En un escondido rincón de la dilatada región rioplatense, se desató el 28 de marzo de 1814 una verdadera lluvia de fuego, pólvora, humo y plomo por casi dos horas. La batalla no tuvo consecuencias tácticas ni estratégicas, pero simboliza el cambio de época que comenzaba a manifestarse en la suerte de Hispanoamérica
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