El costo de la irresponsabilidad compartida

SEÑOR DIRECTOR:

Tuve la oportunidad de abordar un bus del recorrido 411 desde Cantagallo, en Las Condes, hasta Carlos Antúnez, en Providencia. Quiero destacables las excelentes condiciones del vehículo: limpio, silencioso y sumamente cómodo. Sin embargo, la experiencia dejó en evidencia una preocupante realidad cultural.

Al subir, la conductora me indicó ingresar por la puerta central debido a un desperfecto en el torniquete delantero. Cumpliendo con mi deber ciudadano, me acerqué al frente del vehículo para validar mi pasaje con la tarjeta de prepago. Lamentablemente, fui la excepción. A lo largo del trayecto de 40 minutos, el bus se llenó de pasajeros que ingresaron por la misma puerta sin que uno solo pagara. Lo más perturbador fue escuchar a decenas de personas ingresar con un cantarín “gracias” hacia la conductora, como si se tratara de un beneficio personal o un favor concedido por ella.

Es necesario recordar que el transporte público no es gratuito ni le pertenece a la empresa concesionaria; el déficit se financia de manera directa con los impuestos de todos los contribuyentes, utilicen o no el servicio. Acciones como esta demuestran una preocupante falta de conciencia y una irresponsabilidad flagrante por parte de ciudadanos perfectamente conscientes de sus actos. Bajo esta lógica es materialmente imposible que nuestro sistema de transporte público sea sostenible.

Hans Christiansen

Septiembre 8, 2026 • 1 hora atrás por: LaTercera.com 16 visitas 2453842

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