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El Foro de Madrid en Chile y las nuevas dinámicas del neofascismo del siglo XXI.

El Ciudadano

A seis meses de la instalación de un gobierno de ultraderecha en Chile, nuestro país se convierte en la sede del Foro de Madrid que articula las ideas neofascistas del siglo XXI. Este espacio de articulación internacionalista debate sobre la amenaza del comunismo, el estado de derecho, el imperio de la ley, la separación de poderes, la libertad de expresión y la propiedad privada, principios explícitamente declarados en su manifiesto fundador, la Carta de Madrid.

Por Pablo Monje-Reyes

Quien revise estos enunciados podría asumir, legítimamente, que se trata de un seminario sobre ideas conservadoras y democráticas, en el que participan colectividades que gobiernan o han gobernado sus países de origen. Sin embargo, no cabe duda de que han alcanzado el poder institucional mediante mecanismos democráticos, emulando la trayectoria con la que el nazismo accedió al poder en la Alemania en la primera mitad del siglo XX. Frente a este escenario, la pregunta que emerge es: ¿cuáles son las prácticas políticas que los unen y que buscan coordinar e implementar a nivel intercontinental?

Para responder, es preciso examinar la evidencia teórica sobre los partidos de extrema derecha de Europa. Como sintetiza Cas Mudde (2000) en su estudio sobre esta familia política, el núcleo ideológico compartido se articula en torno al «nacionalismo, el chovinismo del bienestar, la xenofobia y la doctrina de ley y orden». Profundiza en el concepto de nativismo, definiéndolo como la ideología que sostiene que los Estados deben ser habitados exclusivamente por los miembros del grupo nativo («la nación»), considerando a los elementos no nativos —tanto personas como ideas— como una amenaza fundamental para la homogeneidad del Estado-nación.

Asimismo, en el ámbito de la seguridad, Mudde demuestra que estas orgánicas buscan sin excepción endurecer las penas y ampliar los tipos penales. En la praxis neofascista, los «criminales» señalados rara vez son enemigos externos; se trata de actores internos, principalmente opositores políticos. Por su parte, la dimensión populista de estos movimientos construye su narrativa en torno a un enemigo central: «la élite», una categoría vaga que engloba a actores políticos, económicos y culturales. La élite burguesa es impugnada doblemente: desde el nativismo, como traidora a la patria, y desde el populismo, como corruptora del pueblo.

En el contexto norteamericano, el movimiento Alt-Right (derecha alternativa) presenta una evolución conceptual muy análoga. Surgido a finales de la década de 2010 como un entramado descentralizado e intensivo en el uso de plataformas digitales, este sector reaccionó tanto contra el conservadurismo tradicional como contra el progresismo liberal. Su ideología combina nacionalismo blanco, nativismo y rechazo irrestricto a la inmigración, bajo una narrativa articulada sobre la «identidad europea» y la preservación de la civilización occidental frente a la denominada «corrección política». A diferencia de la derecha clásica, la Alt-Right instrumentalizó la estética de Internet —memes, ironía y foros anónimos— para propagar discursos de odio, misoginia y antiislamismo, buscando normalizar posturas radicales a través de la denominada batalla cultural.

En esta misma línea conceptual, Jason Stanley (2024) advierte que la retórica neofascista sobre el orden público cumple la función táctica de fragmentar a la sociedad en dos categorías contrapuestas: aquellos que pertenecen a la «nación elegida» —quienes respetan la ley por mandato natural— y aquellos que no pertenecen, conceptualizados como desobedientes por naturaleza. Bajo la lógica política fascista, las mujeres que desafían los roles de género tradicionales, las minorías étnicas, la comunidad LGTBIQ+, los migrantes, los sectores cosmopolitas y quienes no profesan la religión dominante representan, por su sola existencia, una amenaza directa al orden público.

En este marco doctrinario se adscribe el Foro de Madrid. Resulta verosímil plantear que los ejes estructurales de las reformas impulsadas por el actual Gobierno de Chile encuentran su sustento ideológico en estos intercambios estratégicos internacionales, promovidos con orgullo por el propio Presidente de la República como uno de sus fundadores y principales impulsores.

En síntesis, no estamos presenciando meras dinámicas discursivas o retóricas. Asistimos a la consolidación y fortalecimiento de mecanismos de dominación orientados a legitimar políticas de exclusión y violencia, operando como la construcción simbólica necesaria para articular una base social amplia en torno al proyecto neofascista del siglo XXI. De eso se trata, en su fondo, el Foro de Madrid.

Bibliografía Revisada.

Mudde, C.; (2000); “The ideology of the extreme right”; Manchester University Press; Manchester and New York; pp. 179

Mudde, C.; (2007); “Populist radical right parties in Europe”; Cambridge University Press; UK. Pp. 22

Stanley, J. (2022); “Cómo funciona el Fascismo”; Blackie Book; Barcelona España. Pp. 106

Nota: Desde mi perspectiva, nos encontramos ante una rearticulación contemporánea de los principios fascistas del siglo XX, la cual puede catalogarse como un neofascismo del siglo XXI. Aunque este debate dista de estar cerrado, existen matices conceptuales clave: mientras Cas Mudde caracteriza a estos grupos no como neofascistas, sino como una extrema derecha heterogénea y radical, autores como Jason Stanley sostienen que expresiones como la ultraderecha estadounidense responden cabalmente a una dinámica de corte fascista.

Pablo Monje-Reyes

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Agosto 31, 2026 • 56 min atrás por: ElCiudadano.cl 27 visitas 2430596

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