En 1945, Japón salió de la Segunda Guerra Mundial con una nueva Constitución que, en la práctica, le impedía volver a tener portaaviones ofensivos. Ocho décadas después, uno de sus mayores buques vuelve a prepararse para operar cazas de combate desde cubierta junto a los Marines estadounidenses.
Japón deja atrás sus límites históricos. Japón está entrando en una fase militar que durante décadas evitó describir abiertamente. El “Kaga”, oficialmente clasificado como destructor portahelicópteros, operará en junio cazas furtivos F-35B del Cuerpo de Marines estadounidense en ejercicios conjuntos que acercan definitivamente al país a una capacidad de portaaviones ligera.
El gesto es mucho más importante de lo que parece porque rompe una barrera política e histórica profundamente arraigada desde la Segunda Guerra Mundial: la idea de que Japón debía limitar estrictamente sus capacidades ofensivas. Tokio sigue evitando el término “portaaviones”, pero la realidad operativa empieza a parecerse cada vez más a una aviación embarcada clásica.
El Kaga y un regreso. La transformación del “Kaga” y de su gemelo “Izumo” lleva años en marcha, pero ahora entra en la fase verdaderamente decisiva: operar aviones de combate de quinta generación desde cubierta en condiciones reales. Los ejercicios previstos con los F-35B estadounidenses incluirán maniobras “cross-deck”, donde aeronaves de los Marines despegan y aterrizan desde un buque japonés.
Todo esto exige modificaciones profundas en la cubierta, resistencia térmica para soportar los aterrizajes verticales y nuevos procedimientos coordinados entre pilotos, marinos y personal técnico. Aunque Japón ha colocado los F-35B bajo control de su Fuerza Aérea y no de la Armada, la práctica acerca enormemente al país a disponer de pequeños portaaviones plenamente funcionales.
Un F-35B del Cuerpo de Marines de EEUU aterriza a bordo del Kaga durante ejercicios de entrenamiento en 2024
China y Corea del Norte detrás. El gran motor de esta transformación es el deterioro del entorno estratégico en el Indo-Pacífico. China multiplica su presión naval alrededor de Taiwán y el mar de China Oriental mientras Corea del Norte mantiene una capacidad constante de desestabilización militar. En ese contexto, Tokio necesita dispersar su capacidad aérea y reducir la dependencia de bases terrestres vulnerables.
Ahí entra el F-35B: un caza capaz de despegar en distancias muy cortas o aterrizar verticalmente desde cubiertas relativamente pequeñas. Para Japón, esto ofrece una flexibilidad enorme en un archipiélago repleto de islas y largas distancias marítimas. Cada buque convertido amplía el número de plataformas desde las que el país puede proyectar poder aéreo.
EEUU como acelerador. La implicación directa del Cuerpo de Marines estadounidense deja claro hasta qué punto Washington está actuando como acelerador de la transformación militar japonesa. Los Marines ya realizaron los primeros aterrizajes históricos sobre el “Izumo” en 2021 y desde entonces han acompañado prácticamente todas las fases del programa.
El “Kaga” incluso viajó a Estados Unidos para pruebas específicas con F-35B y ya ha operado junto a aeronaves británicas y estadounidenses vinculadas al portaaviones HMS “Prince of Wales”. Más que simples maniobras, estos ejercicios sirven para integrar doctrinas, logística y procedimientos aliados en un posible escenario de crisis regional.
El Indo-Pacífico se llena. El cambio también refleja una tendencia más amplia: la proliferación de portaaviones ligeros y buques capaces de operar F-35B en toda la red de aliados de Estados Unidos. Reino Unido, Italia, Corea del Sur y potencialmente España siguen caminos similares para mantener aviación embarcada sin necesidad de gigantescos superportaaviones nucleares.
El F-35B se ha convertido así en la pieza central de una nueva generación de marinas medianas capaces de proyectar poder aéreo desde plataformas relativamente compactas. Japón encaja perfectamente en ese modelo, especialmente en un escenario donde la guerra en el Pacífico podría obligar a dispersar aviones, municiones y combustible por múltiples puntos móviles.
La verdadera prueba empieza ahora. Hasta ahora, gran parte del programa japonés había sido todavía experimental o simbólico. La verdadera prueba empieza con operaciones regulares, despliegues largos y capacidad de sostener cazas furtivos en cubierta durante semanas. Ahí es donde se medirá si el “Kaga” deja definitivamente de ser un “destructor portahelicópteros” para convertirse, en la práctica, en un portaaviones ligero plenamente operativo.
Y también ahí se percibe el cambio más profundo: Japón está dejando atrás poco a poco la cultura militar defensiva de posguerra para adaptarse a un Indo-Pacífico cada vez más militarizado, competitivo e imprevisible.
Imagen | Hunini
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La noticia
El mayor tabú militar japonés tras la Segunda Guerra Mundial acaba de saltar por los aires. China y Corea del Norte tienen la culpa
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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