la Mujer Indígena se instaura desde 1983, en homenaje a Bartolina Sisa, mujer Aymara que luchó contra la opresión colonial española y fue brutalmente asesinada en 1782. Su conmemoración busca visibilizar la lucha de las mujeres indígenas a lo largo de la historia y el aporte que han realizado a sus pueblos y a sus sociedades.
No ha sido una historia sencilla. Las mujeres indígenas han debido enfrentar la discriminación, el racismo y el patriarcado en sus distintas expresiones, tanto dentro como fuera de sus propios pueblos. Pese a todo han sido también protagonistas de procesos de transformación, ocupando espacios de liderazgo, participando en la vida política y social de sus pueblos y levantando sus voces con una mirada de futuro, pensando en las generaciones que vienen.
Según el Censo 2024, en Chile el 11,5% de la población se considera perteneciente a algún pueblo originario (2.105.863 personas). De ellas el 51,9% son mujeres (1.092.943 personas). Dentro del total de población indígena, sigue siendo el pueblo Mapuche quien tiene mayor tasa poblacional, alcanzando el 77,2% (1.023.073 personas), con mayor presencia en la región de la Araucanía, donde una de cada tres personas se identifica con un pueblo originario.
Pese a lo anterior, en Temuco, capital de la región de la Araucanía, sigue siendo un “conflicto” la presencia de la mujer mapuche en las calles céntricas, mujeres mapuche ligadas a la comercialización de sus productos, base de la economía familiar campesina de ellas y de sus familias. Las hortaliceras mapuche, siguen peleando permanecer a vista de un Temuco que quiere lo indígena en su folclor, pero no acepta su reclamo por permanecer.
¿Qué dirían las Fresia, las Wakolda, las papay Quintremañ, las Herminia, las Zoila de los tiempos que vivimos hoy? Probablemente seguirían llamando a luchar por permanecer con dignidad, como lo hacen las hortaliceras mapuche.
Hoy, en Chile, esta fecha ya forma parte del calendario institucional. Se realizan encuentros, ceremonias, reconocimientos y actividades organizadas tanto por comunidades y organizaciones como organismos públicos. No hay nada negativo en ello. El problema aparece cuando una fecha que nació para recordar una historia de lucha termina reducida a una celebración, mientras las brechas que dieron origen a esa conmemoración siguen presentes y latentes.
El estado de Chile ha ido, lentamente, implementando medidas dirigidas a las mujeres indígenas. Sin embargo, todavía existe una enorme dificultad para saber cuánto de los recursos públicos llega efectivamente a ellas, qué programas las consideran como población objetivo y cuáles son las políticas que permiten abordar sus particulares condiciones de desigualdad (interseccionalidad).
Y aquí aparece una preocupación que debiera ser tomada con mucha seriedad: el Presupuesto del estado.
El presupuesto del Estado no es solamente una planilla de ingresos y gastos. Aquello que el Estado decide financiar también determina, en la práctica, qué derechos y oportunidades tienen posibilidades reales de existir.
A la fecha, el Presupuesto 2027 todavía no es ley. El proceso de formulación continúa y el proyecto deberá ingresar al Congreso dentro del calendario presupuestario. La propia DIPRES ha señalado que el proceso 2027 incorpora un nuevo marco de planificación fiscal de mediano plazo. Pero durante este proceso el Ministerio de Hacienda emitió orientaciones para revisar programas públicos, incluyendo recomendaciones de descontinuación y ajustes presupuestarios.
Y aquí aparece una señal que no podemos ignorar;
Entre los programas de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) aparece Küme Mognen Pu Zomo – Calidad de Vida y Autocuidado, un programa dirigido específicamente a mujeres indígenas rurales, con recomendación de descontinuar, es decir, una propuesta de poner fin al único programa de estas características.
Las mujeres indígenas que viven en comunidades rurales, que producen, emprenden, sostienen a sus familias, mantienen conocimientos tradicionales y desarrollan actividades económicas muchas veces en condiciones muy distintas a las de las mujeres urbanas.
No se trata de defender un programa puntual para que exista. Los programas públicos deben evaluarse, mejorar cuando corresponda y demostrar resultados. Pero una evaluación seria también debe preguntarse qué ocurre cuando un programa desaparece, quiénes son las personas afectadas y si existe otra política pública capaz de reemplazar efectivamente aquello que se elimina.
Las mujeres indígenas viven una realidad en la que se cruzan distintas formas de desigualdades históricas.
Ser mujer, vivir en un territorio rural, pertenecer a un pueblo indígena, tener dificultades de acceso a servicios, enfrentar barreras educacionales, económicas y, en muchos casos, sostener procesos de revitalización cultural y lingüística, no son situaciones independientes.
Por eso las políticas públicas tampoco pueden analizarse siempre por separado. Una política de género puede llegar a mujeres indígenas. Una política indígena puede llegar a mujeres. Pero eso no significa necesariamente que exista una política diseñada para responder a la intersección de ambas realidades.
La preocupación tampoco termina en CONADI. Existen otros programas públicos relacionados con mujeres rurales, autonomía económica, salud, educación, participación y derechos que alcanzan a mujeres indígenas.
Uno de ellos es el programa Mujeres Rurales INDAP–PRODEMU, que históricamente ha entregado formación, acompañamiento, capacitación e inversión a mujeres rurales, muchas de ellas indígenas. Durante 2026 se ha iniciado un proceso de transición de este programa hacia otros instrumentos de INDAP.
Nuevamente, la pregunta es ¿qué ocurrirá con las mujeres indígenas rurales que participan o podrían participar de estas políticas públicas?
No basta con decir que serán incorporadas a otros instrumentos. Es necesario saber si esos instrumentos consideran en su diseño la pertinencia cultural, cobertura territorial y capacidad real para responder a sus necesidades, estamos hablando de la calidad de las políticas públicas, que permitan abordar seriamente la disminución de brechas históricas.
Quizás el mayor riesgo no sea solamente que desaparezca un programa. El mayor riesgo es que desaparezca sin que a nadie le importe, sin debate público. Mientras, paradójicamente se conmemora el día de la mujer indígena, la ley de presupuestos avanza en su tramitación para quitar opciones a estas mismas mujeres.
Un programa de cientos de millones de pesos puede parecer pequeño dentro de un presupuesto nacional que se mide en billones. Pero para una mujer que vive en una comunidad rural, un subsidio para comprar maquinaria, herramientas o fortalecer su emprendimiento puede significar la diferencia entre mantener una actividad económica o abandonarla. Con lo que implica además como costo familiar, la migración forzada sigue presente, con ello el desarraigo territorial y cultural.
La pregunta no debería ser únicamente cuánto cuesta un programa, también debemos preguntarnos qué problema resuelve, a quién llega y qué ocurre cuando deja de existir.
Este 5 de septiembre no basta con lo simbólico
Este Día Internacional de la Mujer Indígena debiera servir también para hacer preguntas incómodas:
¿Estamos realmente avanzando en autonomía económica para las mujeres indígenas?
¿Estamos fortaleciendo su participación y liderazgo?
¿Cómo votan y qué defienden en el presupuesto los parlamentarios que elegimos en regiones con mayor concentración indígena?
Y, especialmente, ¿qué ocurrirá con aquellas políticas que hoy están siendo “evaluadas para cierre”?
No se trata de defender programas. Se trata de exigir que las decisiones sobre el gasto público sean transparentes, participativas y capaces de reconocer las desigualdades históricas y a la vez específicas que viven las mujeres indígenas en este país.
El Presupuesto 2027 todavía puede ser discutido, modificado y mejorado. Porque cuando una política pública desaparece, muchas veces no desaparecen solamente una línea presupuestaria o sus glosas, también son oportunidades y para quienes no las han tenido históricamente, hablamos de cuestiones significativas.
En este Día Internacional de la Mujer Indígena, quizás la mejor forma de conmemorar a Bartolina Sisa no sea solamente recordarla. Sea también preguntarnos qué estamos haciendo hoy para que las mujeres indígenas del presente puedan construir el futuro de sus pueblos con dignidad y derechos.
Y esa respuesta, inevitablemente, también se encuentra en el presupuesto del Estado, que también nos pertenece a todas.
Isabel Cañet Caniulen
Mujer mapuche originaria del Lof Maiten, comuna de Freire.
Contadora Publica y Auditora.
Diplomada en Conocimiento Mapuche y Derecho de Pueblos Originarios
Magister en Sistemas de Gestión Integral de la Calidad
Fuentes consultadas
Dirección de Presupuestos (DIPRES), Ministerio de Hacienda. Oficio Circular N.º 16, 21 de abril de 2026, documento utilizado en el proceso de formulación del Presupuesto 2027 y que contempla la evaluación de programas públicos, incluyendo recomendaciones de descontinuación, reformulación o ajustes presupuestarios.
Ministerio de Hacienda. Ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, precisa alcance de oficios en proceso de formulación del Presupuesto 2027, 24 de abril de 2026. El Ministerio precisa que las orientaciones contenidas en estos oficios son parte del proceso técnico de formulación presupuestaria y que las decisiones definitivas se adoptan posteriormente dentro del proceso de discusión del Presupuesto.
Naciones Unidas. Día Internacional de las Mujeres y Niñas Indígenas, 5 de septiembre. Antecedentes sobre la conmemoración, el liderazgo de las mujeres indígenas y las desigualdades estructurales que las afectan.
Naciones Unidas – ONU Mujeres. ONU Mujeres apoya el Día Internacional de la Mujer Indígena. Antecedentes históricos sobre el origen de la conmemoración del 5 de septiembre y su vinculación con la memoria de Bartolina Sisa.
Dirección de Presupuestos (DIPRES). Proceso de formulación del Presupuesto Fiscal 2027. Antecedentes oficiales sobre el proceso presupuestario 2027 y sus distintas etapas de elaboración y evaluación.
INE (instituto Nacional de estadísticas). Síntesis de resultados Censo 2024
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