Antonio Hermosín
Bruselas, 7 sep (EFE).- El 11S y la posterior invasión de Irak fracturaron a la Unión Europea en dos bandos a favor y en contra de esa guerra, pero también empujaron a Bruselas a buscar su propia voz en materia de seguridad y de exteriores, además de alimentar una desconfianza hacia Washington que no ha hecho sino empeorar en los últimos años.
Los ataques de las Torres Gemelas y la respuesta de Estados Unidos, su 'War on terror' ('Guerra contra el terrorismo'), desencadenaron consecuencias duraderas también para el club europeo en su proyección exterior, cooperación en justicia e interior y en la relación con su aliado al otro lado del Atlántico, efectos que perduran 25 años después.
La invasión de Irak impulsada por el presidente estadounidense George W. Bush generó una profunda división dentro de la UE, con Francia y Alemania por un lado liderando la oposición al unilateralismo estadounidense, y del otro, España, Reino Unido, Portugal -participantes en la recordada Cumbre de las Azores- e Italia encabezando el apoyo la intervención.
El entonces secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, describió esta división como una entre la "Vieja Europa" -la contraria a la guerra con el eje en París y Berlín- y la "Nueva Europa", "con un centro de gravedad que se desplaza hacia el este" y donde se situaban entonces muchos nuevos aliados de la OTAN.
Rumsfeld puso el dedo en la llaga sobre cómo muchos de los más jóvenes estados miembros de la UE y de la OTAN prefirieron alinearse con Estados Unidos, atraídos por sus garantías de seguridad, en lugar de apostar por "la emergente y aún no probada Política Exterior y de Seguridad Común de la UE", según un informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo.
Bruselas afrontó esta fragmentación apostando por su Estrategia Europea de Seguridad, adoptada en 2003 con Javier Solana como alto representante de la UE para Exteriores y Seguridad en la época.
Con este plan, Bruselas buscaba dotarse de una doctrina propia bautizada por Solana como "multilateralismo eficaz", una respuesta clara al unilateralismo estadounidense y cimentada sobre un orden internacional basado en la cooperación y en instituciones como Naciones Unidas.
Los expertos señalan las guerras de Afganistán y sobre todo la de Irak, lanzadas por Washington a raíz del 11S, como un punto de no retorno en las relaciones a ambos lados del Atlántico debido a la deriva de ambas campañas y a las justificaciones empleadas por Estados Unidos.
La ruptura de reglas internacionales por parte de EEUU en el caso de su invasión a Irak "erosionó su estatus hegemónico", señala Zachary Paikin en un artículo del Centro de Estudios de Política Europea.
"Ningún desacuerdo previo en las relaciones transatlánticas había sido tan tóxico para la confianza y la solidaridad", recoge por su parte un informe publicado por el Instituto de Estudios de Seguridad de la UE en 2020.
Aunque hubo intentos posteriores de reparar lazos por parte de administraciones estadounidenses como la de Barack Obama, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2017 y su desprecio al multilateralismo, al derecho internacional y al proyecto europeo - intensificado durante su segundo mandato - han sumido las relaciones trasatlánticas en un punto aún más bajo y obligado a la UE a buscar una mayor autonomía estratégica.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 desencadenaron una transformación radical en la arquitectura de seguridad interna de la UE, mediante la creación de una red de cooperación policial, judicial y penal que armonizó unas áreas hasta entonces claramente compartimentadas a nivel nacional y con escasos intercambios.
Destaca en este sentido la creación de la euroorden (Orden Europea de Detención y Entrega) en 2002, que sustituyó la vía diplomática y los lentos procesos de extradición antes empleados por un proceso más ágil y automático efectivo a nivel comunitario.
La UE decidió además fortalecer sus brazos operativos judicial y policial. Europol y Eurojust vieron expandidas sus competencias en inteligencia compartida, lucha contra la financiación del terrorismo y control de fronteras.
La exposición del club europeo a la amenaza terrorista se materializó en los atentados de Madrid de 2004, con cerca de 200 fallecidos, y de Londres en 2005, con medio centenar, ataques que supusieron el impulso definitivo para una nueva política de seguridad interna y derivaron en la primera estrategia antiterrorista de la UE ese último año. EFE
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