El Ciudadano
Por Carlos Gutiérrez P.

Después de la visita del presidente Trump a China, vino inmediatamente la programada con el presidente ruso Vladimir Putin (19 y 20 de mayo), confirmando la importancia del papel chino en la coyuntura mundial, y también lo decisivo que está siendo la estrecha relación entre ambos países.
Es indudable que la asociación entre ambos abarca amplias esferas de cooperación, pero particularmente lo relativo a la visión crítica del mundo actual y el horizonte de un escenario distinto, con un diseño político estratégico multicentral que genere las condiciones para el desarrollo de todos los países en base a su soberanía, comercio justo y equilibrado, y normas internacionales fundamentados en el derecho internacional conforman el eje de la relación.
Ambos tienen razón cuando califican sus relaciones como una asociación estratégica.
Y, por supuesto, este nivel de acuerdos no pasa desapercibido en Occidente, aunque los medios de comunicación pusieron el énfasis en los documentos firmados en el ámbito económico, que en sí mismos ya reflejan el enorme potencial que conforma esta asociación, y la posición de liderazgo que asumen en otros espacios de cooperación multilateral, como es el caso de los BRICS+, la Organización de Cooperación de Shanghái y el espacio euroasiático.
El Financial Times y The Economist destacaron el mega proyecto de Power of Siberia 2, que vendría a ser una ruta energética clave para el desarrollo de ambos países, y que confirmaría la tendencia al aseguramiento de ese recurso básico alejado de zonas críticas y asentada en el eje asiático.
Finalmente, fueron 40 documentos firmados, entre ellos acuerdos entre el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) y grupos chinos de arquitectura e investigación, que suscitaron una atención particular. Esta es una señal de que Rusia se está integrando en el entorno tecnológico y de estandarización chino, lo que hará que su regreso a los mercados occidentales en el futuro sea técnicamente extremadamente difícil. Es una nueva confirmación de que la tendencia rusa de su desarrollo tiene una orientación hacia Oriente producto de las profundas tensiones geopolíticas con Europa y por el desplazamiento mundial de la centralidad global hacia el espacio Asia-Pacífico.
Pero, la cuestión central que concentró las opiniones a través de los medios de comunicación fue el ámbito político-estratégico que se deslizó a través de declaraciones y documentos firmados.
El principal de ellos fue la “Declaración sobre el establecimiento de un Mundo Multipolar”, que según estos medios fue un intento de China y Rusia por crear una “ONU alternativa”. Los medios occidentales coinciden en el punto de que esta cumbre ha puesto fin a las aspiraciones hegemónicas de Occidente y que se avecina una nueva era, caracterizada por el multipolarismo, con sus principales polos en China y Rusia.
Ahora, con la creciente resurrección del fascismo y el militarismo, Pekín ya no solo se remite a una referencia histórica, sino que también es un elemento de análisis para la comprensión geopolítica actual.
Se destaca que la principal sensación de la reunión no estuvo centrada en los acuerdos comerciales ni tampoco en nuevos contratos militares, sino en la convergencia ideológica. Una diferencia esencial en el encuentro que tuvo con el presidente estadounidense, en que solo se prometieron acuerdos comerciales, e incluso de muy bajo nivel.
Toda la prensa occidental, estadounidense y europea, expresaron que esta convergencia llevó a que el líder chino asumiera los mismos conceptos que Rusia ha utilizado permanentemente para criticar a las políticas occidentales. Los medios han calificado esto no solo como una convergencia de socios, sino como un frente ideológico unido.
El momento clave de las conversaciones fue la declaración de Xi Jinping de estar dispuesto a “resistir el surgimiento de los signos del fascismo y el militarismo”. Los medios occidentales interpretaron esto como una declaración de guerra contra los valores. Bloomberg señaló que esta retórica es una “exportación directa” del discurso ruso a la ideología estatal china. Por supuesto, los medios occidentales hacen caso omiso de los avances militaristas de la Europa-OTAN, especialmente de Alemania, y del Japón para el caso asiático. El interesado olvido de la Segunda Guerra Mundial, que tuvo a estos dos países como los iniciadores, no pasa desapercibido justamente en Rusia y China, quienes fueron los que más sufrieron en esa contienda.
Anteriormente, el presidente chino se limitaba a frases vagas sobre la multipolaridad y la defensa de los resultados de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, con la creciente resurrección del fascismo y el militarismo, Pekín ya no solo se remite a una referencia histórica, sino que también es un elemento de análisis para la comprensión geopolítica actual.
Los medios occidentales interpretan esto como un apoyo directo a la narrativa rusa, y además como un ataque simultáneo a Japón y la emergente “OTAN asiática”, que tiene en el bloque AUKUS una base de sustentación.
Según el diario británico The Guardian las similitudes entre las formulaciones de Xi Jinping y Vladimir Putin indica que los líderes han alcanzado un alto nivel de confianza, y que se expresa en la utilización de un lenguaje común. Asevera que “No son solo palabras; son la creación de una nueva normalidad, donde Occidente en su conjunto es oficialmente etiquetado como heredero de las ideologías destructivas del pasado”.
En el caso mediático ruso, el acento estuvo dado justamente en la proyección que tiene esta relación. El analista Mayorov lo sintetiza de esta forma “Es crucial que la Unión Económica Euroasiática (UEEA) esté atravesando una seria prueba de estrés geopolítico. Los temas clave de la cumbre —superar las barreras de las sanciones, garantizar pagos transfronterizos ininterrumpidos en monedas nacionales y crear nuevos corredores logísticos— son físicamente imposibles de resolver sin la participación de China, o, mejor dicho, sin su benevolente neutralidad. Por lo tanto, nos encontramos ante una clásica alianza diplomática: Rusia establece el marco con su socio estratégico y sus aliados lo implementan”.
En el campo de la cooperación bilateral, uno de los puntos centrales del comunicado final dice relación con la postura conjunta en contra de las sanciones unilaterales y las medidas restrictivas, que son usadas para frenar el desarrollo de otros estados.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China declaró que las relaciones bilaterales han entrado en una nueva etapa, en un ambiente que se mantuvo con conversaciones profundas, cordiales y fructíferas. Enumeró los principales objetivos de la cooperación:
1.- Consolidar una confianza política mutua de mayor calidad y brindarse un firme respaldo estratégico.
2.- Potenciar una cooperación de beneficio para ambos de mayor calidad y avanzar conjuntamente en el desarrollo y la revitalización de cada uno.
3.- Promover una mayor conexión entre los pueblos y profundizar los cimientos de la amistad generacional entre ambos países.
4.- Llevar a cabo una coordinación internacional de mayor calidad y reformar y perfeccionar la gobernanza global.
En el campo de la cooperación bilateral, uno de los puntos centrales del comunicado final dice relación con la postura conjunta en contra de las sanciones unilaterales y las medidas restrictivas, que son usadas para frenar el desarrollo de otros estados.
El intercambio comercial entre ambos países supera los 200.000 millones de dólares por tercer año consecutivo. Junto a este creciente comercio, las partes también han dejado de utilizar en gran medida las divisas extranjeras en sus pagos, realizándolas en sus respectivas monedas nacionales, el yuan y el rublo.
En el clave sector energético se siguen esbozando planes para ampliar los proyectos conjuntos, tanto en gas como en petróleo, considerando que actualmente Rusia es el mayor proveedor con un 20 % del total de las importaciones chinas de este hidrocarburo. También se adelantaron conversaciones de la cooperación en el ámbito de la energía nuclear.
La cuestión esencial fue la prórroga del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación (que cumplió 25 años de su firma), que contiene asuntos esenciales, especialmente en el campo político. En la declaración conjunta se condenan las políticas hegemónicas que obstaculizan la construcción de un mundo multipolar, reiterando su firme oposición al “hegemonismo”, “unilateralismo” y al “retorno a un mundo donde solo rige la ley del más fuerte”.
En cuanto a la visión que tienen de determinadas zonas y conflictos existentes, ambos líderes condenaron los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán…
En ese sentido, y contra las tesis occidentales, respaldan el rol central de Naciones Unidas en la política internacional, en un contexto de creciente rivalidad geopolítica, conflictos locales e inestabilidad global.
En la declaración se destaca que las turbulencias actuales son “alimentadas por la política agresiva de una serie de Estados que actúan con lógica hegemónica y neocolonial, atentan contra la soberanía de los países y frenan su desarrollo económico a través de sanciones…”.
Acusan tajantemente la violación del derecho internacional “por el lanzamiento desleal de ataques militares contra otros países, el uso hipócrita de las negociaciones como pretexto para preparar dichas ofensivas, el asesinato de representantes de gobiernos de Estados soberanos, la desestabilización de la situación política interna en esos Estados y la provocación de cambio de poder en ellas, así como el descarado secuestro de líderes nacionales para someterlos a un juicio”. No había posibilidad de dejar más clara la denuncia sobre la política de Estados Unidos.
En una crítica fuerte hacia la OTAN europea advierten que algunos países con armas nucleares “en su fe ciega de la ley del más fuerte”, intentan obtener una ventaja militar absoluta desplegando infraestructura militar estratégica cerca de otros Estados nucleares y amplían sin control las alianzas militares.
En cuanto a la visión que tienen de determinadas zonas y conflictos existentes, ambos líderes condenaron los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán ya que “violan el derecho internacional y las normas fundamentales de las relaciones internacionales”, socavando gravemente la estabilidad de Medio Oriente.
Expresaron su apoyo al estatus de América Latina y El Caribe como zona de paz, así como la lucha de los Estados latinoamericanos “por elegir de forma autónoma sus vías de desarrollo y sus socios”. Sobre el Ártico declaran oficialmente preservar la región como territorio de paz y estabilidad, asumiendo la importancia comercial que tiene la Ruta Marítima del Norte, la existencia de ricos recursos minerales, así como para la investigación científica y los efectos del cambio climático. En relación a África apoyan la independencia y el desarrollo autónomo del continente, eliminado nuevas formas de colonialismo y explotación severa de sus riquezas básicas, que sigue manteniendo inmensas poblaciones en una profunda miseria y sangrientas guerras internas, con el apoyo europeo a determinadas agrupaciones de carácter terrorista.
Sobre sus respectivas realidades, Rusia respaldó el principio de una sola China, reconociendo a Taiwán como parte inalienable del territorio chino. Por su parte, China apoyó los esfuerzos de la parte rusa para “garantizar la seguridad y la estabilidad, el desarrollo nacional y la prosperidad, la soberanía y la integridad territorial, y se opone a la injerencia externa en los asuntos internos de Rusia”.
…la importancia de los acuerdos de esta cumbre es que no son simbólicos, sino la declaración de una decisión exterior de principios, ya que ambos Estados demuestran su determinación de seguir construyendo un mundo multipolar y más seguro.
La importancia estratégica de esta cumbre y los acuerdos allí firmados y ratificados son expresados claramente por el canciller ruso, Serguei Lavrov en una entrevista al periódico chino Shanghai Media Group, afirmando que las relaciones entre ambos países se fundamentan en los principios de respeto mutuo, beneficio recíproco y consideración de los intereses de cada parte. Actualmente, estas dos grandes potencias en el contexto actual de sus relaciones bilaterales desempeñan un papel estabilizador en la escena internacional, considerando que la actual inestabilidad geopolítica sacude a casi todas las regiones del mundo, siendo las relaciones chino-rusas las que devuelven el equilibrio y la estabilidad.
Por su parte, el medio Global Times (medio internacional oficial del Partido Comunista de China) en su editorial del 21 de mayo formula sus conclusiones, que debieran considerarse como tres tesis políticas:
1.- La “amistad eterna de buen vecino”, la “cooperación estratégica integral” y la “colaboración mutuamente beneficiosa”. El orden de los conceptos se considera clave: primero la amistad, la estrategia lo segundo y el beneficio lo tercero. Esta es una jerarquía en la que se da a entender que la prioridad son la estabilidad y las garantías de una retaguardia sólida y el dinero está en último lugar.
2.- El segundo elemento clave es el énfasis en la simetría y la igualdad, subrayando que la asociación se construye sobre la base de la igualdad, el respeto y el beneficio mutuo. No es una retórica casual teniendo en cuenta las asimetrías económicas entre los dos países, pero esta insistencia pública en la igualdad es una forma de gestionar la asimetría, impidiendo que se vuelva políticamente tóxica.
3.- La tercera tesis se expresa en los enunciados de “mundo multipolar” y “sistema justo de gobernanza global”. Es una propuesta de dos potencias, miembros del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la reorganización del orden mundial, sosteniéndola sobre la necesaria renovación de los actuales mecanismos de gobierno global.
Tanto China como Rusia desean una configuración ordenada de un mundo multipolar que debe basarse en la Carta de Naciones Unidas, la que sin perjuicio de lo anterior debe renovarse y especialmente reformar el Consejo de Seguridad, ampliando su representación a países de Asia, África y América Latina. La aprobación de la Declaración Conjunta se lee como una clara respuesta de China a la propuesta estadounidense de dividir el mundo a través del formato G-2, y repetir la experiencia de un mundo dividido ideológicamente en una mecánica bipolar. Por eso, la importancia de los acuerdos de esta cumbre es que no son simbólicos, sino la declaración de una decisión exterior de principios, ya que ambos Estados demuestran su determinación de seguir construyendo un mundo multipolar y más seguro.
Por Carlos Gutiérrez P.
Carta Geopolítica 95 – 02/06/2026
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