El 26 de febrero de 1976, el golpe de Estado estaba en marcha. Un informe secreto de la embajada de Estados Unidos interpretaba, para entonces, que la solución a la crisis no parecía tener resortes constitucionales. Una fuente anónima, sindical y peronista planeaba una estrategia de diálogo con la futura dictadura y ya avizoraba que el golpe sucedería entre el 3 y el 15 de marzo: se equivocó por poco
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