El Ciudadano
Por Hugo Murialdo

“Aproximadamente quinientos años antes del evento del 458 A.C., o hace casi tres mil años de hoy, la breve y problemática asociación entre Judah y los Israelitas (“los hijos de Israel”) llegó a su fin.
Israel rechazó el credo del pueblo elegido que estaba empezando a tomar forma en Judah y tomó su propio camino. (La adopción del nombre “Israel” por el estado Sionista que fue establecido en Palestina en 1948, fue una pretensión transparentemente falsa)”.
El título y los dos párrafos anteriores, corresponden al capítulo 2 del libro La controversia de Sion, cuyo autor es el periodista y escritor británico Douglas Reed, fallecido en Durban, Sudáfrica en 1956.
Con el objeto de poner en contexto la situación actual del genocidio del pueblo palestino por parte de la entidad sionista de Israel, tomaré varios pasajes del libro de Reed, pues se trata de una acuciosa investigación, con extraordinarios antecedentes, que expone con meridiana claridad, a través de sus 720 páginas.
“Los eventos que llevaron a la infeliz y efímera unión, cubrieron los primeros siglos. El período mitológico o legendario de Moisés fue seguido por uno en Canaan durante el cual, ‘Israel’ era una entidad fuerte, cohesiva y reconocible, la confederación de las diez tribus del norte. Judah (a la que la pequeña tribu de Benjamín se unió) era una pequeña comunidad en el sur de Judah, de la cual desciende el Sionismo de hoy, era una tribu de mala reputación”.
Reed explica que algunas Escrituras (Levíticas) y las autoridades de hoy, están de acuerdo con la separación de ‘Israel’ y ‘Judah’.
Es menester aclarar que Douglas Reed comenzó a escribir este libro en 1951, e invirtió más de tres años de su vida para terminarlo y reescribirlo. El manuscrito estuvo listo para ser publicado sólo en 1956. Es decir, cuando dice “las autoridades de hoy”, se refiere a la década de los ’50 del siglo pasado.
“En el antiguo testamento, Israel es llamado a menudo ‘la casa de Joseph’, en marcada diferencia con ‘la casa de Judah’. La Enciclopedia Judaica dice, ‘Joseph y Judah representan dos líneas distintas de descendencia’ y agrega que Judah fue ‘con toda posibilidad una tribu non-Israelita”
“La Enciclopedia Británica dice que el Judaísmo se desarrolló mucho tiempo después que los Israelitas se habían mezclado con la humanidad, y que la verdadera relación de los dos pueblos se expresa mejor en la frase, ‘Los Israelitas no eran judíos’. Históricamente, Judah sobreviviría por un tiempo y llevaría el Judaísmo adelante, el cual engendró el Sionismo. Israel desaparecería como entidad”.
“El Juda-ismo era retrógrado incluso en el 458 AC, cuando los hombres en el mundo conocido estaban comenzando a sacar sus ojos de los ídolos y dioses tribales, y buscar a un dios de todos los hombres, un Dios de justicia y de amistad”.
“La idea de un Dios único, de todos los hombres, fue conocida largo tiempo antes que la tribu de Judah siquiera tomara forma, y el Judaísmo fue sobre todo el rechazo de esta idea. El Libro de los Muertos egipcio (cuyos manuscritos fueron encontrados en las tumbas de los Reyes de 2.600 años AC, más de 2.000 años antes que la ‘Ley’ Judaica fuese completada) contiene el pasaje: ‘Tú eres el único, el Dios del mismo principio del tiempo, el heredero de la inmortalidad, formado por ti mismo y nacido de ti mismo, tú creaste la tierra y el hombre’.
El credo, al cual se le dio fuerza de ley cotidiana en Judah en el 458 AC., “descansaba en la aserción, atribuida a la deidad tribal (Jehová), que los ‘Israelitas’ (de hecho, los ‘Judahítas) eran su ‘pueblo elegido’ los cuales, si ellos seguían todos sus ‘estatutos y juicios’, serían puestos sobre todos los otros pueblos y se establecerían en una ‘tierra prometida’”.
Respecto de la idea de un solo Dios, recurro a la obra de Karl Loewenstein, Teoría de la Constitución (considerada la biblia de la teoría constitucional), en la que explica la evolución histórica del constitucionalismo. Tomo la parte en la que se refiere al pueblo hebreo:
“Los hebreos. El primer pueblo que practicó el constitucionalismo fueron los hebreos. Flavio Josefo acuñó para la forma de su sociedad el término de ‘teocracia’. Desde entonces este concepto ha sido aplicado a aquellos sistemas políticos en los cuales los súbditos viven o pretender vivir bajo el dominio de una autoridad divina. En este sistema, los detentadores del poder en esta tierra –seglares o sacerdotes- son meramente agentes o representantes del poder divino…”
“El régimen teocrático de los hebreos se caracterizó –y aquí se oculta un elemento decisivo de la historia de la organización política- porque el dominador, lejos de ostentar un poder absoluto y arbitrario, estaba limitado por la ley del Señor, que sometía igualmente a gobernantes y gobernados; aquí radicaba su constitución material. Los hebreos fueron los primeros, probablemente como un efecto lejano de la reforma faraónica de Akhenaton en Egipto, que insistieron en la limitación del poder secular a través de la ley moral; gran parte de la Sagrada Escritura está dedicada a exhortar al dominador de la justicia, así como a recordarle sus deberes morales frente a sus súbditos para que la ira de Jehová no caiga sobre toda la humanidad. La política fue, pues, una función de la teología, y el poder secular estaba confiado por Dios a los detentadores del poder en esta tierra. Los profetas surgieron como voces reconocidas de la conciencia pública, y predicaron contra los dominadores injustos y carentes de sabiduría que se habían separado del camino de la Ley, constituyéndose así en la primera oposición legítima en la historia de la humanidad contra el poder estatal establecido…” (1).
Volviendo al texto de Douglas Reed, éste plantea que “La figura del propio Moisés, y su Ley, ambos conceptos fueron tomados del material que ya existía. La historia del descubrimiento de Moisés en los juncos se tomó prestada de la leyenda mucho más temprana (que es idéntica), de un rey de Babilonia, Sargon el Sabio, que vivió entre 1000 y 2000 años antes que él. Los Mandamientos se parecen mucho a los códigos de leyes, de mucho tiempo antes, de los egipcios, babilónico y assyrios. Los antiguos Israelitas construyeron en ideas actuales, y por esto al parecer, estaba en camino a una religión universal cuando fueron tragados por la humanidad”.
Entonces, “Los amos de Judah, los Levitas, diseñaron sus Leyes, también tomaron lo que ellos podrían usar de la herencia de otros pueblos y lo trabajaron dentro del material que ellos estaban amoldando. Comenzaron con el único Dios de todos los hombres, cuya voz se había escuchado brevemente desde el arbusto en llamas (en la tradición oral) y en el curso de cinco libros de su Ley escrita, se convirtió en el Jehová racista y negociador que prometía territorios, tesoros, sangre y poder sobre otros, a cambio de un ritual de sacrificio, que debía ser llevado a cabo en un lugar preciso, en una tierra específica.
Así, de esta forma, fundaron el contra-movimiento permanente a todas las religiones universales e identificaron el nombre de Judah con la doctrina de auto-segregación de la humanidad, de odio racial, de asesinatos en el nombre de la religión, y en la venganza”.
Douglas Reed, citando al rabino Elmer Berger, explica que ninguna tribu Israelita existió antes de los hebreos en Canaan: “Los Habiru (hebreos) ya se habían establecido en Canaan cuando alguien llamado Moisés puede haber guiado a algún pequeño grupo de esclavos fuera de la esclavitud egipcia… Su nombre Habiru, no denotaba identidad racial o tribal; significa ‘nómades’.”
Reed, para confirmar las expresiones del rabino Berger, recurre al “más apasionado historiador sionista, el Dr. Josef Kastein, que es igualmente específico acerca de esto: ‘Innumerables tribus Semitas y Hebreas ya se habían establecido en la tierra prometida’.
En síntesis: “El cuerpo principal de estas tribus, los Israelitas, mantuvieron el norte de Canaan. En el sur, aislados y rodeados por pueblos nativos Cananitas, una tribu llamada Judah tomó forma. Esta fue la tribu de donde emergió el credo racista y las palabras como ‘Judahismo’, ‘judaico’ y ‘judío’ en el curso de los siglos”.
Dejando, por el momento, el texto de Douglas Reed, me remito a un artículo de mi autoría, publicado con fecha 21/9/2022 en clarln.cl, y reproducido en varios portales digitales, con el título “Semitas, sionistas, nacionalistas, fascistas”, https://www.elclarin.cl/2022/09/27/semitas-sionistas-nacionalistas-fascistas/
Extraigo algunos párrafos que destaco en cursivas:
“El término semita hace referencia a la familia de pueblos que se establecieron en Mesopotamia y el Oriente Próximo, miles de años antes de Cristo. Entonces, si de verdad existiera una raza semita, los primeros serían el pueblo árabe. El semita desciende de Sem, hijo de Noé. Abraham fue hijo de Tare, descendiente de Sem, y su primogénito fue Ismael, de quien proceden los árabes, y no Isaac, patriarca de los judíos”. (Raimundo Kabchi)
Volviendo a la cita que inicia esta nota, respecto a la fórmula del antisemitismo, el abogado y experto en temas de Oriente Medio, Raimundo Kabchi, tiene una explicación; Estados Unidos y Europa crearon una norma o delito que hace temblar a muchos: el antisemitismo (hostilidad hacia los judíos basada en prejuicios religiosos o étnicos). Es una creación imaginaria, porque no existe una raza llamada semita” (El Ciudadano, 2/4/2020).
De hecho, «los semitas occidentales más antiguos de que tenemos conocimiento aparecen a finales del III milenio a.C. en el curso del Éufrates. Pertenecen al grupo llamado “amorrita” que, más al sur, se relaciona con la grandeza de Babilonia, ya que el ilustre Hammurabi era miembro de una dinastía amorrita” (2).
Sólo por citar algunos otros pueblos semitas, salto al I milenio a.C., en el que “existían varios pueblos semitas, como los fenicios, arameos, los árabes del norte y del centro y los árabes del sur”. (3) (Hasta aquí los párrafos seleccionados de “Semitas, sionistas…).
Como explica Reed, la pequeña tribu en el sur, Judah, llegó a ser identificada con la tribu de los sin tierras, esa de los Levitas. “Estos sacerdotes hereditarios, que afirmaron que sus oficios habían sido entregados a ellos por Jehová en el Monte Sinaí, fueron los verdaderos padres del Judahismo. Ellos vagaban entre las tribus, predicando que la guerra de uno era la guerra de todos, y la guerra de Jehová. Su objetivo era el poder y ellos se esforzaban por una teocracia, un estado en el cual Dios es el soberano y la religión es la ley”.
De hecho, el judaísmo formal sostiene, hasta el día de hoy, que la “consumación Mesiánica ocurrirá bajo un rey mundial de ‘la casa de David’, y la exclusión racial es el primer principio del Judahísmo formal (y la ley de la tierra en el estado sionista)”.
Justamente, eran los Levitas, con su credo racial lo que Israel rechazaba. “Los próximos doscientos años, durante los cuales Israel y Judah existieron separadamente, y a menudo en enemistad, pero lado a lado, están llenos con las voces de los hebreos, incriminando a los Levitas y el credo que ellos estaban construyendo. Estas voces todavía convocan a la humanidad a salir de la oscuridad tribal que confunde mucho del Antiguo Testamento, porque ellos critican seriamente el credo que estaba en fabricación tal como Jesús lo criticó 700 u 800 años después, cuando ya estaba largamente establecido, en el Templo en Jerusalén”.
Es así que Israel permaneció separado de Judah por su propia voluntad, y por las mismas razones que desde entonces han despertado la desconfianza y el recelo de otros pueblos. “Los Israelitas ‘no eran judíos’; los Judahítas, con toda probabilidad, ‘no eran Israelitas’.
Reed insiste: “El uso del nombre ‘Israel’ por el estado Sionista que se creó en Palestina en este siglo (XX) es en su naturaleza una falsificación”.
Dentro del apartado sobre los Levitas, Douglas Reed le dedica más de diez páginas para analizar, detalladamente, el Deuteronomio, lo que corresponde a la llamada Ley escrita. Como corresponde, esencialmente, a la concepción religiosa, tema que excede el objetivo de esta columna, sólo mencionaré algunos párrafos que permiten identificar el significado que tiene el Deuteronomio para los judíos:
“Durante los cientos de años que siguieron la conquista Asiria de Israel, los Levitas en Judah empezaron a compilar la Ley escrita. En el 621 AC produjeron el Deuteronomio y lo leyeron a las personas en el templo de Jerusalén.»
“Éste fue el nacimiento de ‘la ley Mosaica‘ que Moisés, si alguna vez vivió, nunca conoció.»
“Se llama ley Mosaica porque se le atribuye a él, pero las autoridades están de acuerdo que fue el producto de los Levitas, que entonces y después repetidamente hicieron que Moisés dijera (y de esta forma Jehová) lo que los satisficiera. Su descripción correcta sería ‘la ley de los Levitas’ o ‘la ley Judaica’.»
“Es la base de la Torah (“la Ley”) contenida en el Pentateuco, los cuales en sí mismo forman el material crudo del Talmud que nuevamente dio nacimiento a esos “comentarios” y comentarios de comentarios, comentarios que juntos constituyen la “ley” Judaica.
“Por consiguiente el Deuteronomio también es la base del programa político del dominio mundial sobre las naciones expoliadas y esclavizadas, que ha sido por largo tiempo realizada en Occidente durante este Siglo Veinte. El Deuteronomio es de relevancia directa con los eventos de nuestros días, y mucha de la confusión que los rodea se dispersa si ellos se estudian en su luz”.
“Durante ese período los Levitas en Babilonia completaron la Ley, un impacto que todas las naciones lo han sentido desde entonces. Ezekiel de la familia de los Altos Sacerdotes, fue su arquitecto principal y, probablemente, todos, los cinco libros de la Ley, como han llegado hasta aquí, llevan su marca. Él fue el padre fundador de la intolerancia, del racismo y de la venganza como religión, y del asesinato en nombre de Dios.»
«El libro de Ezekiel es el más significativo de todos los libros del Antiguo Testamento. Es incluso más significativo que Deuteronomio, Leviticus y Números, porque parece ser la fuente central de la cual las oscuras ideas de esos libros de la Ley surgieron primero”.
«Ezekiel experimentó la caída de Judah y el traslado de la secta a Babilonia, de tal manera que su libro es, en partes, un relato de un testigo visual de los eventos. Sus otras partes ‘proféticas’, muestran literalmente a ese padre fundador del Judaísmo, que fue un hombre de la oscuridad, incluso con obsesiones demoníacas; de hecho, probablemente no podrían imprimirse públicamente partes de libro de Ezekiel como algo sino Escritura”.
“El estudio de centenares de volúmenes, durante muchos años, gradualmente llevó a darse cuenta de que la verdad esencial de la historia de Sión está resumida en las veintiuna palabras del Sr. Maurice Samuel: ‘Nosotros los judíos, los destructores, seguiremos siendo los destructores para siempre… nada que hagan los Gentiles satisfarán nuestras necesidades y demandas’.
Douglas Reed, en este capítulo, se refiere a la coincidencia del nacimiento del comunismo y del sionismo: “El libro único del Dr. Chaim Weizmann es la mejor fuente de información sobre las raíces gemelas del Comunismo y del Sionismo y su propósito convergente. Él estaba presente en el nacimiento del Sionismo, y se transformó en su embajador plenipotenciario, fue durante cuarenta años el querido de las cortes Occidentales…”
“Él explica que los judíos en Rusia estaban divididos en tres grupos. El primer grupo era aquel de los judíos que, ‘buscando la paz de la ciudad’, simplemente querían transformarse en pacíficos ciudadanos rusos, como los judíos de Occidente, en su mayoría en ese momento, eran leales alemanes, franceses o ciudadanos de otros países. La emancipación era para este grupo el objetivo final, y contenía principalmente a esos judíos que, por talento, diligencia y miedo a la regla Talmúdica, habían escapado del ghetto. El Dr. Weizmann los desecha como pocos, no representativos y ‘renegados’”.
“La masa restante de judíos en Rusia, (es decir, aquellos que vivieron en el ghetto bajo el gobierno Talmúdico), estaba dividido en dos grupos por una línea vertical que cortaba hogares y familias, incluyendo al propio hogar del Dr. Weizmann y su familia. Ambos grupos eran revolucionarios; es decir, estaban de acuerdo en trabajar para la destrucción de Rusia. La disensión estaba solamente en el punto del Sionismo. El grupo ‘Comunista-revolucionario sostenía que la ‘emancipación plena’ se lograría cuando la revolución-mundial suplantara a las nación-estados por todas partes. El grupo ‘Sionista-revolucionario’, estando de acuerdo que la revolución-mundial era indispensable para el proceso, sostenía que la ‘emancipación plena’ sólo se lograría cuando se estableciera una nación judía en un estado judío”.
“De estos dos grupos, el Sionista era claramente superior en la ortodoxia Talmúdica, como la destrucción bajo la Ley es sólo un medio para un fin de dominación, y la nación dominante había sido ordenado que debía ser preparada en Jerusalén. En los hogares, la disputa era feroz. Los comunistas aducían que el Sionismo debilitaría la revolución, la cual profesaba negar ‘raza y credo’; los Sionistas afirmaban que la revolución debía llevar a la restauración del Pueblo Escogido, de cuya raza era el credo. Los miembros individuales de estos hogares probablemente creyeron que el punto en disputa era válido, pero de hecho no lo era”.
“Ninguno de estos grupos podría haber tomado forma, en esas comunidades severamente gobernadas, contra la voluntad del rabinato. Si los rabinos hubieran repartido la palabra que el Comunismo era ‘transgresión’ y el Sionismo era la ‘observancia de los estatutos y juicios’, no habría habido ningún Comunista en los ghettos, sólo Sionistas”.
Por Hugo Murialdo
Periodista, escritor, magíster en Ciencias de la Comunicación, magíster en Filosofía Política, cursos de postgrado en Estudios Latinoamericanos. Ha sido docente en la Universidad de Chile, UNAM, UAM-Xochimilco, Usach y U. de La Serena.
Douglas Reed, La controversia de Sión, Omnia Veritas, s/f., Edición original: The Controversy of Zion, Dolphin Press, Durban, (Sudáfrica), 1978. (Todos los textos entre comillas, que no tienen referencias, están tomados textualmente de este libro en su traducción castellana; he mantenido los gentilicios con sus iniciales en mayúsculas como en el texto original).
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