Barcelona, 22 mar (EFE).- El cambio climático, el consumo intensivo del sector primario y de la industria, y una gestión "ineficiente" comprometen el agua en Europa, donde la escasez, la contaminación y la presión sobre los recursos hídricos amenazan tanto al medio ambiente como a la economía y al bienestar social.
En este contexto, fuentes de la Comisión Europea subrayan que la Unión Europea (UE) impulsa desde 2025 una estrategia para reforzar la resiliencia hídrica y situar el agua "en el centro de su agenda política y económica".
Europa cuenta con uno de los marcos normativos más avanzados del mundo en materia de agua, con la Directiva Marco como eje, pero los resultados "están lejos de los objetivos" fijados para 2027.
Según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, solo el 37 % de las aguas superficiales europeas presentan un buen estado ecológico y el 29 % un buen estado químico, mientras la escasez de agua dulce afecta cada año al 20 % del territorio y al 30 % de la población.
Fuentes de la Comisión Europea (CE) advierten de que esta situación responde "no solo al cambio climático, sino también a una gestión ineficiente" y a las crecientes demandas de sectores como la agricultura y la industria.
La estrategia comunitaria plantea tres grandes objetivos: restaurar el ciclo del agua, garantizar el acceso a agua limpia y construir una economía más eficiente en el uso de este recurso.
La Comisión pone el foco en la necesidad de recuperar el equilibrio del ciclo del agua, "profundamente alterado por la acción humana", con ejemplos como Países Bajos o España, donde gran parte de los sistemas hídricos han sido artificializados.
En este sentido, la CE apuesta por una "gestión integrada" que tenga en cuenta tanto la cantidad como la calidad del agua, así como por reforzar la retención hídrica en el territorio y fomentar la reutilización.
Además, se insiste en la importancia de que la ciudadanía comprenda mejor el valor del agua y participe en decisiones que, según las fuentes, "serán cada vez más complejas".
La UE aspira a mejorar la eficiencia hídrica al menos un 10 % de aquí a 2030, con medidas que priorizan la reducción de la demanda, la reutilización y, en última instancia, el aumento del suministro mediante soluciones como la desalación.
No obstante, fuentes de la Comisión Europea advierten de que estas infraestructuras "deben integrarse en estrategias más amplias y sostenibles", dado su elevado coste energético.
En el caso de España, el informe de la Comisión señala importantes desafíos estructurales, como el riesgo de desertificación que afecta al 74 % del territorio y la elevada presión del sector agrícola, principal consumidor de agua.
Asimismo, persisten problemas de contaminación, como los relacionados con los nitratos, que han motivado sentencias europeas por deficiencias en su aplicación que afectan a diversas comunidades autónomas.
A ello se suman retos en depuración de aguas residuales, gestión del turismo y adaptación a fenómenos extremos que ya hemos visto como sequías e inundaciones.
Aunque se prevén inversiones en esta materia, como los 15.000 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones hasta 2027, las fuentes apuntan a que será imprescindible movilizar también capital privado.
En paralelo, la Comisión Europea ha abierto esta semana una convocatoria de datos para revisar la legislación comunitaria en materia de agua, en un proceso que también busca "compatibilizar la protección ambiental con necesidades estratégicas" como el acceso a materias primas críticas.
Esta consulta pública, abierta hasta abril, supone el primer paso hacia posibles cambios en la normativa y refleja la "creciente importancia del agua en la autonomía y seguridad de la UE".
Según fuentes europeas, la resiliencia hídrica será determinante no solo para afrontar el cambio climático, sino también para "garantizar la competitividad y la cohesión social" en Europa durante los próximos años. EFE
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