Cuando la sonda japonesa Hayabusa2 dejó caer en el desierto australiano una pequeña cápsula en diciembre de 2020, los científicos sabían que los escasos gramos de polvo oscuro que contenía valían su peso en oro. Y no es para menos, puesto que eran pedazos intactos del asteroide Ryugu, una roca espacial que seis años después ha reforzado unas de las muchas teorías del origen de la vida: los bloques de construcción de la vida llegaron a la Tierra desde el espacio.
Un puzle genético. No es la primera vez que Ryugu nos da una alegría, puesto que ya en 2023 los análisis previos revelaron la presencia de uracilo, que es una de las 'letras' que forma el ARN humano, y también vitamina B3. Ahora se ha encontrado mucho más.
Un nuevo estudio publicado en Nature Astronomy ha confirmado el hallazgo del 'grial' de la química prebiótica. Concretamente, las muestras de Ryugu contenían las cinco nucleobases canónicas que forman nuestro material genético, tanto ADN como ARN. Hablamos de adenina, guanina, citosina, timina y uracilo. A partir de todas estas letras, aunque parezca demasiado simple, se forma tanto nuestro ADN como el de otras especies del ecosistema.
Cómo lo han hecho. Ha sido un equipo liderado por varias instituciones japonesas el que ha conseguido identificar la colección completa de componentes genéticos mediante técnicas de cromatografía y espectrometría de masas. Y es que, según el estudio, estas cinco nucleobases se encuentran sorprendentemente en proporciones equilibradas, algo que diferencia a Ryugu de otros cuerpos celestes estudiados hasta la fecha.
El código genético. Para entender la magnitud del hallazgo, hay que recordar cómo funciona nuestro código genético y trasladarnos a la época de instituto. Este se basa en dos tipos de moléculas que son las purinas (adenina y guanina) y las pirimidinas (citosina, timina y uracilo).
En meteoritos analizados previamente (como el famoso Murchison) o incluso en muestras del asteroide Bennu, las proporciones solían estar descompensadas, predominando unas sobre otras. Ryugu, en cambio, muestra un equilibrio que ha llevado a los investigadores a proponer un nuevo indicador molecular para entender cómo evolucionaron estas nucleobases de forma no biológica en el espacio profundo, basándose en la relación entre purinas, pirimidinas y amoníaco.
¿Contaminación? Es la idea que se nos puede venir a la mente, puesto que si analizamos un meteorito que ha caído en la Tierra, lo lógico podría ser que la roca se 'manchó al impactar y arrastrar parte de materia viva. Pero aquí es donde entra la magia de la misión Hayabusa2, que al recolectar la muestra directamente del asteroide en el vacío espacio y traerla en una cápsula sellada, la posibilidad de contaminación queda descartada.
Además, el equipo científico de JAMSTEC ha llevado a cabo pruebas exhaustivas con isómeros en condiciones hipercontroladas, confirmando que estas nucleobases tienen un origen inequívocamente extraterrestre.
Su importancia. Este descubrimiento no confirma que en el asteroide haya vida, sino que apunta a que el asteroide es una "cápsula del tiempo" rica en carbono que nos muestra el inventario químico de nuestro sistema solar primitivo.
Hace miles de millones de años, la Tierra era un lugar inhóspito y la teoría de la panspermia sugiere que asteroides carbonáceos como Ryugu actuaron como "taxis cósmicos", bombardeando nuestro joven planeta y depositando en él este abecedario molecular y dotándolo de los componentes desde los que surgió la vida posteriormente. Pero esta es una de las muchas teorías que hay encima de la mesa para conocer nuestro origen más primigenio.
Imágenes | NASA Hubble Space Telescope
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La noticia
El asteroide Ryugu tenía un secreto: acabamos de encontrar el "abecedario" completo del ADN en sus muestras
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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