El Estrecho de Ormuz no fabrica semiconductores ni alberga centros de datos. Sin embargo, su cierre efectivo desde el 4 de marzo amenaza con desestabilizar el corazón de la economía tecnológica global. Taiwán, que a través de TSMC fabrica en torno al 90% de los semiconductores más avanzados del mundo, funciona con energía importada, y una gran parte fluía por ese estrecho.
La conexión entre un conflicto en Oriente Medio y el precio de una GPU no es metafórica. Es totalmente física.
Por qué es importante. Lo que Trump ha calificado de "excursión menor" arrancó el 28 de febrero como una intervención militar contra el liderazgo iraní y ha derivado en el cierre casi total del paso que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico.
Por ahí suele pasar el 20% del gas natural mundial y el 25% del petróleo global. Ahora, prácticamente nada pasa.
Entre líneas. El problema para la industria de los chips no es el petróleo, sino dos recursos mucho menos visibles:
Taiwán solo tiene reservas de GNL para 11 días sin importaciones externas. Corea del Sur tiene 52; Japón, tres semanas.
El contraste. Corea del Sur y Japón llevan años construyendo colchones de seguridad energética precisamente porque saben lo que dependen del exterior. Taiwán, en cambio, ha priorizado históricamente el coste sobre la resiliencia: su capacidad de almacenamiento de GNL es muy inferior a la de sus vecinos, y eso ahora le pasa factura.
No es solo una cuestión de días de reserva. Es que Samsung y SK Hynix operan en un país con infraestructura de emergencia más robusta, mientras TSMC, la empresa de la que depende prácticamente todo el ecosistema tecnológico global, resulta ser la más expuesta de todas.
Sí, pero. Las empresas no están cruzadas de brazos:
Morgan Stanley estima que varios cargamentos adicionales se dirigen ya hacia la isla, aunque Taiwán probablemente ha pagado una prima notable por ellos. Esa prima se traducirá en un alza de precios con toda probabilidad.
La gran pregunta. El verdadero riesgo no es el corte inmediato, sino cuánto dura esto.
Los consumidores que esperen GPUs para gaming serán los últimos de la fila.
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La noticia
El golpe más inesperado de la guerra de Irán no es el precio del petróleo. Es el de los chips
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Javier Lacort
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