A menos de una semana de un cambio de mando que iba a ser ejemplar - dos mandatarios en las antípodas ideológicas se traspasarían los báculos del poder republicano en armonía-, la situación se erosionó al punto de disolverse los consensos mínimos democráticos.
Una reunión de 15 minutos entre Gabriel Boric y José Antonio Kast, y sus equipos, fue suficiente para mostrar una putrefacción de la convivencia política que no puede ocultarse en una mascarada ceremonial republicana. Pese a las buenas intenciones y la historia desde el regreso a la democracia.
Pero -y en esto hay que ser justo- el fondo del asunto está en la inadecuada estrategia política, comunicacional e internacional del actual Gobierno respecto del cable transoceánico chino. Avisos tardíos, información contradictoria y opaca, una vocería que ha dejado de ser un puente para convertirse en una bravata de trinchera, y -para colmo-, la anulación del decreto de concesión exprés por errores de transcripción y técnicos, son el resultado de aquello.
En síntesis, una crisis que resume estos cuatro años: ausencia de rigor técnico, versiones cambiantes, plasticidad en la permisología para los afines al Gobierno, y un relato dicotómico que divide amigos de enemigos.
Más allá de si el quiebre entre Boric y Kast irrumpió por decisiones racionales o azar, éste ha sido aprovechado sin ingenuidad por los actores políticos para mover cartas con el fin de enfrentar el periodo político que se inicia con el cambio de mando. Una etapa que avisa incertidumbre, crispación y polarización.
Kast ha sido astuto, pues ahora puede marcar un antes y un después, entre lo viejo y lo nuevo. Después de todo, sin un traspaso adecuado de Gobierno -con complejas acusaciones por ocultamiento de información- no hay compromisos de continuidad posible.
Esto favorece la idea de que su Gobierno es “de emergencia y reconstrucción”. Algo que justifica la idea de convocar una fuerza de tarea administrativa para auditar todo el Gobierno saliente. “El presidente Boric intenta prácticamente traspasar este bote que se está hundiendo al presidente electo”, declaró la ministra vocera entrante, Mara Sedini.
De todo esto se desprende que Boric no midió que su salida intempestiva le regalaba un comodín a Kast para sacarlo a pizarra cada vez que lo requiera.
Sin embargo, Boric, puede aprovechar el antagonismo con Kast, buscando así convertirse en el líder natural de la oposición, a la espera de que en los próximos meses los errores del nuevo Gobierno le den leña para calentar a sus seguidores. Hacia esa dirección parece correr su autoproclamación como guaripola “anti- Kast”, y la profundización de lo que él cree es el perfil de un líder “auténtico”, aunque sus constantes “sincericidos” lo desdigan, como pasó en su actuación en el Caso Monsalve.
A su favor, Boric tiene la inercia Bachelet - Piñera / Piñera - Bachelet. Algo que puede convertirlo en el hombre a proteger y exaltar por el lado de la izquierda, cuando arrecie la ofensiva auditora de Kast. Esto, siempre y cuando, los más agudos de su sector en ese momento no opten por dejarlo caer. Algo que es plausible, pues el colérico mandatario es amigo de sus amigos, pero no de los partidos.
Un complejo escenario, a cuenta de los símbolos republicanos, que no brillarán el próximo 11 de marzo.
Por Cristóbal Osorio, profesor de Derecho Constitucional, Universidad de Chile.
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