La Cuenta Pública del presidente Kast tuvo un hilo conductor que merece ser nombrado con claridad: todo lo que el gobierno está haciendo —combatir la delincuencia, reactivar la economía, reducir las listas de espera, construir más viviendas— tiene sentido en función de las familias. No como retórica de cierre, sino como gramática política del gobierno. El orden importa porque las familias necesitan vivir tranquilas. El empleo importa porque una familia sin ingreso no puede proyectarse. La educación importa porque los hijos de hoy son los adultos de mañana. Esa es la lógica que ordena el conjunto.
Esa lógica también visibilizó una dimensión que suele quedar fuera del debate público: la emergencia social silenciosa. El Presidente la nombró directamente: la caída en la natalidad, la soledad de los adultos mayores, los niños que crecen sin una familia que los cuide. Son problemas que no salen en los titulares de seguridad ni en los gráficos de crecimiento, pero que determinan el tipo de país que estamos construyendo. El Ministerio de Desarrollo Social y Familia trabaja esa dimensión todos los días. No es nuevo para nosotros: es nuestra razón de existir.
Los anuncios concretos de la Cuenta reflejan esa convicción con nitidez. El Plan Crecer en Familia busca que cerca de 700 niños entre 0 y 3 años que hoy viven en residencias puedan crecer junto a familias de acogida, porque una institución no es un hogar. El apoyo económico a las familias del 80% más vulnerable con hijos entre 0 y 13 años constituye un reconocimiento explícito de que criar tiene costos que no pueden recaer exclusivamente en los hogares. Al entregar este aporte directo por cada niño, sumado a otros beneficios que hoy responden al contexto de estrechez financiera, el Estado les dice a las familias que las está acompañando en la etapa de la vida en que las necesidades de tiempo, cuidado y recursos son mayores. La iniciativa de sala cuna universal apunta a remover una de las barreras más antiguas e injustas que enfrentan las mujeres en el mercado laboral: que tener hijos cueste el empleo. Y el Plan Chile Renace, con su Comisión Asesora Presidencial ya constituida, busca instalar la crisis demográfica como política de Estado, con diagnóstico riguroso, coordinación interministerial y horizonte de largo plazo.
Lo que une todos estos anuncios no es un eslogan. Es una concepción del rol del Estado: no reemplazar a las familias, sino darles las herramientas para funcionar. Un Estado que protege a los niños más vulnerables, que apoya a las madres y padres que trabajan, que cuida a los adultos mayores que están solos, que da una oportunidad real a quienes quieren formar una familia y no pueden. Eso es lo que hace el Ministerio de Desarrollo Social y Familia. No somos el ministerio de los grandes titulares. Somos el ministerio que sostiene lo que ocurre dentro de los hogares.
La familia no es una agenda conservadora ni progresista. Es la condición de posibilidad de todo lo demás: del empleo que tiene sentido, de la educación que se recibe con amor en la casa antes de llegar a la escuela, de la vejez que no es soledad. Cuando el Presidente dijo que muchos de nuestros problemas tienen su raíz en el debilitamiento de la familia, no estaba haciendo un diagnóstico moral. Estaba señalando un hecho social que los datos confirman y que las políticas públicas deben enfrentar sin eufemismos. Eso es lo que este gobierno está haciendo. Y desde el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, es lo que seguiremos impulsando con todo el compromiso que la tarea exige.
Por María Jesús Wulf, ministra de Desarrollo Social y Familia.
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