Melilla, 9 may (EFE).- Este domingo arranca en Melilla la final de la Superliga de voleibol, la primera en formato reducido al mejor de tres partidos, en la que el CV Melilla busca dar la campanada ante el favorito, el Guaguas, e impedir que el conjunto grancanario consiga su cuarto título consecutivo.
Para los melillenses es su segunda final en cuatro años y quieren aprovechar esta oportunidad, conscientes de que “va a ser muy difícil” de repetir porque “llegar a una final es casi igual de complicado que ganarla”, explica en una entrevista con EFE el entrenador del CV Melilla, Salim Abdelkader.
A su juicio, ganar el primer partido en casa será “clave” como ya sucedió en la semifinal contra el Grupo Herce Soria, un reto “dificilísimo” en el que el CV Melilla sacó “la fortaleza que ha demostrado durante toda la temporada”, no exenta de obstáculos, y que supuso “un alivio muy grande”, además de “una recompensa que el equipo merecía”.
Pero el CV Melilla no se conforma con haberse impuesto contra pronóstico en la semifinal de la Superliga. Ahora, en la final, quiere sacarse la espinita de 2022, cuando la disputó por primera vez contra el Unicaja Almería y la perdió pese a tener el factor cancha a su favor.
Aquella final “era más fácil” que el reto que se plantea ahora ante el Guaguas, “una piedra dura”. “Estamos hablando de un equipo que se ha creado para pelear por todo y está entre los ocho mejores de Europa, como se ha visto en la última Champions”, señala Abdelkader, que ve a los grancanarios como favoritos.
En cualquier caso, deja claro que los suyos no llegan a esta final con sentimiento de inferioridad: “Somos dos equipos que han hecho las cosas bien y no queremos verlos como superiores a nosotros. Jugamos al mismo deporte, hemos llegado hasta aquí y tenemos que intentarlo”.
Ganar el primer partido en casa será “vital” para no tener que verse obligado a ganar dos veces consecutivas en Gran Canaria, algo “muy difícil” y más cuando esta temporada no lo ha conseguido en ninguno de los dos enfrentamientos, en los que el Guaguas logró la victoria “con relativa facilidad”.
El CV Melilla intentará recurrir a otras de sus bazas, como es tener una plantilla más joven con un juego basado en una defensa muy férrea por la que logra mantener mucho la pelota en juego y “desesperar” a los rivales. Y, al mismo tiempo, “esperar que ellos tengan una mala tarde, que todos los equipos tienen alguna, por muy buenos que sean”.
Además, subraya que el CV Melilla se encuentra en el mejor momento del campeonato, tras disputar “una segunda vuelta muy buena” en la que se ha repuesto de todos los contratiempos que encontraron en la primera, derrota en la final de la Copa del Rey incluida que, en cualquier caso, afrontaron como una recompensa después de todo lo vivido.
Probablemente eso también les haya hecho más fuertes porque, como apunta su entrenador, “el equipo responde y pelea muy bien cuando está ante las cuerdas”, como demostró en la semifinal contra el conjunto soriano, evitando que materializara la remontada barriéndolo en el tercer y decisivo partido en su casa.
Los melillenses afrontan esta final con todo el equipo disponible, “muy felices porque ha costado muchísimo sacrificio”, y tras una semana con mejores sensaciones que en los cuartos de final contra el Valencia, donde tuvo que lidiar con problemas físicos y procesos febriles en varios de sus jugadores.
Confían, además, en verse arropados por la afición y que el pabellón Javier Imbroda sea un horno en el que será su último partido de la temporada en casa, pase lo que pase en la final. “Estos chicos están demostrando y peleando por la ciudad, sería una manera de demostrarles el respeto y el cariño que se han ganado”, apunta Salim Abdelkader para animar el ambiente. EFE
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