Madrid, 8 jul (EFE).- El Museo Lázaro Galdiano recupera la figura y obra de Isabel Matoses, pionera y maestra de toda una generación de fotógrafos, que ha permanecido “absolutamente olvidada e invisibilizada” desde los años 80.
Así lo ha descrito la directora del museo y comisaria de la muestra, Begoña Torres, quien ha reunido unas 70 imágenes “para descubrir a una de las figuras pioneras y más singulares de la fotografía experimental española de la Transición” en una exposición que podrá visitarse hasta el 6 de septiembre.
Activa en los años 70 y 80 del siglo pasado, Matoses entendía la fotografía como creación artística experimental y así, por medio de manipulaciones técnicas y con una mirada subjetiva, desarrolló una obra innovadora afín al Pop Art, el Op Art y la estética psicodélica.
Por medio de procesos como la solarización, la superposición de tramas o los virados, Matoses “transformaba las fotos reales en otra cosa”, imágenes repetidas con las que experimentaba una y otra vez hasta lograr fotografías abstractas, psicodélicas y oníricas.
Así estatuas como la del ‘Ángel Caído’ del Parque del Retiro de Madrid o la de Hernán Cortes, en la plaza de Trujillo (Cáceres), se repiten una y otra vez en versiones cada vez más irreales.
Retratos de hombres ilustres, como el expresidente Adolfo Suárez, don Juan de Borbón o Camilo José Cela; vistas de playas, plazas y campos; artistas como María Dolores Pradera o Lucía Bosé aparecen todos manipulados técnicamente y siempre en blanco y negro.
Licenciada en Derecho y Periodismo en Madrid, y formada en Roma en 1969, Matoses expuso en Roma y Madrid, y publicó en periódicos de la época como el Diario YA o en Sábado Gráfico.
En 1973 regresó a la capital española y estableció su estudio de carácter vanguardista en la Plaza del Alamillo, donde, en un momento en el que no existía ninguna escuela de fotografía, creó la suya por la que pasaron decenas de aspirantes a fotógrafos que, en un entorno informal y de manera artesanal, aprendieron a mirar y experimentar.
A su muerte, en 1985, la obra de Matoses quedó dispersa en colecciones privadas y archivos familiares y su figura olvidada por los historiadores, hasta que, de manera fortuita, Torres se topó con unas fotos suyas y decidió sacarla del olvido y recuperar su memoria. EFE
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