El Ciudadano
Por Carlos Gutiérrez P.

El punto 1 del Memorando de Acuerdo entre Estados Unidos e Irán, relacionado con el fin de la invasión y ataques israelíes al pueblo libanés se está transformando en la primera piedra de obstáculo en los avances de las negociaciones futuras, para llegar al fin de la agresión y concluir con la guerra a través de la firma por la paz. De hecho, el día 20 la Guardia Revolucionaria de Irán anunció un nuevo cierre del estrecho de Ormuz debido a la continuidad de los ataques israelíes contra la población civil y la infraestructura libanesa, que llevó posteriormente a un ataque contra un barco portacontenedores que no navegaba bajo los criterios iraníes.
Continúa la insistencia del gobierno sionista por apoderarse del territorio sur del estado libanés y seguir afianzando su expansión con el objetivo de consolidar su proyecto del Gran Israel, proyectando asentamientos urbanos para su población y constituir una zona de resguardo más amplia de sus fronteras con una permanente presencia de sus fuerzas armadas.
Por la contraparte, la resistencia de la milicia armada Hezbollá no solo soportó la ofensiva israelí comenzada el año 2025, sino que ha obtenido éxitos tácticos importantes en los choques armados directos, aumentando las bajas en infantería israelí, y adoptando maniobras más sofisticadas en la lucha urbana, y en los ataques al propio territorio del estado de Israel. Ha entrado con fuerza en la batalla de drones, aventajando por ahora a las fuerzas israelíes.
A diferencia del cierto colapso de la milicia de Hamás en territorio palestino, que hoy la tiene ausente del conflicto, la milicia libanesa ha sorteado con éxito la pérdida de la ayuda siria producto de la caída del gobierno de Assad y de los problemas en la conexión con Irán, debido a la agresión que sufre por parte de la coalición de Estados Unidos e Israel. Por lo tanto, no se ve en el horizonte cercano una derrota militar de la milicia, y cada tramo de avance posible de las fuerzas israelíes traen un costo humano y de material difícil de sostener en el tiempo. Una vez más aparece el fantasma de la guerra de desgaste y sobre quién está en mejores condiciones de soportar la presión social y política por esos eventos.
Es bueno recordar que la milicia libanesa tiene un profundo arraigo popular a nivel nacional, y su brazo político es parte del gobierno y de la propia institucionalidad estatal del país. Su origen no es producto de una influencia externa, sino que este se encuentra en la resistencia a la invasión del sur del país por parte de Israel y a la matanza de Sabra y Shatila del año 1982, bajo la motivación y el amparo de las fuerzas armadas israelíes, la que sigue penando en la memoria del pueblo palestino y libanés. Estos hechos fueron el contexto para el surgimiento de la milicia Hezbollá, por lo tanto, hay que reconocerla en su origen nacional y en su lucha solidaria con el pueblo palestino sobre la agresión sionista. Esa profunda raíz histórica sigue siendo vital para entender la fortaleza del grupo, más allá de los apoyos externos, especialmente de Irán, que ha recibido durante su existencia y sobre la cual tiene la autonomía necesaria para reivindicar su propio proyecto.
En varias oportunidades se han producido acuerdos de negociación con el gobierno libanés, pero todas tienen a la base el problema del irredentismo sionista y la insustancia del estado libanés para defender a su población, sus fronteras y luchar por un marco geopolítico sustentable. En esta ocasión no ha sido distinta, y las actuales negociaciones han resultado en 14 puntos de acuerdos, que claramente son insostenibles no solo de aceptar por la oposición libanesa, sino aún más de poder implementarlas realmente.
Lo más llamativo es que Estados Unidos actué como mediador de las negociaciones, cuando en realidad es un actor injerente a favor de una de las partes, en este caso Israel, por lo tanto, sin responsabilidad de neutralidad.
Estos puntos son los siguientes:
1.- Poner fin al conflicto y transitar formalmente hacia una cesación de las hostilidades.
2.- Israel se retirará del Líbano por fases, sujetos a las condiciones de seguridad evolutivas.
3.- Las Fuerzas Armadas Libanesas asumirán progresivamente la plena responsabilidad de la seguridad nacional.
4.- Hezbollá y todos los demás grupos armados no estatales deben ser desarmados de manera total y verificable.
5.- Israel afirma que no tiene ambiciones territoriales en el Líbano y se retirará una vez que se resuelvan las amenazas de seguridad.
6.- El Líbano reafirma la autoridad exclusiva del estado para mantener fuerzas armadas y declarar la guerra.
7.- Un mecanismo de coordinación y verificación respaldado por Estados Unidos supervisará la implementación.
8.- Ambas partes se comprometen a un Líbano soberano y estable, libre de grupos armados que amenacen a cualquiera de los dos bandos.
9.- Estados Unidos apoyará y fortalecerá a las fuerzas armadas libanesas, con asistencia vinculada al progreso verificado.
10.- Estados Unidos liderará la coordinación de la reconstrucción internacional, la ayuda humanitaria y los esfuerzos de recuperación económica.
11.- El Líbano y Estados Unidos garantizarán que la ayuda y los fondos de reconstrucción no lleguen a Hezbollá u otros grupos armados.
12.- Israel y el Líbano establecerán grupos de trabajo para negociar un marco integral de paz y seguridad.
13.- Ambas partes cesarán las acciones políticas y legales hostiles y cooperarán en el retorno de detenidos y restos.
14.- Israel y el Líbano reconocen el papel de Estados Unidos y expresan su aprecio por el liderazgo del presidente Donald Trump.
El presidente libanés, Joseph Aoun, ha reconocido que no tiene soberanía sobre su frontera sur, y cree que con estos acuerdos podría recuperar la región, sobre la cual no ha ejercido nunca una política de defensa que le corresponde como jefe de un estado soberano.
Por su parte, la dirección de Hezbollá anunció que no reconoce estos acuerdos, criticando al régimen títere del Líbano y señalándolo como una “vergonzosa cesión de la soberanía libanesa”. Ratificó que la organización no se desarmará y que cualquier intento de presionarlo por ello conducirá a una nueva guerra civil en el país.
El mismo día del anuncio de los acuerdos, se produjeron protestas sociales en distintas ciudades libanesas, las cuales fueron rudamente reprimidas por el mismo ejército que no ha sido capaz de defenderlos de los ataques criminales del estado sionista.
Este documento es un buen ejemplo de las formas que actualmente asumen las negociaciones diplomáticas donde están entreverados intereses estadounidenses. Lo más llamativo es que Estados Unidos actué como mediador de las negociaciones, cuando en realidad es un actor injerente a favor de una de las partes, en este caso Israel, por lo tanto sin responsabilidad de neutralidad. Lo que le interesa a Donald Trump es que se le ensalce su figura, tal como queda groseramente escrito en el punto 14 del acuerdo.
En el liderazgo israelí no hay intención alguna de retirarse de las regiones ya invadidas.
En estas negociaciones no aparecen medidas concretas que sean exigentes para el cumplimiento de los acuerdos por parte de Israel; solo son enunciados que quedarán a la voluntad interpretativa del estado sionista sobre qué considerará el término de las “amenazas de seguridad”, como se dicta en el punto 5. De hecho, el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, declaró que se destruirían todas las casas a lo largo de la frontera sur del Líbano, tanto para asegurar una zona de amortiguación, como de instalaciones futuras para asentamientos judíos. En el liderazgo israelí no hay intención alguna de retirarse de las regiones ya invadidas.
Estos acuerdos no consideran como garantes a otros países u organismos internacionales, dejando en manos de Estados Unidos ese rol, que además se compromete con el estado libanés a trabajar de conjunto con las fuerzas armadas libanesas para eliminar el peligro de la milicia. Una vez más, los intereses más concretos del gobierno de Trump pasan por los posibles negocios involucrados, en forma de reconstrucción y recuperación económica, de los cuales ellos serán los administradores de los fondos internacionales que se gestionen para tal efecto (la misma operatoria financiera que propusieron para la reconstrucción de la Franja de Gaza, y que hasta ahora no ha conseguido ningún país donante de dinero).
Así, definitivamente la cuestión libanesa es un eslabón débil en la cadena de intereses israelíes y estadounidenses en la región, ya que Irán la ha puesto encima de la mesa de negociaciones para detener las aspiraciones hegemónicas israelíes, y de paso levantar tensiones con su socio estratégico que es Estados Unidos.
La milicia de Hezbollá se refuerza, y con ello no solo está en mejores condiciones para resistir la expansión sionista, sino que lleva la contradicción al propio gobierno libanés, que se ha caracterizado por el entreguismo fácil a la política occidental en la región, y deberá enfrentarse a la presión social de un pueblo que ha demostrado siempre una lealtad a la lucha palestina.
La cuestión libanesa es muy sensible, porque sobre ella están operando intereses contradictorios que están visualizando una ventana de oportunidad para influir y obtener ventajas geopolíticas. La de Estados Unidos e Israel están muy claras, así como la de Irán, que son actualmente los actores más relevantes. Pero, asoma solapadamente el provecho que quiere obtener Turquía a través de la mano ajena de Siria, hoy gobernada por un ex terrorista conectado con ese país. Por otro lado, un poco más alejado producto de su cada vez más notoria irrelevancia aparece Francia junto a otros países europeos que quieren ser parte de las negociaciones y limpiar en algo su imagen, pero en general se encuentran con una postura de Bruselas poco dispuesta a meterse en un nuevo polvorín en Medio Oriente.
Finalmente, el nuevo dibujo geopolítico en la región sigue su curso, sustentado en conflictos poco probables de una pronta finalización.
Por Carlos Gutiérrez P.
Carta Geopolítica 99 – 30/06/2026
Fuente fotografía
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