El hechizo de los eclipses nos acompaña desde hace milenios, de las referencias en petroglifos neolíticos hasta Tintín, pasando por la ‘Odisea’. Esta curiosidad ha venido acompañada de un hondo temor: que el día se convierta en noche se ha asociado a acontecimientos funestos. Recientemente los hemos pasado a contemplar como eventos naturales que no dejan de provocar uno de los sentimientos más profundos y más humanos: el asombro ante lo extraño, una emoción que viviremos el 12 de agosto con un eclipse solar que se verá en gran parte de España
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