La serie Yiya se estrenó el 13 de noviembre en Flow pero ahora llega a Eltrece. Se podrá ver en el canal de aire a partir del miércoles 4 de marzo a las 21.15. La serie, una coproducción de Flow, Kuarzo e Idealismo Contenidos, constituye un caso singular dentro de las apuestas actuales de la industria argentina, tanto por el uso combinado de formatos —con cinco episodios de 30 minutos y un especial documental— como por la acelerada reconfiguración de su elenco principal. Esta última se produjo tras la sorpresiva salida de Julieta Díaz una semana antes del rodaje, lo que forzó la designación de Julieta Zylberberg como protagonista en tiempo récord. La cobertura exclusiva de Teleshow reveló estos detalles tras entrevistar a Zylberberg, el equipo creativo y la productora ejecutiva.
El movimiento logístico detrás de la serie obligó a una decisión de casting de emergencia: la productora Maru Mosca coordinó con Flow una reunión exprés para convocar a Zylberberg. La actriz asumió el papel de Yiya Murano —la primera asesina serial argentina condenada a cadena perpetua— con un margen mínimo de preparación. Debió aprender el guion completo y construir el personaje en apenas una semana. Mosca explicó a Teleshow la complejidad del desafío actoral y la exigencia del rodaje diario bajo estas circunstancias.

Esta dinámica de preproducción acelerada impactó también en los equipos técnico y artístico, que adaptaron cronogramas y redefinieron la agenda durante seis semanas de rodaje. La estrategia permitió cumplir los plazos y presentar la serie en el Festival de Cine de Mar del Plata antes del debut en la pantalla de eltrece, programado para el miércoles 4 de marzo a las 21.15h.
Yiya —dirigida por Mariano Hueter y con guion de Marcos Carnevale— se apoya en la reconstrucción dramática del caso Yiya Murano, conocida como “la envenenadora de Monserrat”, basado en el libro y la investigación de Rodolfo Palacios. El asesoramiento directo de Palacios, sumado a la decisión de retratar los hechos en ficción —y no en formato documental—, permitió cierta libertad creativa, pero con un fuerte énfasis en la fidelidad de época y el realismo de sus escenarios.

La ambientación de los años 70 fue uno de los principales retos logísticos. El equipo de producción utilizó siete locaciones, tomando una iglesia en Parque Chas como base operativa y escenario de múltiples espacios dramáticos: geriátrico, juzgado, domicilio privado y fiscalía. El rodaje se apoyó en la conversión de estos ambientes y el detalle en vestuario, vehículos y la cartelería urbana para lograr autenticidad frente a cámara.
La estructura episódica, sigue la tendencia de la producción argentina contemporánea: historias condensadas y lanzamientos en bloque en streaming, sincronizados con estrenos en televisión abierta.

Zylberberg describió el acercamiento a Yiya Murano como un proceso “delirante” desde lo actoral: “Una mujer de sangre fría. El personaje es vacío de sentimientos y emoción”. Su interpretación debió construirse bajo presión por el cambio abrupto en el elenco, lo que la obligó a componer desde la urgencia sin perder profundidad ni matiz psicológico.
La complejidad del personaje, que alterna simpatía y manipulación según las escenas, sumó una dificultad adicional. “Ella hace de su perfil humano un personaje mediático: una señora de clase media que envenena a sus amigas con masitas, siempre impecable, con aretes y maquillaje”, detalló Zylberberg. La actriz utilizó humor negro e incomodidad moral, apuntando que el tono de la serie es “oscuro, nada caricaturesco pero sí malicioso”.

Cristina Banegas, coprotagonista al interpretar a Murano en otra etapa de su vida, aportó matices de psicopatía al personaje central. Pablo Rago, quien encarna a un periodista obsesionado con descubrir la verdad, contó a Teleshow que la dinámica con Banegas permitió profundizar la ambigüedad moral de Murano, en particular en escenas de manipulación o evasivas.
Zylberberg acotó sobre la investigación para el papel: “Aunque se trate de un caso real y esté basado en un libro, una vez que lo llevás a la ficción, construís un mundo propio”. Este enfoque marca la estrategia general de la serie: un true crime con impronta libre, orientado a la exploración psicológica más que a una simple dramatización.

El equipo transformó la iglesia de Parque Chas en un centro operativo, con los departamentos de maquillaje, peinado, vestuario y producción instalados allí. Esta estrategia mejoró la cohesión interna y redujo desplazamientos, un aspecto clave dadas las seis semanas de rodaje y la rotación constante de locaciones.
De esta forma, Yiya se consolidó como un caso de estudio sobre los desafíos y las respuestas de la industria audiovisual argentina ante contingencias, exigencias creativas y cambios en los hábitos de consumo.
completa toda los campos para contáctarnos