SEÑOR DIRECTOR:
Que la reforma a la justicia civil vuelva a ocupar algún lugar en la agenda pública es, desde luego, una buena noticia. Demasiado tiempo lleva este orden jurisdiccional esperando una modernización que otros ámbitos de la justicia ya conocieron hace décadas.
Con todo, este entusiasmo exige muchísima prudencia. En el marco de un gobierno marcado por la emergencia, cabe preguntarse si este redescubrimiento de la reforma a la justicia civil responde a una convicción institucional profunda o, más bien, será un mero saludo a la bandera. Porque el problema no es solo cuajar mejores procedimientos: es asegurar jueces, funcionarios, tecnología, infraestructura, gestión y presupuesto suficiente para que la promesa de una mejor justicia no termine convertida, otra vez, en frustración.
Después de tanta postergación, el riesgo es evidente: que el cuento del lobo termine por vaciar de credibilidad una reforma que el país necesita de verdad.
Diego Palomo Vélez
Académico de la Universidad de Talca
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