Lo que comenzó como “rutina municipal” para matar roedores y olores nauseabundos de una antigua fosa minera desencadenó, el 27 de mayo de 1962 en Centralia, Pensilvania, un éxodo total de vecinos y una ciudad que aún arde a más de 500 grados y a 90 metros de profundidad
completa toda los campos para contáctarnos