El poniente almeriense es mundialmente famoso por una estructura colosal que se puede ver desde el propio espacio, como es el 'mar de plástico'. Miles de hectáreas de invernaderos que actúan como un auténtico motor agrícola para toda Europa, que tiene una cara B microambiental que la ciencia acaba de ver al analizar todo lo que hay encima de esta cantidad de plásticos. Y es que el problema no es solo la contaminación visual o la cantidad de microplásticos que pueden acabar en el mar, sino los polizones microscópicos que viajan en ellos.
El mundo microbiológico. Tal y como han apuntado dos recientes investigaciones lideradas por los científicos de la Universidad Autónoma de Madrid, se ha visto que los plásticos abandonados no son simple basura inerte; son vehículos perfectos para el desarrollo y la propagación de patógenos.
Y no hablamos de patógenos cualquiera, sino de bacterias que cuentan en su interior con genes de resistencia muy potentes contra los antibióticos. Un tema del que hemos hablado en numerosas ocasiones por el problema que supone para la salud pública y el reto de buscar nuevos medicamentos para acabar con las bacterias que ponen en jaque nuestra salud.
El primer estudio. Publicado en 2025 y con un objetivo muy claro por delante: analizar las muestras de plástico que se recogieron en tres puntos clave de El Ejido. Estos puntos concretamente fueron el interior de un invernadero, una zona de vertido de residuos y la reserva natural de Punta Entinas-Sabinar.
Al indagar en los plásticos recogidos, lo que pudieron ver fue una comunidad biológica compleja, lo que la ciencia denomina la "plastisfera".Al analizar los biofilms, que son las capas de microorganismos adheridas al plástico, los investigadores identificaron nada menos que 295 genes de resistencia a antibióticos de uso común, como tetraciclinas, macrólidos y beta-lactámicos.
El dato más alarmante. Tener una bacteria resistente a nuestras principales armas farmacológicas, la verdad es que es preocupante, pero el verdadero miedo llega cuando el equipo detecta 52 elementos genéticos móviles. Esto quiere decir que las bacterias utilizan el plástico como un punto de encuentro donde se comparten entre ellas los mecanismos de resistencia, haciendo que una bacteria que si pueda ser destruida con amoxicilina, al estar en este contacto se haga resistente. Es literalmente como si se estuvieran intercambiando cromos.
Cómo llegan. Estas bacterias acaban encima de los plásticos formando una biopelícula precisamente por las aguas de riesgo y los fertilizantes que a veces cuentan con trazas de antibióticos y microorganismos que acaban colonizando estas lonas. Y la realidad es que cuando un microorganismo no para de estar en contacto con un antibiótico, al final desarrolla los mecanismos para bloquear su efecto.
El segundo estudio. Si estos plásticos quedaran encerrados en una habitación, la verdad es que no generarían ningún problema, pero la ciencia ha puesto cifras a la preocupante movilidad de estos residuos.
Aquí la ciencia documenta cómo los polímeros agrícolas escapan de las explotaciones intensivas y se dispersan por el suelo, el agua, el aire e incluso la fauna de la zona. En la costa cercana, el equipo llegó a recoger 1.397 fragmentos de plástico, confirmando analíticamente que su composición coincide exactamente con los materiales utilizados en la agricultura local. Y lo peor de todo es que en todos estos fragmentos que acabaron en otro lugar, se detectaron microorganismos patógenos asociados.
La salud global. La propia OMS apunta a que la resistencia a los antibióticos es una de las mayores amenazas para la salud pública mundial. Hasta ahora, el foco estaba puesto en los hospitales y en el abuso de fármacos en la ganadería intensiva, pero ahora estos investigadores españoles han detectado un nuevo frente sobre el que se debería actuar.
Y no es para menos, puesto que los plásticos están actuando como reservorios de resistentes, que no solo incuban superbacterias, sino que también pueden ser transportadas por el viento y el agua que se encargan de esparcirlas por parajes naturales protegidos, ecosistemas acuáticos y cadenas tróficas.
Imágenes | Roger Casas-Alatriste CDC
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La noticia
El "mar de plástico" de Almería esconde una amenaza invisible: es una incubadora gigante de bacterias resistentes
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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