
Como cada Semana Santa, las películas sobre Jesucristo y otros temas bíblicos se han puesto de moda. Títulos como La pasión de Cristo, Ben Hur o Rey de reyes se han puesto en los televisores de todo el mundo. Junto a todas ellas, otro título que ha experimentado un gran aumento en su número de espectadores ha sido uno de los grandes clásicos de Hollywood: Los diez mandamientos.
Este título, disponible actualmente en plataformas como RTVE Play o Tiviy, donde puede verse completamente gratis, narra la historia de Moisés y su renuncia a la vida de privilegios como favorito de la familia del faraón para iniciar una travesía junto a su pueblo a través del desierto. Se trata, pues, de uno de los episodios más conocidos del Éxodo del Antiguo Testamento, pero además, este título es importantísimo porque cambió para siempre la forma de imaginar e interpretar este episodio fundamental en la historia de la religión.

El primer elemento que transformó Los diez mandamientos fue la forma en la que muchos creyentes imaginaban el Éxodo. Así, para muchos, Moisés empezó a aparecer en su mente cada vez más como Charlton Heston, un actor que en España conocemos de sobra por protagonizar El Cid, la cual llegó a los cines pocos años después de la película sobre este episodio. Los diez mandamientos sería, de hecho, el primer éxito masivo de la carrera de Heston, quien más adelante se consagraría como una de las grandes estrellas de Hollywood con Ben-Hur y El planeta de los simios.
Sin embargo, la verdadera revolución consistió en añadir varios elementos dramáticos que, pese a no encontrarse en la Biblia, comenzaron a formar parte del ideario colectivo a la hora de pensar en la historia de Moisés. Entre ellos, destacan el romance entre este y Séfora (la hija de un sacerdote, interpretada en el clásico por Yvonne De Carlo), su rivalidad con Moisés o los conflictos políticos en los que estaba sumido Egipto en ese momento.
Los diez mandamientos presentaría, además, una escena que revolucionaría la historia del cine: esa en la que Moisés, justo cuando el ejército egipcio está a punto de alcanzar al pueblo judío, obra el milagro de separar en dos el mar Rojo. Ver al profeta realizar esta hazaña quedaría también grabado en la mente de los espectadores que vieron, frente a sus ojos, cómo el agua se retiraba en una época en la que no existía el CGI. ¿Cómo lo lograron? Pues con todo tipo de ingenios prácticos: desde tanques de agua en los que grabaron la escena al revés hasta el uso de miniaturas y gelatinas para simular adecuadamente el paisaje.
No sería esta la única hazaña de la película, ya que para poder realizarla se contó con más de 14.000 extras y 15.000 animales, cifras elevadísimas, pero necesarias para simular la partida del pueblo judío a través del desierto. Nadie sabía esto mejor que su director, Cecil B. De Mille, quien en 1923 ya realizó una adaptación del mismo episodio bíblico. Eso sí, rehacer Los diez mandamientos casi le costó la vida, ya que tras sufrir un infarto durante el rodaje de la película, decidió contravenir los consejos de los médicos y reincorporarse cuanto antes al trabajo.

Gracias a su intensidad dramática y al poder de sus imágenes, la influencia de Los diez mandamientos se hace palpable en las adaptaciones posteriores que se han hecho de la misma historia. La más querida de ellas es, con mucha probabilidad, El príncipe de Egipto, película animada que, con un enfoque mucho más emocional, sigue a pies juntillas el imaginario asentado ya por Los diez mandamientos. En 2014, Hollywood volvería a la carga con una versión a cargo del mismísimo Ridley Scott y protagonizada por Christian Bale y Joel Edgerton, y en la que la versión con Charlton Heston volvería a ser el pilar sobre el que construir toda la historia.
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