Cuando escribo estas líneas, han pasado menos de doce horas desde que Ferrari presentara su primer coche eléctrico. Pero lo que podría ser un lanzamiento polarizante se ha convertido en algo más o menos unánime si uno se pasa por redes sociales como X o los comentarios de Instagram. El Ferrari Luce es: feo.
Habría quien estuviera a favor de un Ferrari completamente eléctrico pero si hablamos de su pura estética, nadie parece encontrarle el sentido. No han tardado en llegar las comparaciones con un Nissan Leaf, bromas que asemejan al Luce con el Magic Mouse de Apple y su polémico puerto de carga y, por supuesto, una enorme retahíla de comentarios en los que se pone en duda que alguien pueda comprar “eso” por más de 600.000 euros.
Y eso es lo más inteligente que ha hecho Ferrari.
No, no seré yo quien defienda la estética de coche eléctrico más esperado en años. No seré yo quien diga que me gusta, porque estaría traicionando a la verdad. No seré yo quien defienda, incluso, su interior.
Pero comprendo lo que han hecho.
O creo que lo comprendo, ustedes dirán.
Ferrari es pasión.
Ferrari es deportividad.
Ferrari es el sonido del mejor V12.
Pero Ferrari también se ha convertido en algo más. Ferrari, el fabricante de coches más famoso del mundo, hace mucho que trascendió al propio mercado. La marca de Il Cavallino es moda y es diseño. Aunque a algunos no les guste (o no nos guste) esa moda o ese diseño.
Con la normativa europea actual de emisiones y por propio posicionamiento en el ideario colectivo, Ferrari necesitaba sacar un eléctrico. No es que la marca tenga problemas para trasladar las millonarias multas por exceso de emisiones de sus coches a sus clientes pero el Luce les permite ampliar su margen de beneficio por unidad vendida para que Europa no se lo estreche. Y no hay que olvidar que la ingente inversión en I+D no solo revierte en el Luce, el Ferrari F80 que es el coche más avanzado de la marca y una de esas unidades exclusivas que la firma lanza cada 10 años monta los mismos motores eléctricos para su tren híbrido. Decisiones que se mantendrán en el tiempo.
En definitiva, si Ferrari quiere seguir poniendo en el mercado un motor V12 atmosférico ganando la ingente cantidad de dinero que ganaba con cada unidad vendida no le quedaba otra que lanzar un coche eléctrico.
Llegados a este punto, la compañía tenía dos caminos por donde tirar. El primero era crear un Ferrari eléctrico. Simplemente. Una estética similar a lo que ya conocemos, pero con un sistema eléctrico de los que quitan el hipo. No habría ninguna duda de que el lanzamiento habría polarizado menos, con sus detractores asegurados pero también con sus defensores acérrimos.
La segunda posibilidad era tomar una vía alternativa, hacer algo completamente diferente. Y eso es lo que han hecho.
Ahora mismo, el mercado del superdeportivo eléctrico no existe. El Porsche Taycan cosechó un enorme éxito en sus primeros años disimulando su enorme peso con un comportamiento que nuestro compañero Héctor Ares decía no haber experimentado nunca. Pero con los años, las ventas se han ido desinflando. Mate Rimac decía que su superdeportivo, el Rimac Nevera que se vendió como el coche eléctrico más rápido y avanzado del mundo, no se vende porque el cliente siente que le están imponiendo una decisión política. Lamborghini ha cancelado sus planes de lanzar un coche eléctrico porque dice no casar con su esencia e, imaginamos, las potenciales ventas se han enfriado.
Quien busca un superdeportivo lo quiere por imagen. Pero también porque disfruta con el sonido de su motor, con el golpe seco de su cambio de marchas. Es imagen, claro, pero la experiencia lleva aparejada unas sensaciones adicionales imposibles de igualar con un coche eléctrico en estos momentos, por muy rápido que éste sea.
Interior del nuevo Ferrari Luce
La alternativa ha sido buscar un nuevo público.
La elección de Jony Ive para diseñar el interior del coche daba pistas de que, para bien o para mal, el Ferrari Luce sería diferente. Y podrá gustar más o menos pero el ejercicio de diseño es inteligente y está bien pensado. La elección del exgurú de Apple junto a Marc Newson adelantaba emociones fuertes. Y el resultado habla por sí mismo.
Según la marca, a este dúo “se le otorgó la libertad creativa necesaria para definir la dirección de diseño del proyecto desde el principio” y su colaboración con Ferrari Design Studio añadió “una perspectiva fresca y un enriquecimiento mutuo, permitiendo la introducción de un nuevo lenguaje estético”
Si tiene todo el sentido es porque Ferrari tiene perdido al purista en este segmento. Guste más o menos estéticamente, apostar por la misma línea para crear un superdeportivo eléctrico le condenaría al ostracismo. Rechazado por el ala más dura y diluido en la gama para el cliente que ya no se planteaba de partida un Ferrari.
El Ferrari Luce es el accesorio más grande del mundo. No está pensado para comprobar si ese 0-100 km/h en 2,5 segundos es real. O si es cierto que alcanza 310 km/h de velocidad punta. Tampoco para enfrentar sus casi 2.300 kg a un circuito.
El Ferrari Luce nace como complemento de lujo para la élite. Para disfrutar de los mejores restaurantes en el centro de ciudades como Londres, Nueva York o Miami. La forma de gritar que estás a la última, que por mucho dinero que tengas estás comprometido con cierto estilo de vida. Igual que un Lamborghini Urus está pensado para pasearse por la calle y no para enfrentarlo a un circuito por sorprendente que fuera su desempeño en él.
Que el coche sea el primer Ferrari cinco plazas de la historia es un buen ejemplo de la filosofía que subyace en el fondo. Enzo Ferrari decía que como cliente de Ferrari, comprabas un motor y que el resto te lo regalaba. Eso pierde sentido con un coche eléctrico y por eso el enfoque debe ser diferente.
La intención es la de atraer a un nuevo tipo de cliente. Uno que valora ir con un Ferrari entre manos pero también pone en valor que no suene y que sea cómodo dentro de una gran ciudad. Por incomprensible que le pueda parecer a algunos, el mundo está lleno de jóvenes (millenials y generación Z ya son sus principales clientes) que no tienen simpatía por esos V12 míticos pero que sienten atracción por los diseños rompedores, por las propuestas disruptivas. Siempre dentro de lo convencional que es comprarse un Ferrari.
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El Ferrari Luce está pensado más que nunca para pasear y presumir. Pero también para hacer cómodo en el día a día lo incómodo que siempre fue tener un Ferrari. Un tren motriz eléctrico te permite capar su chorro de potencia con facilidad y desplegar todo su potencial a golpe de botón.
Es el coche perfecto para el directivo que quiere presumir de un compromiso con el medio ambiente. Para el que quiere ir al club de campo y recoger a los niños en el colegio con comodidad. Para el que quiere ir asiduamente por el centro de Londres o de París para ir al último restaurante o terraza de moda sin complicaciones. Para el que se quiere posicionar como aquel que valora ese diseño incomprendido que todos parecen criticar.
Ferrari ha conseguido convertir el coche en un artículo de moda. En algo que acompaña como acompaña un bolso o un reloj de lujo. Ferrari ha creado el accesorio más grande del mundo.
Y, no lo olvidemos. Ferrari no hace coches para el común de los mortales. Ferrari hace coches para sus clientes potenciales y para seguir aumentando su base de clientes. Se ha conseguido posicionar como esa marca de lujo inaccesible para el 99% de la población, que brilla por su exclusividad pero que “todo el mundo tiene”. Ha conseguido mantener el equilibrio en la cuerda floja entre lo exclusivo y la venta de “masas”.
El Ferrari Luce no hace más que ahondar en esa idea.
Fotos | Ferrari
En Xataka | Los éxitos de ventas apuntan a un futuro de Ferrari cada vez más irreconocible: híbridos y SUV
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La noticia
El Ferrari Luce está horrorizando a casi todo el mundo. Y eso es lo más inteligente que ha hecho Ferrari
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por
Alberto de la Torre
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