El 10 de noviembre de 1942 el primer ministro británico Sir Winston Churchill, tras el triunfo en la Segunda Batalla de El Alemein en Egipto, primera gran victoria terrestre de los Aliados contra el mariscal Rommel, en medio de un banquete en la Mansion House de Londres dijo: “Esto no es el final. Ni siquiera es el principio del fin. Pero quizás sea el fin del comienzo”. Buscaba manejar las expectativas públicas, advirtiendo que, aunque el bando aliado había pasado a la ofensiva y obtenido un triunfo crucial, la guerra sería larga y difícil. Había aún mucho que ganar.
Esta fue la frase elegida por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, el domingo 9 de agosto en el programa Estado Nacional de TVN. Hablando respecto a la megarreforma de Reconstrucción aprobada y despachada por el Congreso, como “El fin del comienzo”. El ministro tiene claro cuál es el escenario político y económico de Chile. Por lo mismo, sabe que hay que cambiar muchas otras cosas. Sin duda, con la base macro aprobada, se abren nuevas opciones para reformas necesarias para enmendar el curso país. No es el fin, es el comienzo.
Por lo mismo, el ministro en esa entrevista puso sobre la mesa algunas de las próximas reformas en mira. Enfatizó en sus objetivos estructurales como un proyecto que reactive el mercado de capitales, que busca volver a tener una bolsa de comercio bullente, activa, animada y llena de movimiento, con empresas capitalizándose desde OPAs (Oferta Pública de Adquisición de Acciones). Esta acción regulada en Chile hace mucho ha estado a la baja, lo que preocupa a la Bolsa de Santiago, ya que tiene un impacto directo en la profundidad y tamaño del mercado accionario, impidiendo a los agentes medianos y pequeños participar. Por lo mismo, se busca facilitar que las medianas empresas y las Pymes emitan acciones o bonos. Del mismo modo, al recuperar la profundidad del Mercado de Capitales, debilitada en parte por los famosos e irresponsables “Retiros”, que no fueron más que medidas populistas para asegurarse reelecciones, el ministro anunció un proyecto de ley para abaratar los créditos de consumo y los hipotecarios.
Más allá de reactivar el Mercado de Capitales, el ministro hizo mención a la necesidad de reformar el Estatuto administrativo (Ley 18.834), marco jurídico que regula las relaciones laborales entre el Estado y los funcionarios públicos de los ministerios, delegaciones y servicios públicos. Esta ley fue promulgada y publicada en 1989, durante las últimas semanas del gobierno militar, para impedir que se despidiesen a los funcionarios públicos establecidos. Desde entonces se convirtió en una barrera para poder despedir, incluso a quienes no lo hacen bien o no aportan. Los empleados públicos en Chile son “dueños de su plaza”, lo que es altamente inmoral, y establece la desigualdad por ley frente al resto de los ciudadanos.
El ministro plantea convocar una comisión transversal liderada por un economista independiente para modernizar las reglas del empleo público y consolidar el ordenamiento fiscal y disminuir la rigidez del aparato estatal. Para esto hay que flexibilizar la desvinculación y la movilidad, separar los roles políticos de los técnicos, enfatizar el mérito real de la carrera funcionaria a través de evaluaciones de desempeño efectivas. Hoy todos tienen nota 7 y los problemas de las personas siguen sin solución, lo que evidencia que los bonos no son más que sobresueldos. Hay que regular la estabilidad laboral, normar los criterios de confianza legítima para el personal de contrata y buscar un símil de seguro de cesantía, hoy ausente. Este es un tema que, sin duda preocupa a muchos, ya que los empleados públicos inamovibles no tienen derecho a huelga y las hacen igual, entre otros tantos abusos.
La ANEF ya está reclamando que se revise esta prebenda de inamovilidad. Lo cierto es que quien lo haga bien, que sea premiado, pero que quien lo haga mal, debe ser despedido. No olvidemos el caso de las licencias médicas falsas donde los sumarios han despedido a muy pocos de los involucrados y un número muy menor ha devuelto los recursos defraudados. El ministro sabe que hoy, en este tema, hay “agua en la piscina”, ya que la indignación publica frente a los abusos evidentes, es alta. Del mismo modo, el ministro defendió con firmeza el fin de los subsidios estatales al diésel. Quiroz sabe que hay que ordenar los ingresos y los gastos y claramente los gastos fueron mucho más que los ingresos por largo tiempo. Hay que ordenar, apretarse el cinturón y, este subsidio, significó pérdidas fiscales por más de 2000 millones de dólares, lo que no es poco.
El gran tema es que el fin del principio requiere un compromiso en el tiempo de la clase política y eso, es lo que no está tan asegurado en Chile y esa es la razón por la que los inversores no confían. El camino, sin duda, es el correcto, el problema es que gran parte de la clase política es la equivocada. Cambiar eso es parte del fin del comienzo para un nuevo Chile.
Por Magdalena Merbilháa, historiadora y periodista.
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