SEÑOR DIRECTOR:
Vale la pena hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué seguimos invitando a la naturaleza al final, cuando la mesa ya está servida?
En demasiadas decisiones sobre ciudades, proyectos e infraestructura, los ecosistemas aparecen tarde: cuando el diseño ya está cerrado, cuando el impacto ya ocurrió o cuando la discusión pública ya se volvió conflicto. Esa lógica nos hace perder tiempo, legitimidad y capacidad de anticipación.
La naturaleza también planifica, regula el agua, sostiene biodiversidad, amortigua eventos climáticos y mejora la vida cotidiana de las personas. Cuando se la considera desde el inicio, deja de ser un tema accesorio o de permisos y se convierte en una condición para diseñar mejor.
El desafío, entonces, es cambiar el punto de partida. Las mejores decisiones de desarrollo serán aquellas capaces de entender que una ciudad, un parque, una obra pública o una infraestructura funcionan mejor cuando incorporan desde el origen los sistemas naturales que las sostienen.
Diego Urrejola
Director ejecutivo de Fundación Cosmos
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