El caos estratégico de Estados Unidos en Medio Oriente

El Ciudadano

Por Carlos Gutiérrez P.

Después de tres semanas de iniciada la guerra de agresión contra Irán, que estaba pensada para unos cuantos días, la realidad política, económica y militar nos dice que la coalición de IsraelEstados Unidos está en un verdadero caos estratégico, cada día balbuceando nuevas amenazas, medidas esquizofrénicas y, lo más trágico, sin avizorar un término relativamente cuerdo del conflicto, o lo que es lo mismo, aceptar una nueva realidad geopolítica en base a un diálogo diplomático.

La coalición israelí-estadounidense inició esta guerra de agresión con tres fallos fundamentales:

1. Sin claridad en el objetivo político. Nos encontramos con un objetivo público declarado consistente en acabar con el supuesto proyecto por parte de Irán de alcanzar capacidad nuclear militar y de su moderno sistema de misiles. Debemos recordar que, en la guerra de 12 días del año 2025, el presidente Trump declaró pomposamente que habían terminado con las capacidades nucleares en base a un bombardeo aéreo inédito en la historia. Por otra parte, está el objetivo político oculto, terminar con el régimen iraní, promoviendo un alzamiento social y cambiar a la elite política, alcanzando un gobierno favorable a la política israelí en la región, para lo cual incluso se promovió una esclerótica oposición exterior. Este objetivo paulatinamente se fue apoderando de la retórica y asumiendo un lugar central, ya que al parecer este era el objetivo fundamental.

2. Un inconsistente Plan de Guerra. Producto de lo anterior, es decir, de las directrices provenientes del mando político, se planificó una guerra esencialmente de descabezamiento de la elite política y militar, esperando con ello el derrumbe del régimen, un cambio de gobierno y un acuerdo de paz que reconfiguraría la región. Todo eso se lograría a través de asesinatos selectivos, usando el poder aéreo a distancia, junto con bombardeos de la población civil (ya está demostrado que el ataque al colegio de niñas no fue un accidente) y a las locaciones del sistema misilístico del cual se tenía información.

Claramente para cumplir ese objetivo el plan era inconsistente, ya que solo asesinando a través de un copamiento aéreo era inviable por sí mismo el cambio de régimen, sin tener un respaldo y presencia terrestre, el que demandaba un despliegue de tropas de infantería para una invasión a toda escala. Esa planificación no existía.

3. Una sobre extensión estratégica producto de un complejo narcisista de superioridad clásica del imperialismo-colonialista occidental, es lo que explica ese plan de guerra. Por supuesto, hay una falencia notable de la inteligencia estratégica, pero que no se funda solo en una falta de información (por el contrario, información del régimen tenían en sobre abundancia, que explica el éxito de los asesinatos selectivos de la elite), sino se haya en el clásico error de la comprensión cultural del otro (esencialmente despectiva) y la excesiva confianza en lo propio, en el supremacismo occidentalista (hoy día reforzado por la supuesta superioridad tecnológica).

El establishment estadounidense, y en particular la figura de Donald Trump, se dedica permanentemente a sobre valorar sus capacidades militares y su industria bélica, especialmente después de la “impecable operación” de fuerzas especiales en el secuestro del presidente de Venezuela (cuestión que claramente desde el punto de vista militar en algún momento se aclarará), proyectándolos al éxito político. Pensaron que la amenaza del uso de una fuerza devastadora cumpliría en sí mismo el objetivo político. Nunca han logrado comprender el factor cultural en la guerra, a pesar de sus catastróficas experiencias en Corea, Vietnam y recientemente en Afganistán. Su cultura estratégica siempre redunda en el uso privilegiado de la tecnología militar, y hoy están sorprendidos porque se enfrentan a un enemigo con una fuerte identidad cultural y un potente dominio tecnológico. Al decir del gran estratega militar vietnamita Vo Nguyen Giap, la correlación entre el hombre y el arma para el mundo capitalista se inclina siempre hacia el arma, mientras que para sociedades con una dimensión cultural densa el centro es el hombre, en que opera como factor fundamental el espíritu combativo. Otra forma de decirlo es lo que han declarado dirigentes iraníes cuando refuerzan el significante de ser un régimen con fuertes raíces civilizatorias, que no se agota en la individualidad de un dirigente, por importante que este sea.

Al decir del gran estratega militar vietnamita Vo Nguyen Giap, la correlación entre el hombre y el arma para el mundo capitalista se inclina siempre hacia el arma, mientras que para sociedades con una dimensión cultural densa el centro es el hombre, en que opera como factor fundamental el espíritu combativo.

En lo que va de la guerra, ya se pueden apreciar con mucha claridad donde se están produciendo los resultados críticos.

a) La economía regional y mundial.

Empiezan a estallar todos los indicadores y actores económicos mundiales, no solo por el bloqueo de hecho del estrecho de Ormuz, sensible al comercio de combustibles, fertilizantes, minerales y alimentos, sino los ataques mutuos de la coalición contra Irán y la respuesta de este a las petro monarquías, aliadas de la agresión, a su infraestructura crítica relacionada con la producción de petróleo y gas.

A nivel mundial el efecto principal está en el precio de los combustibles, con el petróleo subiendo sobre los US$ 100, con el impacto sobre todas las cadenas de producción y transporte, así como el gas y el GNL para Europa, que se encuentra saliendo del invierno con sus stocks en niveles críticos.

Para los países árabes de la región los efectos se amplían a su industria de fertilizantes, turística, comercial, deportiva, aeronáutica, que se estiman en cantidades estratosféricas, pero además con tiempos de recuperación bastante lentos, no solo por los daños materiales, sino también por la pérdida de confianza de inversores y de turistas. Un solo caso ejemplar es el ataque a la empresa de GNL ubicada en Ras Laffan en Qatar; se afirma que interrumpió el 17 % de su producción y que le costará 20.000 millones de dólares, además de cinco años en repararse.

En el caso de Irán, también visiblemente afectado en su infraestructura, sigue teniendo al menos la posibilidad de continuar exportando su recurso petrolero, hoy a precios más altos, y de negociar el tránsito por el estrecho. De hecho, se habla del cobro de tarifas (que aquí no operaban, a diferencia de otros pasos marítimos ineludibles), y de nuevos acuerdos con países que quieren asegurar su provisión (por ejemplo, la negociación con Japón).

Se espera que una de las zonas más afectadas sea Europa, debido al término de las relaciones comerciales de energía con Rusia, que la deja dependiendo del flujo estadounidense y de los países árabes a precios más altos. Como Unión Europea han comenzado a discutir opciones de medidas de amortiguación, pero sus posibilidades son muy limitadas.

Es evidente que la crisis en esta región pone en cuestión todo el funcionamiento de las cadenas de distribución mundiales, afectando en distintas dimensiones a todos los países del mundo. La Agencia Internacional de Energía señaló que se han dañado 40 instalaciones energéticas en nueve países de la región.

Es evidente que la crisis en esta región pone en cuestión todo el funcionamiento de las cadenas de distribución mundiales, afectando en distintas dimensiones a todos los países del mundo.

b) Relaciones político-diplomáticos.

La sorpresa en el campo militar ha repercutido en las relaciones de la coalición con sus socios estratégicos y habituales, especialmente la sección europea de la OTAN. Los que en primera instancia habían aceptado pasivamente la utilización de sus infraestructuras para los sistemas de armas de la agresión, paulatinamente se han ido problematizando. El primero de ellos fue España, seguidos por Francia y Reino Unido que declararon que su participación era solo de carácter defensivo. El punto cúlmine fue el rechazo generalizado a participar en la liberación del estrecho de Ormuz, una vez considerado el peligro real de cruzarlo sin la autorización de Irán. Al igual que su compromiso de enviar tropas a Ucrania, para el caso de Irán también ha sido una pantomima, producto de su incapacidad real de ser un factor importante en los conflictos, la situación desmejorada de sus fuerzas armadas, y por supuesto el temor a pérdidas relevantes que tendrían un efecto demoledor en sus respectivas sociedades. Pareciendo casi una broma, esperan aportar una vez terminada la fase cinética del conflicto. Posición parecida han declarado sus aliados japoneses y australianos.

Todo esto llevó a opiniones muy ofensivas del presidente Trump sobre sus aliados (los llamó cobardes y de ser un tigre de papel, esbozando incluso la idea de abandonar la OTAN), los que siguen respondiendo con evasivas y en tono chaplinesco. La opción que han tomado los europeos, de la cual no puede descartarse que tenga también connotaciones de una venganza por la disminución del apoyo estadounidense a la guerra en Ucrania, tendrá efectos sobre la presencia y el sostén militar de la Casa Blanca a la Europa mendicante.

Cada vez se desgarra más el capital de alianzas de Estados Unidos, que ya se ha visto afectado por aranceles, Groenlandia, amenazas a discreción y ninguneo político.

Sus relaciones con los aliados árabes regionales están aún más sensibles, atendiendo al hecho que están siendo los más afectados por la guerra, a pesar de que algunos de ellos habrían asumido una postura de evitar a toda costa el conflicto. Hoy no se sienten seguros, han perdido infraestructura relevante, así como enormes negocios, y tendrán costos de mediano plazo bastante altos. No son prioridad para Estados Unidos, y su enorme inversión en armamento provenientes de Washington ha sido un fracaso para su defensa.

El presidente Trump tuvo que suspender su tan esperada visita oficial a China (planificada para fines de marzo y primeros días de abril), lo que supone un importante golpe político-diplomático, ya que tenía en la agenda la discusión sobre varios temas acuciantes en materia de comercio, minerales críticos y tecnología, además de una enorme señal de debilidad ante su principal competidor estratégico.

c) La operación militar.

Los inesperados resultados de la operación militar en sí, solo se pueden comparar a la falta de previsión de los efectos económicos de la guerra. Al final de cuentas, lo que demuestra hasta ahora la dinámica de lo militar, es que Irán tiene un alto desarrollo tecnológico de su fuerza de misiles, drones y aviones no tripulados, así como un acumulado y una producción en línea bastante robusta. No se ven signos evidentes de un agotamiento crítico de su arsenal aéreo, el que está siendo usado muy hábil tácticamente, y que ha ido escalando en su aparición con sistemas cada vez más complejos. En cuanto a su arsenal marino también ha demostrado sus capacidades evidentes ante el bloqueo del estrecho de Ormuz, más allá de los detalles de la destrucción de la armada clásica de superficie. Una vez más la diferencia frente a una visión asimétrica de la guerra, la que no necesita un componente naval a semejanza de la estadounidense para conseguir los objetivos militares.

La indiscutible superioridad militar de la coalición ha logrado éxitos tácticos, pero no así hasta ahora el éxito estratégico. La mejor demostración es la continuidad de los ataques iraníes (que han subido en calidad) tanto a Israel, a sus socios árabes, como a las bases estadounidenses en la región. Pero, también es importante seguir el enfoque de la dirección militar de la coalición, que se remite continuamente a un listado de la cantidad de misiones de ataques realizadas cada día, un reflejo de atención solo en la batalla, sin la mirada sistémica del conflicto.

La indiscutible superioridad militar de la coalición ha logrado éxitos tácticos, pero no así hasta ahora el éxito estratégico. La mejor demostración es la continuidad de los ataques iraníes (que han subido en calidad) tanto a Israel, a sus socios árabes, como a las bases estadounidenses en la región.

Y las sorpresas para ellos no se han detenido, así fue como tuvieron que enfrentarse a un ataque con misiles a la isla Diego García, base británica que también ocupa Estados Unidos, distante en 4.000 kilómetros de territorio iraní. Demostración inequívoca del potencial militar que han alcanzado y de la disposición política de usarlo, lo que sigue removiendo el cuadro estratégico y calificando a Irán como una verdadera potencia regional.

Las pérdidas militares para la coalición son relevantes, más que en la cantidad en la calidad de estas. Se habla de tres a cinco aviones F-15, un F-18, dos tanqueros KC-135, y sorpresivamente un F-35 (el avión más moderno de su catálogo), 12 drones de ataque Reaper; cuatro radares del sistema AN/TPY; dos de las baterías del sistema de defensa antimisiles THAAD; un radar de alerta temprana AN/FPS-132 Block 5 (costo de 1.100 millones de dólares); la inutilización del portaviones USS Gerald Ford, que tuvo que ser trasladado a la isla de Creta; la retirada del portaviones USS Lincoln a más de 1.000 kilómetros de distancia de lugar crítico, producto de ataques de drones. Según el Centro de Estudios Estratégicos, Estados Unidos ha gastado 12.000 millones de dólares solo en municiones en los primeros seis días de guerra.

d) La crisis del arsenal vacío.

Así como Irán, en la medida que avanza el conflicto, va demostrando nuevas capacidades de su arsenal militar y de la producción de su industria respectiva, por el contrario, según muchos especialistas, a Estados Unidos e Israel se le están agotando sus arsenales y no han aparecido nuevas armas que escalen en cualidad. Es sabido que la industria militar estadounidense es poderosa, pero esta también necesita de incentivos, de asegurarle que su ciclo de producción no esté ligada exclusivamente al ciclo de crisis, y que de igual forma estas armas de alta tecnología tienen una importante demanda de materias primas raras y de tiempos largos de elaboración.

La mejor señal de esta crisis es la noticia de la solicitud que haría el gobierno por un monto extra de presupuesto de 200.000 millones de dólares para gastar en armamento que está demandando esta guerra (debemos recordar que Estados Unidos ha gastado en la guerra de Ucrania un monto de 183.000 millones de dólares en cuatro años).

Es una demostración palpable de la incapacidad del país para mantener activos más de un frente de guerra simultáneamente, ya que Ucrania le ha demandado material de guerra en forma permanente, que hoy se resiente la capacidad en Medio Oriente.

Esta guerra también ha demostrado las limitaciones cualitativas del arsenal militar y un cierto desprestigio de su industria respectiva, tanto de Estados Unidos como de Israel, especialmente en el sistema de defensa aérea ante los ataques de misiles iraníes. No hay respuesta a misiles hipersónicos, a ataques masivos de drones, a misiles con bombas de racimo, ni lanchas no tripuladas.

e) La crisis del MAGA.

Esta coyuntura le está trayendo a Donald Trump problemas internos que no había vivido en situaciones conflictivas anteriores, pues esta vez está tocando con fuerza a sus bases partidarias y especialmente las más ideologizadas. Personajes como el periodista Carlson, de gran influencia mediática, el reciente renunciado jefe de la Unidad de Contraterrorismo, Joe Kent, y miembros del Congreso, han salido públicamente a criticar su decisión de atacar a Irán, pero a su vez denunciando el papel que el lobby israelí ha jugado en todo esto. Ha tenido resistencias al interior de las fuerzas armadas; la directora de inteligencia nacional, Tulsi Gabbard ha reiterado que nunca tuvieron información de que Irán ponía en peligro la seguridad de la nación.

Esta coyuntura le está trayendo a Donald Trump problemas internos que no había vivido en situaciones conflictivas anteriores, pues esta vez está tocando con fuerza a sus bases partidarias y especialmente las más ideologizadas.

En entrevistas realizadas por el diario Huffington Post del 22 de marzo a soldados en servicio activo, reservistas y grupos de defensa de los derechos de los militares, revelaron que algunos soldados involucrados en la guerra manifiestan vulnerabilidad, estrés abrumador, frustración y desilusión, hasta el punto de considerar la posibilidad de abandonar las fuerzas armadas.

f) Confusión estratégica.

Si algo caracteriza a esta guerra de agresión, más allá de la violación del derecho internacional, es su confusión estratégica. Ya no solo con la escasa claridad sobre el verdadero objetivo político y la consecuente planificación militar, sino que todo el accionar responde casi una respuesta diaria a lo ya acontecido, más que a una planificación, asumiendo que, si ya no tenían diseñado un plan B, al menos ha pasado el tiempo suficiente del asombro para que la conducción política clarifique los nuevos objetivos y los planificadores militares comiencen su trabajo.

Entonces hemos visto pasar de una operación aérea a una terrestre, que ya no quiere derrocar al régimen, sino secuestrar el uranio, pero sin convicción; de solicitar apoyo para abrir el estrecho de Ormuz, después negarlo, posteriormente descalificarlo; de no atacar a la infraestructura crítica, a querer destruirla completamente; para controlar el precio del petróleo, liberar de las sanciones a Rusia y ahora al propio Irán¡¡!!

Los efectos que esta guerra tendrá son muchísimos, y en todos los niveles. Solo quiero destacar dos, que afectarán al núcleo del actual sistema imperial-unipolar:

a) Declive del imperio.

El empecinamiento en esta guerra y la forma de seguir llevándola a cabo da la sensación como si Trump estuviera decidido a terminar con el imperio estadounidense en la forma más extravagante posible, porque está destruyendo todo el mundo sobre el cual construyó su poder: sus alianzas, su credibilidad, su certeza de seguridad, el sistema institucional mundial, la libertad de comercio mundial, su divisa internacional, el poderío de sus fuerzas armadas, su retórica democrática.

En un artículo de Larry Elliot en The Guardian (19/03/2026) compara esta guerra de Estados Unidos con la guerra del Imperio británico contra los Boers, que duró tres años y en la cual se impuso con un alto costo, pero que lejos de resaltar la magnitud del poderío británico, expuso sus limitaciones y fue el principio del fin de su hegemonía mundial. En base a esa experiencia, el autor señala que el actual conflicto de la misma forma podría acelerar el fin del dominio estadounidense.

Independiente del formato del término del conflicto, los daños ya están causados. Habrá efectos económicos que aumentarán su enorme deuda pública y una alza de precios; se resentirá el apoyo interno a su gobierno, sensiblemente en su propia base electoral; se tensionarán todas las relaciones con sus aliados; entrará en una coyuntura crítica de su arsenal militar y del prestigio de su industria.

La Casa Blanca necesita salir lo antes posible del entrampamiento en que se encuentra, que claramente no va por el camino de seguir escalando el conflicto, porque cada alargamiento generará mayores efectos negativos económicos y una mayor implicación de nuevos actores, lo que hará una guerra inmanejable.

No se aprecia con claridad un fin para esta guerra. En el caso de Irán -y en alguna forma para Israel- esta adquiere un carácter existencial, por lo tanto, están obligados a luchar hasta el final. Para Estados Unidos no es así, aunque el resultado será una señal explícita de su declive, inclusive con una victoria en el terreno táctico militar.

La Casa Blanca necesita salir lo antes posible del entrampamiento en que se encuentra, que claramente no va por el camino de seguir escalando el conflicto, porque cada alargamiento generará mayores efectos negativos económicos y una mayor implicación de nuevos actores, lo que hará una guerra inmanejable.

Eso sería un escenario negativo, con el aumento de la escalada, lo que implica abrir un frente terrestre que llevará a intensificar la guerra, mayores costos económicos regionales y mundiales, atisbos reales de una recesión, mayor destrucción humana y material, ampliación del teatro de operaciones y de los incumbentes. La escalada podría llevar al uso de armas nucleares tácticas por parte de Israel.

Está la posibilidad de un escenario intermedio, que es posible de realizarse con la salida de Estados Unidos del conflicto, anunciando a todo el mundo su victoria (que solo sería propagandística y de efectos de corta duración, pero para estos efectos da lo mismo), basado en un nuevo acuerdo con Irán, donde este tendría mejores condiciones de negociación y legitimaría aún más su régimen. Israel no podría mantener el esfuerzo bélico solo, y podría ir por un premio de consuelo en su guerra contra Hezbolá en territorio libanés. También Trump podría ir por un premio secundario, la caída de Cuba.

Finalmente, el escenario positivo solo es posible a partir de una mayor presión interna e internacional sobre Estados Unidos, un rol más protagónico de actores de estatura mundial por una negociación, buscando una reingeniería de la seguridad regional a través de una lógica de seguridad indivisible que dé garantías a todos los estados de la región, y con un compromiso mundial de reconstrucción.

b) Crisis de los alineados.

El declive del imperio arrastrará a sus aliados más incondicionales, los que han apostado por el paraguas de seguridad de Estados Unidos, por el vasallaje político y económico. Las relaciones con sus aliados están resentidas, y puede buscar una venganza contra los europeos por su falta de ayuda en la guerra; los países árabes pensarán en la continuidad del vasallaje absoluto; es altamente probable que exista una retirada de su presencia militar en la zona (la OTAN europea ya retiró a sus fuerzas de Irak); quedará una imagen imborrable de las debilidades militares de Washington, que estarán siendo analizadas por todos, particularmente por aquellos que insisten en un mundo multipolar; habrá efectos políticos en dos países de la región que han sido claves: Irak y Siria, que verán mermados el sostén estadounidense. La propia relación con Israel entrará en un nuevo debate, atendiendo no solo a los resultados de la guerra, sino a la creciente oposición y resistencia de sectores políticos ante decisiones estratégicas que debilitan al país, en beneficio de un actor parasitario.

En el caso de América Latina, el creciente alineamiento a ultranza con Estados Unidos, que entra más aceleradamente en su tendencia al declive, traerá consecuencias. El país del norte ha expuesto sus flaquezas, sus limitaciones y no está en capacidad de responder a todas las posibles demandas de auxilio. Estos líderes que se subordinan obtusamente lo están haciendo en el ciclo equivocado, ya que su ubicación extrema en un bando se da mientras se avanza del unipolarismo al multipolarismo. Las posturas derechistas de líderes como Milei, Kast, Noboa y otros van a quedar atrapadas de su posición internacional, al haberse ideologizado siguiendo al líder decadente. Tienen un cheque a fecha muy próxima, ya que lo más probable es que Donald Trump pierda las elecciones de medio término, y en la presidencial entregue su gobierno (si es que no lo terminan antes) a un representante demócrata.

Por Carlos Gutiérrez P.

Carta Geopolítica 85 – 24/03/2026


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Marzo 26, 2026 • 1 hora atrás por: ElCiudadano.cl 42 visitas 1921100

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