La primera vez que me interrogó la policía yo tenía catorce años. Había escapado de la casa de mis padres. No podía respirar tranquilamente estando cerca de mi padre. Temía que, una vez más, me insultase, me pegase. Por eso robé una joya de mi madre, subí a un autobús rumbo al centro de la ciudad, malvendí la alhaja y, con ese dinero, me alojé en un hostal de tres estrellas, en una calle poblada por putas, borrachos y malandrines
completa toda los campos para contáctarnos