Mohamed Siali
Rabat, 15 may (EFE).- Marruecos defiende el Gasoducto Africano Atlántico (AAGP), que se firmará este año con 13 países participantes, como una infraestructura clave para reforzar su papel de hub logístico del gas hacia Europa, en un contexto marcado por las turbulencias que afectan a los corredores de Oriente Medio y del este europeo.
Según responsables marroquíes consultados por EFE, este proyecto que conectará Europa con Nigeria vía Marruecos ofrece al país magrebí una garantía para su transición energética.
Además, se perfila como un eje logístico y de seguridad energética para tejer vínculos estratégicos y relaciones de interdependencia estables entre los países participantes, así como entre estos y Europa.
Está previsto que antes de que termine este año se firme un acuerdo intergubernamental entre los 13 países atlánticos que atravesará el gasoducto, de 6.900 kilómetros de longitud, desde el delta del Níger hasta el norte de Marruecos, con un coste total estimado en 25.000 millones de dólares.
Se trata de un coste muy elevado que, según las fuentes consultadas, contará con una aportación financiera de Emiratos y Estados Unidos.
Marruecos apuesta por una transición energética en la que el gas desempeñará un papel de apoyo para sustituir progresivamente al carbón en la producción de la electricidad, al tiempo que avanza en el desarrollo de sus propios recursos, como el yacimiento de Tendrara, en el este del país, que inyectará anualmente 100 millones de metros cúbicos al mercado.
No obstante, Sound Energy PLC, que explota ese sitio, anunció en 2025 un potencial de gas no descubierto en la misma zona de 20 trillones de pies cúbicos, mientras se prevé que el consumo anual de gas en Marruecos aumente a 1.700 millones de metros cúbicos para 2030 y a 3.000 millones para finales de la próxima década.
En ese contexto, varias centrales eléctricas dejarán de funcionar con carbón y recurrirán al gas como energía de transición, en paralelo a una estrategia más amplia de electrificación, explicó a EFE el miembro del Consejo Económico, Social y Medioambiental de Marruecos (CESE) Lahcen Oulhaj.
Marruecos, que importa el 90 % de sus necesidades energéticas, aspira a que más del 52 % de su energía sea limpia en 2030. Actualmente, la capacidad instalada en energías renovables en el país es del 45 %.
El país magrebí busca reducir su dependencia del petróleo importado, sobre todo en el transporte, y consolidarse como un corredor energético hacia Europa, en un esquema en el que obtendría principalmente ingresos por el tránsito y el uso de la infraestructura, más que por un suministro directo a gran escala.
El gasoducto, que sigue una ruta híbrida marítima-terrestre, tendrá una capacidad para 30.000 millones de metros cúbicos anuales (15.000 millones para Marruecos y exportación a Europa) y alimentará también a Níger, Burkina Faso y Mali, los tres países del Sahel que no tienen acceso marítimo y a los que Rabat se comprometió a conectar con su infraestructura portuaria.
Este corredor reduciría la exposición marroquí y europea a fluctuaciones logísticas de Oriente Medio, ofreciendo gas de yacimientos nigerianos, mauritanos y senegaleses a bajo coste por tres tramos independientes (Nigeria-Costa de Marfil, Costa de Marfil-Senegal, Senegal-Marruecos), según datos de la Oficina Nacional de Hidrocarburos de Marruecos (ONHYM) a los que tuvo acceso EFE.
Para Europa, el AAGP supone una alternativa clave para disminuir la dependencia del gas ruso, reforzando un eje energético atlántico que posiciona a Marruecos como puente África-Europa, y crea una alianza económica que genera empleo y desarrollo social en la fachada atlántica africana, según la ONHYM.
El proyecto avanza tras la culminación en 2024 de los estudios de viabilidad, los acuerdos con las petroleras nacionales de los países participantes y la aprobación del acuerdo intergubernamental en la 66 cumbre de la CEDEAO, que será firmado este año.
Asimismo, las partes implicadas preparan la decisión final de inversión y la creación de la autoridad encargada de la ejecución del proyecto.
Respecto al impacto medioambiental, Oulhaj comparó los efectos con los de las estaciones de desalación de agua, que según estudios realizados no tienen impacto significativo en áreas amplias.
"El gasoducto, al instalarse, por supuesto las obras molestarán temporalmente, pero una vez colocado, no hay problema", precisó, y añadió que se baraja crear fábricas para producir localmente las tuberías que se utilizarán. "Si hay voluntad y financiación, el asunto tomará como máximo 15 años", estimó Oulhaj. EFE
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