El factor Líbano en la crisis del Medio Oriente

El Ciudadano

Por Carlos Gutiérrez P.

En el complejo escenario que se sigue viviendo a propósito de la guerra de agresión de Israel y Estados Unidos contra Irán, que algo se ha atenuado con el alto el fuego, sigue agravándose por una derivada del conflicto que se debe a la expansión de los intereses israelíes en la región, ahora centrado en su frontera norte que limita con el Líbano, y la enorme resistencia que ofrece el grupo armado Hezbollá.

La actual confrontación sigue los pasos políticos de siempre, que es la relación entre los intereses palestinos y los israelíes, que han activado históricamente la solidaridad armada de otros referentes regionales con las reivindicaciones palestinas y la lucha frontal contra el Estado sionista.

El actual enfrentamiento militar entre Hezbollá e Israel, que tiene su campo de batalla en el sur del Líbano, plantea nuevamente una cuestión crucial, tanto en el campo de acción militar como en el político-estratégico.

Con respecto al primero, otra vez asoma la complejidad del análisis para interpretar una guerra de carácter asimétrico, entre unas fuerzas armadas altamente preparadas como las israelíes y una organización armada también muy sofisticada como Hezbollá. Por lo tanto, en todas partes surge la interrogante de qué es lo que realmente está sucediendo en el terreno, para lo cual es necesario alejarse convenientemente a una buena distancia de la retórica hegemónica de los medios de comunicación occidentales, y así escudriñar más a fondo en el carácter de esta confrontación.

La administración de la información pro israelí se concentra en los avances de sus fuerzas en el espacio territorial libanés, con una conquista sistemática del espacio operativo en que se desenvuelve la resistencia armada ¿Qué está sucediendo realmente sobre el terreno y cuál es la realidad tras los supuestos avances israelíes? Para comprender la dinámica actual, es necesario ir más allá de las ganancias territoriales superficiales y analizar el profundo cambio en la estrategia militar desplegada por Hezbollá. El núcleo de la situación reside en un cambio deliberado de tácticas que transforma la defensa territorial tradicional en una trampa de guerra asimétrica meticulosamente calculada.

Para interpretar correctamente el campo de batalla es fundamental distinguir entre la guerra del año 2024, que duró 66 días, y el conflicto actual. En 2024, Hezbollá adoptó una postura defensiva posicional, basada en aceptar un alto costo humano, pero también con menor presión israelí, ya que su esfuerzo principal seguía estando en derrotar a Hamás en la franja de Gaza. Los combatientes se mantuvieron firmes en cada aldea fronteriza, negándose a retroceder. La prioridad era la preservación territorial absoluta, y como resultado de esta defensa estática e inquebrantable, ninguna aldea fronteriza cayó en manos israelíes.

En lugar de una defensa rígida, la resistencia utiliza deliberadamente una estrategia flexible, diseñada para provocar que el ejército israelí abandone sus posiciones fortificadas.

Hoy, Hezbollá opera con una estrategia completamente diferente, en un ambiente operativo más complejo, ya que se enfrenta a todo el poder de las fuerzas armadas israelíes, pero además a la presión política del gobierno entreguista libanés. En lugar de una defensa rígida, la resistencia utiliza deliberadamente una estrategia flexible, diseñada para provocar que el ejército israelí abandone sus posiciones fortificadas. Al atraer al ejército israelí hacia el interior del territorio, Hezbollá lo obliga a extender sus líneas. Esta extensión táctica crea líneas de suministro más largas y altamente vulnerables a través de terrenos difíciles, convirtiendo a las tropas y la logística israelíes en objetivos prioritarios para emboscadas y fuego de resistencia de alta intensidad.

El ejército israelí siempre ha buscado la conquista de territorios, ya que la profundidad territorial es tradicionalmente un indicador de victoria, pero, en este contexto, la profundidad es una trampa. También se ve obligado a esta lógica territorial ya que confía en que ese asentamiento le proveerá de una zona de amortiguación para ataques a territorio israelí. El verdadero indicador de quién tiene la ventaja no es la posición del ejército israelí, sino el volumen de operaciones de resistencia a medida que avanza. Si las capacidades de Hezbollá se estuvieran destruyendo, el número de operaciones disminuiría con cada kilómetro ganado por Israel. Sin embargo, la realidad sobre el terreno muestra exactamente lo contrario: cuanto más penetra el ejército israelí, más se intensifica la resistencia. Cada avance tiene un precio más alto en vidas y armamento israelí, transformando el campo de batalla de una guerra geográfica en una brutal guerra de desgaste, una contienda de pura voluntad para ver quién tiene la resistencia para sostener la lucha. Actualmente, el ejército israelí intenta avanzar a través de tres ejes principales, pero no ha logrado establecer posiciones permanentes y estables en ningún lugar.

1- El eje de Bint Jbeil: las fuerzas israelíes lograron llegar a las afueras de la ciudad de Hadatha. Sin embargo, siguen inmersas en una batalla increíblemente feroz. En lugar de lograr un avance decisivo, las fuerzas israelíes están sufriendo un agotamiento activo de hombres y recursos, incapaces de convertir su presencia en una cabeza de playa segura.

2. El eje Yehmour: el objetivo estratégico de Israel es abrirse paso hasta la ciudad de Nabatieh. Actualmente, las tropas israelíes están estancadas en la aldea de Zoutar, justo en los límites de la cuenca del río Litani. Allí, los combatientes de Hezbollá están prácticamente inmovilizados, lanzando continuos ataques que obligan a las tropas israelíes a un agotador ciclo de avances y retrocesos. Israel se enfrenta a una auténtica crisis táctica en este sector, incapaz de sortear la geografía ni el fuego enemigo.

3. En el eje de Dibbine, la presencia israelí se limita estrictamente a la zona de Al-Arayd Al-Tahtani y los límites sureste de la ciudad. Incapaces de penetrar más profundamente en el centro del pueblo, las fuerzas armadas israelíes han recurrido a intensos ataques aéreos en el resto de la zona para abrirse paso. A pesar de la amplia cobertura de fuego, se topan con una feroz resistencia que sigue causando numerosas bajas a su infantería y vehículos blindados, frenando su avance.

Más allá del frente, la columna vertebral logística de Israel sufre ataques diarios, ya que los puntos de reunión y las líneas de suministro recién establecidas a lo largo de la frontera son atacados sistemáticamente.

Un rasgo distintivo de esta guerra es el despliegue agresivo por parte de Hezbollá de municiones merodeadoras con visión en primera persona (FPV) o drones suicidas.

Un rasgo distintivo de esta guerra es el despliegue agresivo por parte de Hezbollá de municiones merodeadoras con visión en primera persona (FPV) o drones suicidas. Hasta la fecha, las fuerzas armadas israelíes no han logrado encontrar una contramedida tecnológica o táctica para estos drones de baja altitud y alta maniobrabilidad, que eluden las defensas más fuertes y causan bajas mortales a diario entre las tropas israelíes.

El contraste entre ambas guerras revela una cruda realidad: en 2024, Hezbollá optó por luchar hasta la muerte para mantener la frontera intacta, pero en esta guerra, Israel opera completamente en territorio israelí, siendo arrastrado a un terreno preparado específicamente para su desgaste.

Esta dinámica demuestra una verdad fundamental: por mucho que se prolongue esta guerra, Israel no podrá estabilizar ni asegurar posiciones permanentes en el sur del Líbano, y sus soldados seguirán siendo blanco de ataques incluso si el conflicto se extiende durante otra década.

En definitiva, Hezbollá ha acorralado a Israel en un callejón sin salida estratégica, con solo dos opciones: continuar una guerra inútil y absurda que agotará sin cesar vidas, armamento y recursos financieros israelíes, o aceptar la realidad y retirarse por completo del sur del Líbano.

Los ataques de Hezbollá contra Israel se han sofisticado debido al uso de nuevos y masivos sistemas de drones, que han impactado en un cuartel general del ejército, han aumentado las bajas en las fuerzas de infantería, así como la destrucción de fuerzas blindadas en mayor cantidad.

Hoy, son muchas las voces en el propio Israel que alertan de la sangría de esta nueva ofensiva, tanto en equipamiento como en personal combatiente. Y, por el contrario, reconocen las nuevas capacidades armamentísticas y tácticas de Hezbollá, así como nuevas capacidades logísticas, a pesar de tanto tiempo en combate y las propias debilidades de antiguos proveedores.

El Líbano, una vez más vive la profunda contradicción entre un sistema político agotado, y la aceptación de masas a lo largo del país que tiene la milicia, que se entrega a la solidaridad con el pueblo palestino, enfrentarse a Israel y defender la soberanía territorial del país.

Por otro lado, en términos político-estratégico hay un cambio significativo en la región, y particularmente con la lucha en el Líbano. Mientras se realizan reuniones diplomáticas entre los gobiernos de Israel y el Líbano para detener el conflicto, la guerra continúa, porque la propia realidad material está demostrando que sin la participación de la milicia de Hezbollá, esas negociaciones no tienen sentido ni alcance verosímil de aplicación. De hecho, una de las exigencias para el acuerdo es la desmovilización total de Hezbollá, el que fue calificado por el gobierno libanés como enemigo del Estado.

El Líbano, una vez más vive la profunda contradicción entre un sistema político agotado -a través de un gobierno incapaz de defender su soberanía y encarar a Israel-, y la aceptación de masas a lo largo del país que tiene la milicia, que se entrega a la solidaridad con el pueblo palestino, enfrentarse a Israel y defender la soberanía territorial del país.

Desde marzo hasta ahora han sido asesinados 31 soldados del ejército libanés; el 6 de junio tras un bombardeo asesinaron a un general de brigada, un capitán y un soldado, todos por ataques israelíes que se han mantenido en la impunidad. Eso, teniendo en cuenta los acuerdos entre ambos países de negociación, entre ellos el despliegue de fuerzas libanesas en el sur del país.

Entre los puntos exigidos por Israel para un acuerdo definitivo están: transferencia del control militar del sur del Líbano a Israel; sometimiento del ejército libanés a las directivas israelíes; extensión indefinida de la ocupación.

El elemento más relevante de la coyuntura actual proviene una vez más de la postura iraní. Si hasta hace unos meses su relación con Hezbollá era de socios como parte de la red de actores que se enfrentaban a Israel y apoyaban al movimiento palestino, gozando del apoyo político y militar de Irán, hoy día su postura es más amplia y compleja, porque ha puesto sobre la mesa la defensa del propio estado libanés, como fue señalado en sus demandas de negociación que está llevando adelante con Estados Unidos.

Efectivamente, lo puso como una de las condiciones previas para el alto el fuego y amenazó más de una vez reanudar la guerra si se continuaba bombardeando el país por parte de Israel. Según el medio Axios, esto llevó a un fuerte altercado por teléfono entre Trump y Netanyahu, quien le exigía detener los ataques a Beirut porque estaban afectando las negociaciones. Y, lo más reciente, el 7 de junio declaró que no estaba contento con los ataques que Israel lanzó contra Beirut y que estos no se habían coordinado con Washington.

Irán cada vez acentúa más su liderazgo y la visión triunfadora en este conflicto, no solo por la resistencia bélica que hizo ante tamaño poder militar desplegado en su contra, sino por la forma hábil y consecuente con que está llevando las negociaciones de paz con Estados Unidos.

Pero ese era justamente el objetivo de Israel, boicotear cualquier acercamiento a la paz con Irán, y seguir involucrando a Estados Unidos en la guerra.

Esta situación deja tres conclusiones claves: por una parte, la dependencia catastrófica y mutuamente delirante entre Trump y Netanyahu. El presidente de Estados Unidos necesita terminar la guerra con una salida relativamente honrosa y rápida del conflicto en el Golfo Pérsico, para no seguir afectando su política interna y particularmente las próximas elecciones legislativas. En cambio, el líder israelí necesita justamente lo contrario, que la guerra continúe porque es su salvación política, ante los juicios pendientes que tiene y mantener la constante amenaza sobre una población que titubea políticamente ante la sombra del miedo.

Por otro lado, la insistencia de Trump por moderar a su socio israelí para avanzar en las negociaciones con Irán, no han dado resultados, lo que demuestra la actual fragilidad del poder casi omnímodo que hasta hace poco tenía sobre todos los países que han estado bajo su influjo imperial. El mandato del gran vozarrón estadounidense se tiende a agotar, y hoy son más bien un problema que se cruzan en sus objetivos políticos. Allí están los ejemplos de Israel y Ucrania que han soltado sus cadenas. Actualmente son los monstruos creados que han cobrado vida propia.

A su vez, Irán cada vez acentúa más su liderazgo y la visión triunfadora en este conflicto, no solo por la resistencia bélica que hizo ante tamaño poder militar desplegado en su contra, sino por la forma hábil y consecuente con que está llevando las negociaciones de paz con Estados Unidos. A eso se suma hoy esta nueva postura: defenderá a los estados que sean atacados por Israel, y la primera señal en eso es su compromiso con el pueblo libanés.

La experiencia reciente debiera bastar para saber que las amenazas iraníes se cumplen. El 7 de junio atacó con misiles la base aérea israelí de Ramat David, desde donde se llevan a cabo los ataques contra la población libanesa. Así es como está respondiendo a los criminales ataques israelíes sobre la capital libanesa y el asesinato de decenas de civiles, con la reanudación de ataques al propio Israel. Según el presidente del parlamento iraní, el bloqueo marítimo y los ataque contra el Líbano convierten a las bases de Estados Unidos e Israel en objetivos legítimos del ejército iraní. Afirmó que tanto Israel como Estados Unidos no entienden otro lenguaje que el de la fuerza.

A la crisis propiamente tal en el Golfo Pérsico, se ha sumado otra arista cuyo factor clave se juega en el Líbano.

Por Carlos Gutiérrez P.

Carta Geopolítica 96 – 09/06/2026

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