En una industria dominada por la producción masiva y las tendencias fugaces, Kokoro eligió otro camino: prendas hechas en talleres propios, telas seleccionadas personalmente en Italia y Nueva York, y una estética que convirtió el color y la singularidad en su sello. A 10 años de la marca, sus fundadores reflexionan sobre oficio, creatividad y permanencia.
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