El Ciudadano
Por Carlos Gutiérrez P.

En el tradicional análisis de la seguridad y la defensa se llegó a definir la existencia de los llamados campos de acción, que constituían ámbitos cualitativos que complementaban el esfuerzo principal de la defensa y debían orientarse al logro de los objetivos político-estratégicos definidos. Entre ellos estaban los campos de la diplomacia, la economía, y uno muy importante que se denominaba como el campo de acción interno, consistente en la necesaria fortaleza de la sociedad civil y política para sostener las exigencias que demanda la defensa, y particularmente en caso de crisis bélica.
La clave del campo de acción interno es evaluar la evolución de la “opinión pública”, que se manifiesta a través de la movilización social y que se va midiendo a través de una nueva ingeniería social que son las encuestas de opinión. Dependiendo del sistema político del régimen, también juegan un papel fundamental los medios de comunicación social. Este componente del campo de acción es relativamente fácil seguirlo e ir evaluando su dinámica.
Más dificultoso, más soterrado, pero quizás el que tiene mayor capacidad de influencia es el accionar de la elite política, sobre todo en regímenes más cerrados. Es siempre difícil constatar sus cambios, producto de la complejidad, tramados y secretismos propios de la función política en los altos estratos decisorios, particularmente en tiempos de crisis. Las señales son más sutiles, declaraciones públicas, presencias o ausencias, actividades protocolares, todo lo que puede ser revisado en una segunda lectura o entre líneas. Estas señales o acciones cambian visiblemente cuando la crisis es más profunda, y, por lo tanto, se exteriorizan los resultados o efectos de la tensión.
Estos dos componentes del campo de acción interno son determinantes en la continuidad del conflicto, lo pueden sostener en las más duras condiciones, o ser un factor que empuje a uno de los actores a la desescalada. Actualmente, en los activos conflictos existentes estamos apreciando, junto a otros factores o campos de acción que entran en tensión, como el económico, rasgos y evidencia pública de la contracción del campo interno, tanto en la sociedad civil como en la elite política.
El caso más notorio es Estados Unidos. La agresiva política internacional que ha asumido el presidente Donald Trump este año, con el secuestro del presidente venezolano y los ataques contra Irán, han empezado a tener efectos negativos en el desarrollo de su programa político y en la imagen de un país que volvía a centrarse en su desarrollo interno, a través de la consigna de hacer grande otra vez a América, bastante aquejado desde hace décadas.
Los impactos económicos y diplomáticos de ambos eventos se sienten en el mundo social y político. El mes pasado se realizaron movilizaciones sociales masivas bajo el llamado “No Kings” en todo el país (28 de marzo). El 22 de abril se publicaron distintas encuestas de las empresas Reuters-Ipsos, Strength in numbers-Verasigth y AP-NORC, que confirmaban mediciones anteriores sobre el índice de aprobación gubernamental, situándolo en torno al 34 %, cercano al mínimo histórico. Más drásticos fueron los resultados en ámbitos específicos, como el desempeño general de la economía que muestra una desaprobación del 72 %; en el costo de la vida llega al 76 %, y en la política migratoria a un 52 % de rechazo. En cuanto a la agresión contra Irán, el 67 % de los encuestados la rechaza, y el 61 % afirma que no debería emprenderse ninguna acción militar adicional.
…el indicador más problemático es el que viene de su propio sector político, el núcleo duro del republicanismo asentado en el grupo MAGA. Cada vez se hace más pública la disidencia de personajes que fueron un sostén fundamental.
Pero el indicador más problemático es el que viene de su propio sector político, el núcleo duro del republicanismo asentado en el grupo MAGA (Carta Geopolítica 87). Cada vez se hace más pública la disidencia de personajes que fueron un sostén fundamental. A los ya mencionados comunicadores como Tucker Carlson (recientemente en una entrevista a The Wall Street Journal declaró sentirse traicionado y pidió disculpas al pueblo estadounidense por haber hecho campaña por Trump), Taylor Greene, Megyn Kelly, Nick Fuentes y Matt Walsh. En la última semana, se sumaron otros rostros mediáticos como el comediante Tim Dillon, y el comunicador Joe Rogan.
En el ámbito de la administración gubernamental, los casos más sensibles (porque corresponden a gente de su partido), han sido la renuncia de Joe Kent, director del Centro Nacional de Antiterrorismo y activista MAGA y de América Primero desde 2016. La salida de Pam Bondi como fiscal general, que se produce en un momento de máxima agitación para el Departamento de Justicia. Las recientes acusaciones contra el director del FBI, Kash Patel, de mal uso de recursos públicos relacionados con su novia y una condición de alcoholismo, comprometiendo su capacidad para tan alta función; la revelación de la doble vida como travesti del marido de Kristi Noem (ex secretaria del Departamento de Seguridad Nacional); la suspensión de Julia Varvaro, subsecretaria adjunta de Contraterrorismo del Departamento de Seguridad Nacional, por explotación de un hombre al que había conocido por una aplicación de citas.
Esta es una fractura muy sonada al interior de lo que es el núcleo del movimiento MAGA, que augura tensiones que apuntan a una implosión y a relaciones violentas al interior del neoconservadurismo estadounidense.
Otros casos han sido las remociones de altos cargos en el Departamento de Guerra, también muy polémicos por el tipo de liderazgo que ha ejercido el secretario Pete Hegseth, demostrando las incapacidades personales, su integrismo cristiano y el modo autoritario de conducción.
Las remociones de oficiales del Alto Mando del Ejército son demostrativas de un cierto descontrol. El 2 de abril se les pidió las renuncias al general Randy George, jefe del Estado Mayor del Ejército; al general David Hodne, comandante del Comando de Transformación y Entrenamiento del Ejército; al general Williams Green, jefe de Capellanes del Ejército. A estas se suman las realizadas el año pasado y principios de este: el jefe del Estado Mayor Conjunto, general C. Brown; la jefa de Operaciones Navales, almirante Lisa Franchetti; el jefe adjunto del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, general James Slife; el director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, teniente general Jeffrey Kruse. El 22 de abril fue cesado el secretario de Marina, John Phelan, un potente empresario aliado de Trump.
Las purgas de cuadros sensibles crean una inestabilidad en la cadena de mando, que prioriza la lealtad política sobre la experiencia profesional, muy peligrosa en un momento de conflicto bélico. Según el diario The Mirror, en una de las reuniones críticas sobre la guerra en Irán, el general Dan Kaine negó los accesos a los códigos nucleares al presidente Trump.
Las tensiones políticas internas se multiplican. El Gobierno es acusado de ejercer su función ejecutiva a través de decretos, saltándose el Congreso, a pesar de tener una leve mayoría.
En la lucha política era de esperarse una fuerte confrontación con el Partido Demócrata, el que ha llegado a niveles muy complejos, como ha sido la reiterada obstaculización para aprobar el financiamiento de funcionamiento de la burocracia estatal, con el caso extremo del organismo ICE y el Departamento de Seguridad Interior, que han sido muy cuestionadas por los demócratas y organismos de derechos civiles, por el tratamiento a la población migrante irregular.
Las tensiones políticas internas se multiplican. El Gobierno es acusado de ejercer su función ejecutiva a través de decretos, saltándose el Congreso, a pesar de tener una leve mayoría. Así ha ocurrido con el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y la agresión a Irán. Esta forma de gobernar tuvo un traspié fundamental recientemente, cuando la Corte Suprema anuló los decretos de política arancelaria que el presidente Trump llevó a cabo el año pasado. Otra medida polémica que está en plena disputa, pensando en las próximas elecciones de medio término que deberán realizarse en noviembre, y sobre la cual se asientan las esperanzas demócratas de una victoria importante, es la relativa a la modificación de los distritos electorales que comenzó el año pasado por una iniciativa de Trump sobre los republicanos de Texas, que se ha transformado en una maniobra electoral de redistribución de distritos. A lo largo del año, seis estados promulgaron nuevos mapas electorales, que representaron casi un tercio de los escaños del Congreso y pusieron a decenas de millones de estadounidenses bajo una nueva representación congresional de la noche a la mañana.
Y la tensión no deja de aumentar. El 25 de abril, durante la cena habitual con corresponsales de prensa en la Casa Blanca, el presidente Trump y parte de su gabinete sufrieron un atentado, el tercero en la persona del actual presidente, llevado a cabo por el profesor Cole Tomas Allen, quien fue detenido. Como siempre en la política estadounidense, estará sembrado de dudas, pero el hecho es que de igual forma se constituye en otro síntoma de la crispación política.
Una situación menos expuesta es la que se vive en la Federación Rusa. Tras el largo desarrollo de la Operación Militar Especial, afloran voces críticas más explícitas en la sociedad civil y en el mundo político, y se pueden apreciar distintas sensibilidades al interior del gobierno. La cuestión no está en torno a la legitimidad ni objetivos propuestos para la acción militar contra Ucrania, sino en la efectividad para llevarla adelante y en los efectos negativos internos y externos que se producen a propósito de su larga extensión, y que, acercándose al quinto año, no se aprecia con claridad cómo se producirá la victoria estratégica.
En el mundo social, el apoyo a los objetivos rusos en el conflicto con Ucrania sigue siendo altos. Según encuestas de este año seguía estando alrededor del 75 %. Lo mismo sucede en el campo de comunicadores sociales, expertos y analistas. En el ámbito político también cuenta con un apoyo transversal y sostenido.
El problema ha surgido justamente por la propia dinámica del conflicto y la forma en que está siendo abordado por la conducción del presidente Putin. A lo largo de la historia rusa siempre ha existido la tensión entre dos corrientes del pensamiento, tanto intelectual como político, identificados con el europeísmo y el eslavismo. Después de la caída de la Unión Soviética dominó la posición europeísta, con la apertura económica y política hacia el neoliberalismo, la constitución de castas económicas que se enriquecieron a costa del patrimonio y la población rusa. La guerra contra Ucrania, y de hecho contra la Unión Europea-OTAN, vino a dar un golpe clave a la corriente pro-Europa.
La visión eslavista, que tiene a su vez una tendencia moderada y otra radical, ha pujado por reorientar la mirada estratégica de Rusia hacia el oriente y el Asia-Pacífico.
La visión eslavista, que tiene a su vez una tendencia moderada y otra radical, ha pujado por reorientar la mirada estratégica de Rusia hacia el oriente y el Asia-Pacífico. Está centrando la crítica actual al papel anti ruso que juega Europa en la guerra, y la débil respuesta del gobierno de Putin.
Estas miradas, y sus respectivas conclusiones políticas y estratégicas estarán en juego en las próximas elecciones para la Duma Estatal, del 20 de septiembre, que elige a 450 diputados. El mayor partido de la actual oposición es el Partido Comunista de la Federación Rusa, quien ha sido crítico ante las denominadas “vacilaciones” en el camino de la victoria y la confrontación seria ante los ataques de la OTAN, y que, en su Pleno del Comité Central del 3 de abril a través de su secretario general, Gennady Zyuganov, declaró que “Continuaremos uniendo a la sociedad para lograr la victoria sobre la agresión de la OTAN. El Partido y nuestros aliados proseguirán la lucha por la ley y la justicia, por los derechos e intereses de los trabajadores. El presidente Vladimir Putin ha proclamado una fórmula para la victoria: cohesión social, adopción de tecnologías de vanguardia y afirmación de la plena soberanía. Respaldamos firmemente esta postura. Sin embargo, las acciones de Rusia Unida a veces generan una auténtica perplejidad. O Rusia dará un giro radical y emprenderá su camino hacia la victoria en todo el sentido de la palabra, o el capitalismo periférico arrastrará al país al abismo. Y, lamentablemente, otra «reforma superficial» no salvará el sistema de gobierno del país.”
En el ámbito de la elite política gobernante, la mayor crisis interna se vivió en el 2023, con el alzamiento del grupo militar Wagner, encabezado por su líder Yevgueny Prigozhin, decidido partidario de una operación militar en toda la línea y que terminó en su sospechosa muerte. Hoy día, aparecen sensibilidades entre la postura ejecutiva con el presidente Putin y parte de sus asesores (particularmente Kirill Dmitriev, Nikolai Patrushev, Dimitry Peskov) y el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde se concentraría la postura más decidida para enfrentar el conflicto en una nueva etapa atendiendo a la escalada que conduce la postura europea.
Las vocerías desde el Ministerio de Relaciones Exteriores se han hecho diarias, tanto a través del propio ministro Lavrov como su secretaria de prensa, María Zakharova. Poniendo énfasis en las críticas a Estados Unidos, al guerrerismo rusófobo europeo, y a la solidaridad con Venezuela, Cuba e Irán. En una rueda de prensa ampliamente difundida, con respecto a los preparativos bélicos de Europa, Zakharova declaró: «Estos países han recibido una advertencia en toda regla. Si sus regímenes son mínimamente sensatos, la tendrán en cuenta. De lo contrario, se enfrentarán a represalias».
En esta misma lógica está el secretario del Consejo de Seguridad ruso, Seguei Shoigú, quien recordó oficialmente a Finlandia y a los estados bálticos el derecho de Rusia a la legítima defensa, citando un reciente aumento de incidentes en los que supuestamente drones ucranianos atacaron a Rusia a través de su espacio aéreo. Más radical y poco cuidadoso con su lenguaje es Dmitry Medveded (vicepresidente del Consejo de Seguridad), quien también acusa abiertamente a Estados Unidos por la inestabilidad mundial, y denosta regularmente a Europa por su apoyo a Ucrania y belicismo contra Rusia.
Toda la crítica política más solapada contra Putin se centra en lo que habrían sido los acuerdos con Trump en la cumbre de Anchorage, que no representaría toda la fortaleza de la demanda rusa y haber sido muy complaciente con el papel de Estados Unidos, que el tiempo ha demostrado no ha sido capaz de cumplir con los acuerdos.
Actualmente el presidente Pezeshkian lideraría el sector más dialogante, mientras que el presidente del Parlamento, Mohamad Bagher Ghalibaf, quien ha llevado las negociaciones con Estados Unidos, aparecería en una posición de mayor dureza (él proviene del ámbito militar)…
En sociedades más cerradas, el campo de acción interno en el ámbito político es más decisivo, pero también más soterrado.
El caso de China con la purga a sus altos mandos militares es un buen ejemplo. Iniciado en 2025, es la mayor en la historia china reciente, resultando en la destitución de decenas de altos mandos del Ejército Popular de Liberación. Las acusaciones han sido por violaciones a la disciplina, corrupción y venta de secretos militares, afectando gravemente la estructura de mando de la Comisión Militar Central.
Los afectados serían alrededor de 200 altos cargos, incluidos miembros de la Asamblea Nacional, entre ellos el general Zhang Youxia, vicepresidente de la Comisión Militar Central. Indudablemente que esto afecta la operatividad inmediata de las fuerzas armadas. Se busca una acción ejemplificadora para consolidar el mando político total sobre el poder militar, asegurar la lealtad del ejército y eliminar disensiones, en un contexto crítico mundial, donde el tema de Taiwán es cada vez más imperioso.
Algo parecido es lo que sucede actualmente en Irán, después de golpes importantes a la elite política y militar. No hay una figura con el ascendiente del asesinado líder espiritual Jamenei, más allá de la denominación de un nuevo líder que tiene el respeto total a su jerarquía, pero no cuenta todavía con el liderazgo de suyo. La nueva elite se está reconstruyendo, en medio de una disputa entre sectores más radicales o más consensuales, donde el papel de la CGRI es notorio, sus cuadros copan otras funciones del Estado, y se han ganado la legitimidad en lo más duro de la guerra.
Han sido evidentes las diferencias públicas en medio de las negociaciones y acuerdos por el alto el fuego, entre los comunicados de la presidencia y los del CGRI. Ellos han sido los que afirmaron el cierre del Estrecho de Ormuz. Actualmente el presidente Pezeshkian lideraría el sector más dialogante, mientras que el presidente del Parlamento, Mohamad Bagher Ghalibaf, quien ha llevado las negociaciones con Estados Unidos, aparecería en una posición de mayor dureza (él proviene del ámbito militar), junto al jefe de la diplomacia Abás Araqchi, quien ha denunciado reiteradamente la falta de confianza en Estados Unidos en cuanto a negociaciones. Mientras tanto, en la sociedad civil, que con justa razón se ha movilizado por su situación económica después de largos años de bloqueo y sanciones, se ha plegado consistentemente al esfuerzo bélico, después de vivir las acciones terroristas de Estados Unidos e Israel en los asesinatos a civiles y a su líder. Incluso, en momentos mismos de ataques aéreos han salido a manifestarse apoyando la resistencia.
La crisis en Gran Bretaña se arrastra desde 2022, cuando el primer ministro Johnson involucró a su país en forma abierta en la guerra de Ucrania y Rusia. Desde entonces han pasado cuatro primeros ministros, y actualmente se encuentra en una nueva situación compleja. Y, al parecer, el actual primer ministro Starmer no sobrevivirá a la próxima elección del 7 de mayo. El Partido Laborista espera una dura derrota.
En Israel, el 25 de abril se volvieron a reanudar las manifestaciones sociales contra la guerra, las que tuvieron un momento cúspide el año pasado, ante los bombardeos y el genocidio contra el pueblo palestino.
Gran Bretaña ha sido el principal sostenedor de Ucrania, desde el punto de vista diplomático hasta el bélico, involucrándose directamente en asesoría, instrucción y operaciones encubiertas de sabotaje y terrorismo. Mientras opera en eso, en su país se profundiza la crisis económica y social, y el propio Partido Laborista enfrenta uno de sus momentos más complejos, ya que se prometió un gobierno íntegro y de servicio público, y actualmente está sumido en la corrupción de un escándalo del que no puede librarse. El nombramiento de Peter Mandelson (aparece en los archivos Epstein) como embajador en Estados Unidos ha atormentado a Starmer en la medida que aparecen más detalles del asunto. La semana pasada se destituyó a Sir Olly Robbins, exsecretario permanente del Ministerio de Asuntos Exteriores, por no haber informado a Downing Street de que Lord Mandelson no había superado la verificación de seguridad para el cargo. También reveló que desde allí le habían pedido que explorara la posibilidad de un puesto diplomático para Lord Doyle, el entonces director de comunicaciones saliente, pero que mantuviera al ministro de Asuntos Exteriores al margen de la solicitud. La revelación de que Downing Street quería destituir a un diplomático experimentado para dar paso a un aliado de Sir Keir Starmer sin experiencia en el sector ha conmocionado al Parlamento.
Según una encuesta exclusiva realizada por JL Partners para The Telegraph, el 7 de mayo podría ser la peor noche de elecciones locales para el Partido Laborista en su historia. De las 136 autoridades inglesas con elecciones, el Partido Laborista gobierna o es el partido mayoritario en 83 de ellas. Podría terminar la noche con tan solo 42 escaños, la mitad de los cuales se encuentran en Londres. La elección tendrá repercusiones en el norte y el este de Inglaterra, así como en las ciudades costeras «olvidadas» y en las afueras de las grandes ciudades inglesas. En lugar de buscar soluciones a la crisis del costo de la vida, los precios de la energía, la inmigración ilegal o el gasto en defensa, la capacidad intelectual colectiva de Downing Street está preocupada por luchar contra una crisis tras otra solo para mantener a Sir Keir en su puesto.
En Israel, el 25 de abril se volvieron a reanudar las manifestaciones sociales contra la guerra, las que tuvieron un momento cúspide el año pasado, ante los bombardeos y el genocidio contra el pueblo palestino. Se realizaron en las ciudades de Tel Aviv, Jerusalén, Haifa y Beerseba y exigen una política pacífica en la región, que proteja los valores democráticos y pidiendo elecciones anticipadas.
La actual agresión de la coalición Israel-Estados Unidos contra Irán gozó de un amplio respaldo en la sociedad israelí, con alrededor del 80 % en su comienzo. Hoy ha bajado a alrededor del 75 %. Pero, el peligro interno principal de Netanyahu viene del sector político y judicial. El presidente de Israel, Isaac Herzog, ha declarado que no pretende en el corto plazo conceder un indulto a Netanyahu en su prolongado, y varias veces postergado, juicio por corrupción, y que en cambio pretende impulsar un proceso de negociación para intentar alcanzar un acuerdo de culpabilidad.
Disensiones importantes se han manifestado en personeros que han ocupado altos cargos políticos y militares, que han cuestionado las guerras de Netanyahu, los profundos efectos negativos que tendrán en la sociedad israelí, y la degradación continua de sus fuerzas armadas, las que se encuentran en el tope de sus capacidades, las que llevaron el año pasado a casos concretos de insubordinación.
El frente interno es muy decisivo, porque es el que provee las capacidades humanas para sostener un conflicto, y el que respalda políticamente una actividad que siempre es demasiado cruenta y difícil, como es ordenar y dirigir una guerra.
Por Carlos Gutiérrez P.
Carta Geopolítica 90 – 28/04/2026
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